
Entre cucarachas, golondrinas y borregos
Tiempo de lectura aprox: 1 minutos, 57 segundos
Mientras la poesía habla de las golondrinas, del sicomoro, donde se guarece el viandante si llueve a cántaros, o del naufragio del sol al atardecer, las cucarachas despliegan su contagiosa fetidez. Veamos. Hay entomólogos que aseguran que, si sobreviene la muerte en la tierra, y la existencia de la humanidad se extingue, estos insectos serán los únicos llamados a sobrevivir. ¿Razones? Las desconozco, aunque el tema me intriga. Averiguo a medias, movido por la apatía y aunque recurro a la Inteligencia Artificial, quedó en penumbras. Ni las hormigas, cuya laboriosidad admiramos, soportarán el fin de la vida en la tierra. Algunos detalles de esta próxima e inevitable hecatombe, asomada en el horizonte. Desaparecieron los dinosaurios, no el del genial cuento de Augusto Monterroso. Aún sobreviven las abejas, encargadas de la polinización, las cuales han empezado a disminuir. ¿Acaso es sinónimo del fin? Tanta desgracia, la cual se cierne sobre la humanidad, bien puede estar condenada al olvido, dirán algunos estudiosos. Quizá los borregos, sobrevivirán a la hecatombe, dirá usted, en el colmo de su desencanto con esta especie cuadrúpeda, desde siempre, aliada a la oligarquía. La destrucción del planeta tierra, no parece tan evidente, pese a los vaticinios de los agoreros, donde me encuentro. Sin embargo, dominado por un dejo de prudencia, que da la vejez y la lectura, no me atrevo a beber esa pócima fatalista. Infinidad de oportunidades he sido engañado. Que sean otros bípedos los encargados de vivir de espaldas a la realidad, mientras tragan mentiras.
Por sensatez, aunque dejé de serlo hace lustros, busco debajo del lavaplatos de la cocina, si hay cucarachas. Reviso los más secretos escondrijos, como quien busca una aguja en un pajar. No las encuentro, aunque esta observación la realizo al mediodía. Ni rastros de ellas. Quizá, a esa hora, andan de visita en las alcantarillas, su verdadero hogar. Otra vez pienso en los borregos y no dudo en su sabiduría para saberse acomodar en la sociedad. Quizá sean quienes más entienden de cucarachas. En las elecciones, sean de cualquier naturaleza, se inclinan por apoyar a sus enemigos de clase, y al cabo de unos meses, terminan desencantados de este nuevo engaño.
Tal vez, nada sepan del destino de las cucarachas, pues conviven con ellas. Si hilamos fino, como las talentosas tejedoras de Putaendo, en estas observaciones antojadizas, podríamos concluir, que son los borregos, quienes sobrevivirán a la hecatombe. ¿O se trata de una observación crítica y antojadiza, antes que nos amordacen? Todas las miradas se dirigen a su clemente causa. Sin ellos, el mundo del futuro sería una entelequia y aburrido como mirarse el ombligo. En estos meses de tragedias climáticas, se les ve gemir, rasgar las vestiduras y dirigir al cielo sus oraciones, mientras reconocen su ingenuidad. El llanterío atronador, entre rezos, es estridente. Mientras tanto, las cucarachas se ríen a gritos del intento de substituirlas. Entonces, oligarquía y cucarachas, vendrían a ser lo mismo, de acuerdo a este somero análisis. ¿O usted discrepa y se inclina por otra tesis?
Aun cuando sea tildado de gagá, las cucarachas tienen cierta belleza. Su estructura y color las convierten en un insecto extravagante. De ahí, que producen temor y fascinación. Las moscas, por ejemplo, son insectos fastidiosos. Si nos descuidamos se nos meten al plato de las sopas, a la hora de comer. Jamás he visto una cucaracha realizar este tipo de acoso. Admiro su prudencia, la cual demuestra, ocultándose a la luz del día. Ahora, que sobrevivan en la tierra, constituye una alerta.
Walter Garib
