
Quiroz y la filosofía del ajuste: menos programas, posibles despidos y beneficiarios bajo sospecha
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El ministro de Hacienda se convirtió en el principal rostro político del Presupuesto 2027. En pocas horas reconoció que el ajuste de horas docentes puede provocar desvinculaciones, confirmó el fin de Yo Elijo Mi PC sin recordar la evaluación específica que justificó eliminarlo y anunció una revisión de la gratuidad universitaria a partir de casos que calificó de “sospechosos”. Más que una suma de polémicas comunicacionales, sus intervenciones empiezan a revelar el criterio con que el Gobierno pretende reorganizar el gasto social: mantener derechos definidos por ley, reducir programas considerados ineficientes y fiscalizar con mayor dureza a quienes reciben beneficios.
Jorge Quiroz dejó de ser esta semana solamente el ministro encargado de explicar las cifras del Presupuesto.
En apenas unas horas se convirtió también en quien comenzó a explicar, con una franqueza poco habitual, qué significa concretamente el ajuste fiscal que propone el Gobierno de José Antonio Kast.
Profesores que podrían perder sus puestos de trabajo. Un programa que durante 17 años entregó computadores a estudiantes y que quedará sin financiamiento. Y decenas de miles de beneficiarios de gratuidad universitaria que Hacienda quiere revisar porque considera llamativa la información que han entregado sobre sus hogares.
Los tres asuntos son diferentes. No forman parte de una misma política específica y tampoco puede concluirse que todos los beneficiarios de programas sociales estén bajo sospecha.
Pero juntos empiezan a dibujar una determinada concepción del gasto público.
El Gobierno ha señalado oficialmente que revisó 632 programas de 23 ministerios durante la elaboración del Presupuesto 2027 y que pretende concentrar los recursos en aquellos que considera efectivos. El gasto total crecerá apenas 1,5% real y La Moneda afirma que compatibilizará las prioridades sociales con la responsabilidad fiscal. Gobierno de Chile
La pregunta que comienza ahora es cómo se aplicará ese principio.
Profesores: garantizar educación no significa garantizar empleos
El primer conflicto surgió con la reducción de horas docentes contemplada en los Servicios Locales de Educación Pública.
Las estimaciones iniciales indicaban que la rebaja equivalía a unas 1.888 jornadas completas de 44 horas. Eso no significaba necesariamente igual cantidad de despidos, porque existen contratos parciales y las glosas establecen límites máximos.
Quiroz terminó despejando parte de la incógnita.
“Probablemente tengan que haber desvinculaciones”, reconoció.
Su argumento fue que el Estado debe garantizar el derecho de los estudiantes a educarse, pero eso no implica conservar todos los puestos existentes. También pidió no confundir el Ministerio de Educación con un “Ministerio de los profesores”.
La frase resume uno de los criterios centrales del nuevo presupuesto.
Para Hacienda, el empleo público no constituye por sí mismo una política social que deba preservarse. Si la matrícula disminuye o existe una dotación que el Gobierno considera sobredimensionada, la reducción de funcionarios puede ser presentada como parte de la eficiencia fiscal.
Es una posición que tendrá que confrontarse ahora con los criterios educativos, las normas de los SLEP y la respuesta del Colegio de Profesores, que ha cuestionado que Hacienda anticipe despidos antes de que los servicios realicen su planificación pedagógica.
La discusión no será solamente contable.
También deberá determinarse cuánto de la dotación docente responde a necesidades educativas y cuánto puede reducirse sin afectar esas necesidades.
Yo Elijo Mi PC: primero desaparece el financiamiento
El segundo caso fue más llamativo.
El proyecto de Presupuesto dejó sin recursos a las Becas TIC de Junaeb, continuidad del programa Yo Elijo Mi PC, iniciado en 2009.
Durante 2026, la política benefició a más de 96 mil escolares y contó con cerca de $35 mil millones. Si el Congreso aprueba el proyecto sin modificaciones, 2027 será el primer año en 17 años sin esta entrega de computadores.
El Gobierno sostiene que el programa no obtuvo buenos resultados y que no ha demostrado un impacto relevante en aprendizaje. Máximo Pavez defendió públicamente esa evaluación.
Pero cuando Quiroz fue consultado sobre el antecedente específico que justificaba eliminarlo, respondió que no recordaba esa evaluación en particular, aunque aseguró que “de seguro tenía hallazgos”.
Ahí aparece un problema que va más allá de la comunicación.
El Ejecutivo puede legítimamente revisar, fusionar o eliminar programas si cuenta con evidencia de que no cumplen sus objetivos. De hecho, la evaluación de políticas públicas forma parte normal de una administración responsable.
El problema político surge cuando la decisión presupuestaria aparece primero y la explicación detallada viene después.
La eliminación ha provocado además una reacción que cruza sectores políticos. Alcaldes como Sebastián Sichel y Miguel Concha pidieron mantener el beneficio; este último anunció que Peñalolén financiará computadores con recursos municipales si el programa desaparece. Parlamentarios de oposición y también figuras de derecha han cuestionado la decisión.
Eso sugiere que la discusión no quedará reducida a una disputa tradicional entre Gobierno y oposición.
