
La economía cae en -1,4% en el tercer trimestre
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La actividad económica desestacionalizada registró una variación negativa de -1,4% en el tercer trimestre del año respecto al segundo trimestre, según el Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec, una aproximación temprana al Producto Interior Bruto) publicado el 2 de noviembre. La actualización de datos indica que en los dos primeros trimestres el indicador de actividad habría experimentado caídas de -0,4% y -0,1%. Con esto se encadenan tres trimestres seguidos de variación negativa de la actividad y se confirma que la economía se encuentra en una recesión, dada su duración, la caída en el empleo desestacionalizado desde julio y de las remuneraciones reales desde agosto.
Una caída de la producción en dos trimestres seguidos configura lo que se denomina convencionalmente una “recesión técnica”. No obstante, en Estados Unidos el National Bureau of Economic Research define una recesión como una caída significativa de la actividad económica que se extiende por toda la economía y dura más que unos pocos meses. Un comité evalúa tres criterios: cuán grande es la caída, cuán extendida está entre sectores y regiones y cuánto tiempo dura. Los criterios pueden compensarse entre sí. Por ejemplo, la recesión de 2020 duró solo dos meses, pero fue suficientemente profunda y generalizada como para ser clasificada como recesión. Se usan datos mensuales de ingreso personal real, empleo, gasto en consumo personal, ventas mayoristas y minoristas y producción industrial, además del PIB y el ingreso trimestral. El NBER fecha los ciclos solo de forma retrospectiva, entre 6 meses y más de un año después de que empezó la recesión, con datos revisados y concluyentes. La regla práctica más conocida y la que se usa en muchos otros países, pero que el NBER no aplica, es la de dos trimestres seguidos de PIB negativo. En el primer semestre de 2022, Estados Unidos tuvo dos trimestres negativos y el NBER no declaró recesión, porque el empleo y el consumo seguían fuertes. La regla de Claudia Sahm, por su parte, indica una recesión cuando el promedio móvil de 3 meses de la tasa de desempleo sube 0,5 puntos porcentuales o más sobre su mínimo de los 12 meses anteriores, la que históricamente ha sido una buena señal temprana en Estados Unidos.
En el registro de septiembre, la economía chilena experimentó un repunte gracias a un mejor comportamiento de la minería y el comercio y creció en 1,9% en términos desestacionalizados respecto al mes anterior, pero se habían constatado variaciones negativas de -1,8% en julio y -0,6% en agosto. Respecto a septiembre pasado, el Imacec aumentó en 0,2%.
El Imacec acumulado mostró en los primeros nueve meses de 2026 una variación de -0,4% respecto al mismo período del año anterior. Para evitar que el Imacec, y a la postre el PIB, registre una caída en el conjunto de 2026 respecto al año previo, la actividad de octubre a diciembre tendría que crecer poco más de 0,8% cada mes respecto al promedio de los primeros nueve meses de 2025. Si la actividad desestacionalizada permaneciera estancada durante el resto del año en el nivel de septiembre, el Imacec terminaría el año 2026 con una caída anual de -3,3%. Recordemos que el crecimiento del Producto Interior Bruto fue de 2,8% en 2024 y de 2,5% en 2025.
En términos sectoriales, en el tercer trimestre se produjo una variación, también desestacionalizada, de la producción minera de -11,7% y de la industria manufacturera de -0,3%, con un aumento del resto de la producción de bienes de 0,5%. El comercio creció en 0,9% y el resto de los servicios se contrajo en -0,2%, en línea en este último caso con el menor dinamismo de la masa salarial por la caída del empleo y el inicio de una caída de las remuneraciones reales en agosto, último dato disponible, que incide en el consumo, el prijcipal componente de la demanda agregada. El Imacec no minero aumentó en 0,1% en el trimestre, en contraste con la variación de -0,2% en los dos primeros trimestres del año.
Si se considera los tres trimestres ya registrados respecto al mismo período del año anterior, se constata también que la oferta sectorial ha sido afectada en el promedio (-0,4%) especialmente por la persistencia de números rojos en la minería (-7,4%). Los altos precios del cobre se combinan con una producción minera a la baja desde 2018, por menores leyes del mineral y, en los meses recientes, condiciones climáticas adversas. El registro acumulado del Imacec en 2026 mostró también disminuciones en la industria manufacturera (-0,5%) y en la agrupación “resto de bienes” (-0,1%), que incluye la construcción, las actividades agropecuario-silvícolas, la pesca, la electricidad, gas, agua y la gestión de desechos. No obstante, estas caídas fueron compensadas por crecimientos del comercio (2,2%) y del resto de los servicios (1,0%). Excluida la minería, la actividad económica creció en un 0,6% en los primeros nueve meses de 2026.
En materia de políticas que inciden en la coyuntura, la política fiscal mantiene un carácter contractivo desde el cambio de gobierno en marzo de 2026. El gasto del gobierno central aumentó en 3,5% en 2024 y en 3,6% en 2026. En septiembre, este gasto sumó un crecimiento de 1,2% real en los primeros nueve meses de 2026 respecto al mismo período del año anterior y de 2,3% en doce meses, como resultado combinado del alza del gasto corriente (3,1%) y la caída del gasto de capital (−11,7%). El gasto corriente mantiene una inercia, a pesar de los ajustes a la baja realizados por el gobierno, impulsado principalmente por prestaciones de salud, previsionales y gasto en personal. Dentro del gasto de capital, la inversión pública cayó en -20,7% , mientras las transferencias de capital aumentaron en 15,4%.
