
Esperemos, pues, que en el Congreso chileno prime finalmente el respeto irrestricto de la vida humana; conjuntamente, con el respeto también irrestricto de la muy noble profesión médica y del conjunto de los profesionales de la salud, cuyo noble compromiso ha sido siempre contribuir a la salud y al alivio del sufrimiento de todas las personas, y nunca a su muerte.