La gratuidad y la “viveza”
El tercer episodio es probablemente el más revelador del lenguaje con que Hacienda está presentando el ajuste.
Quiroz anunció que el Gobierno pretende cruzar más información sobre quienes reciben gratuidad universitaria.
El ministro puso como ejemplo a cerca de 80 mil beneficiarios que declaran vivir solos, situación que calificó como al menos “sospechosa”. Explicó que Hacienda quiere verificar si en algunos casos existen declaraciones incompletas sobre la composición de los hogares.
Y agregó una expresión que rápidamente dominó la discusión: “la viveza del chileno la vamos a ir eliminando”. BioBioChile
Fiscalizar correctamente un beneficio financiado por el Estado es una atribución legítima.
Quien no cumple los requisitos no debería recibirlo.
Pero los 80 mil casos mencionados por el ministro no son 80 mil fraudes comprobados.
El dato, por ahora, identifica situaciones que el Ejecutivo considera necesario revisar.
Ese matiz es fundamental porque el lenguaje elegido convierte una señal estadística en una sospecha sobre el comportamiento de los beneficiarios antes de que las irregularidades hayan sido acreditadas.
La filosofía del ajuste comienza entonces a incorporar otro componente: no solamente revisar programas, sino también revisar a quienes los utilizan.
Del programa ineficiente al beneficiario sospechoso
Es aquí donde los tres episodios empiezan a relacionarse.
En el caso de los profesores, el criterio de Hacienda separa la prestación social del empleo necesario para entregarla.
En Yo Elijo Mi PC, la existencia histórica de un beneficio no constituye razón suficiente para mantenerlo si el Ejecutivo considera que no demuestra resultados.
Y en gratuidad, recibir una prestación financiada por el Estado no excluye una revisión más intensa de los antecedentes de quienes acceden a ella.
Por separado, ninguno de estos principios es extraordinario.
Todo gobierno revisa dotaciones, evalúa programas y fiscaliza beneficios.
Lo novedoso es la intensidad con que los tres criterios aparecen juntos en la primera Ley de Presupuestos de Kast y el modo en que el ministro encargado de Hacienda los está haciendo explícitos.
El Gobierno ha prometido proteger prestaciones legales como la PGU y la gratuidad. Al mismo tiempo, Kast ha anunciado que el Estado verificará que “cada peso” del gasto social llegue a quien corresponde. La revisión de 632 programas forma parte de esa estrategia. El País
Es, por tanto, más que una cuestión de estilo comunicacional.
Una determinada idea del Estado
Detrás de las declaraciones comienza a aparecer una discusión más profunda sobre qué Estado quiere construir el Gobierno.
Uno que mantiene los derechos consagrados legalmente, pero somete sus mecanismos de ejecución a una revisión permanente.
Uno en que la existencia de un programa durante años no garantiza su continuidad.
Uno en que las dotaciones públicas deben justificarse a partir de la demanda efectiva.
Y uno en que el acceso a beneficios será sometido a cruces de datos y controles más estrictos.
El Ejecutivo denomina a esto eficiencia y responsabilidad fiscal.
Sus críticos lo interpretan como un ajuste que empieza a trasladar costos hacia trabajadores públicos y beneficiarios de políticas sociales.
Será la discusión presupuestaria en el Congreso la que permita determinar cuánto de cada interpretación se refleja finalmente en la ley.
La marcha ocurrió antes, las explicaciones llegaron después
Hay además un elemento político difícil de ignorar.
La Confech, el Colegio de Profesores, la CUT y otras organizaciones se movilizaron el jueves contra posibles recortes en Educación.
Kast respondió que buena parte de la protesta había sido convocada antes de conocer en detalle el proyecto y cuestionó que se diera por hecho la existencia de reducciones que todavía no se habían explicado completamente. La marcha reunió a miles de personas y terminó además con incidentes y detenidos. El País
Horas después, sin embargo, fue el propio ministro de Hacienda quien confirmó algunos de los elementos que preocupaban a los manifestantes: eventuales despidos docentes y el fin del financiamiento para Yo Elijo Mi PC.
Eso no valida automáticamente todas las afirmaciones de quienes protestaron.
Pero sí demuestra que el conflicto no era enteramente hipotético.
Quiroz como rostro político
José Antonio Kast presentó el Presupuesto.
Pero Jorge Quiroz está comenzando a explicar su lógica.
Y en esas explicaciones aparece algo bastante más relevante que varias frases desafortunadas.
Aparece una política.
El objetivo gubernamental parece consistir en preservar los grandes beneficios legalmente garantizados, mientras se reducen dotaciones, se eliminan programas evaluados negativamente y se intensifica la fiscalización sobre quienes reciben transferencias o prestaciones.
Eso puede producir ahorro fiscal.
También puede producir conflictos.
Especialmente cuando el país enfrenta un desempleo de 9,6%, una actividad económica debilitada y una discusión social que acaba de regresar a las calles.
Por eso las declaraciones de Quiroz no deberían analizarse solamente como errores de comunicación.
Tal vez sean algo mucho más importante: la explicación más transparente que ha entregado hasta ahora el Gobierno sobre la filosofía que inspira su ajuste.
Simón del Valle