Paralelamente, los ingresos del Gobierno Central registraron un crecimiento de 6,8% hasta septiembre, con la minería privada aumentando en 37,9%. El resto de los contribuyentes aumentó varió en -0,4%, reflejando la baja actividad económica. Como resultado, el déficit fiscal acumulado en doce meses disminuyó a 1,8% del PIB en septiembre desde el 2,8% al cierre del primer trimestre (el déficit efectivo del año 2025 fue también de 2,8% del PIB), ayudado por el aumento de los ingresos fiscales de la minería y el menor crecimiento del gasto público.
Desde el punto de vista macroeconómico, un menor déficit fiscal y una caída de la inversión pública constituyen factores contractivos. La disminución de la inversión es particularmente relevante por sus efectos directos sobre la demanda y la actividad. La disminución de la inversión pública está siendo el principal impacto del ajuste fiscal promovido por las nuevas autoridades, con un efecto multiplicador a la baja significativo.
La tasa de interés de política monetaria (TPM) se mantiene, a su vez, en 4,5% desde diciembre de 2025, un nivel cercano a una tasa contractiva con el criterio actual de “tasa neutral” del Banco Central, es decir la que no aumenta ni disminuye la actividad. La última estimación del Banco Central es un rango de 3,75% a 4,75% nominal, con un punto medio de 4,25%, vigente desde diciembre de 2025. Actualmente, la TPM está 25 puntos por encima del nivel medio neutral. La estimación ha subido de 3,5% en 2022 a 4,0% en 2023 y ahora a 4,25%, reflejando una preferencia por mantener tasas de política monetaria elevadas, en una lógica de precaución frente a la inflación. No obstante, esta no está lejana a la meta de 3% anual en un horizonte de 24 meses, mientras se ha producido una recesión de la actividad que se prolonga y un considerable aumento del desempleo. La pasividad del Banco Central es explicada por su mandato, que no incluye, como en Estados Unidos y en alguna medida en la Unión Europea, preocuparse de la inflación y también del empleo.
Chile mantuvo un crecimiento promedio del Producto Interno Bruto (PIB) de 3,3% al años (1,9% en América Latina y el Caribe) entre 2010 y 2019 y de 2,1% al año entre 2019 y 2025 (1,7% en América Latina y el Caribe), en este último caso desde la etapa previa a la pandemia hasta la actualidad. Pero entre 2022 y 2025 Chile ha crecido a un 1,9% promedio anual, mientras América Latina y el Caribe lo ha hecho en 2,9% anual, según los datos del FMI, con un comportamiento comparativo de las economías más bajo por primera vez en décadas.
El caso previo más marcado es el de la caída del PIB de -13,6% en 1982 y de -2,8% en 1983. ALC también entró en recesión esos años, pero con menor intensidad: alrededor de −0,5% y −2,5%. Si se toma 1980 como base, el PIB acumulado de Chile estuvo por debajo del de ALC hasta cerca de 1987. Solo con el fuerte crecimiento de 1988–1989 (7,3% y 10,6%) Chile volvió a superar el promedio regional. De 1988 a 2021, Chile casi siempre creció más que ALC. Los años posteriores en que la región superó el crecimiento de Chile -por márgenes pequeños- fueron los de 1999, 2007–2008 y 2010, reflejando la tendencia chilena a provocar recesiones en medio de las crisis internacionales por sobreajustes fiscales y monetarios.
Así, los únicos períodos de varios años en que Chile creció menos que la región son la crisis de comienzos de los años 1980 y el período reciente (2022 en adelante). Si se mira además la proyección del FMI para 2026 (0,6% para Chile contra 2,3% para ALC), la brecha se amplía desde 2022 en detrimento de la economía chilena.
La secuencia es que luego de un crecimiento de 2%de la gran caída por la pandemia en 2020 (-6,1%), el PIB creció considerablemente en 2021 (11,3%), fruto de la fuerte expansión de la demanda interna por los retiros desde los fondos de pensiones y el aumento del déficit fiscal. Esta expansión fue frenada en 2022 mediante un sobreajuste con una mezcla de política monetaria (llevando la tasa de interés a 11,25%) y fiscal (con una baja de más de un quinto del gasto público) altamente restrictiva. La perspectiva fue atacar una inflación de costos que tuvo un origen primordialmente externo y un exceso de demanda que no era permanente. Esto se tradujo con rapidez en una recesión en la segunda parte de 2022, seguida de un rebote en 2023 y en parte de 2024, gracias a un mayor gasto fiscal y una cierta relajación de la política monetaria, que operó con programas de crédito subsidiado a las pymes, junto a oscilaciones en 2025 que prefiguraban una perspectiva difícil para el año siguiente. No obstante, en ambos años hubo un crecimiento promedio cercano al potencial estimado de la economía.
En cambio, se ha producido una variación de la actividad de -0,4% en los tres primeros trimestres de 2026, con perspectivas de recuperación inciertas. Esto se vincula a una política económica que ha provocado un decaimiento del consumo de los hogares (entre otras cosas trasladando bruscamente a los usuarios los incrementos internacionales de los precios de los combustibles), un menor crecimiento del gasto público corriente y una caída de la inversión pública, solo en parte contrarrestados por buenos precios de los principales productos de exportación sobre los que el país no tiene ningún control.
Gonzalo Martner


