
Kast toca mínimos: cae en las encuestas y el Gobierno pierde el control de su agenda
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Data Influye sitúa la aprobación presidencial en apenas 25% y la del Gobierno en 24%, mientras Criteria había dejado días antes al mandatario en 29%. El deterioro coincide con una ciudadanía pesimista sobre economía y empleo y con nuevos tropiezos parlamentarios. El último resulta especialmente incómodo para La Moneda: perdió por un voto una reforma migratoria central para su programa mientras parlamentarios oficialistas acompañaban al Presidente en Nueva York.
A seis meses de haber llegado a La Moneda, José Antonio Kast vuelve a tocar mínimos en las encuestas. Esta vez es Data Influye, de la consultora TúInfluyes, la que registra una fuerte caída de la evaluación presidencial: solo 25% aprueba la forma en que conduce el Gobierno y 62% la desaprueba.
La caída respecto de agosto es de once puntos. La evaluación del Gobierno resulta incluso ligeramente inferior: apenas 24% lo aprueba y 61% lo desaprueba.
La cifra debe leerse con una precaución metodológica. Data Influye realizó 1.216 entrevistas mediante un panel online no probabilístico entre el 17 y el 21 de septiembre. La comparación más adecuada es, por tanto, con las mediciones anteriores de la propia encuesta y no directamente con los porcentajes de otros estudios.
Pero ocurre que otros sondeos, con sus propias metodologías, están describiendo una dirección semejante.
Criteria había situado el 20 de septiembre la aprobación de Kast en 29%, dos puntos menos que la semana anterior, mientras la desaprobación subió cuatro puntos hasta 59%. También era el peor registro presidencial obtenido hasta entonces en la serie de Criteria desde la llegada del mandatario a La Moneda.
Dos instrumentos diferentes están mostrando así algo más relevante que una fotografía aislada: Kast se encuentra en la zona más baja de aprobación registrada por ambas encuestas durante sus primeros seis meses de mandato.
El problema ya no es solamente Kast
Los números de Data Influye son especialmente adversos porque el deterioro alcanza al conjunto de la administración.
Si 25% aprueba al Presidente, solo 24% aprueba al Gobierno.
Y los datos económicos ayudan a comprender dónde se encuentra una parte importante del malestar.
Un 45% califica su propia situación económica como mala o muy mala y apenas 13% como buena o muy buena. El 69% cree que la recuperación económica tardará más de dos años.
Para el conjunto de 2026, 43% piensa que la economía decaerá y 36% que se estancará. Solo 21% espera que progrese.
Cuando Data Influye pregunta por áreas específicas de la gestión, 58% percibe retroceso en crecimiento económico y empleo y 56% en inflación y costo de la vida.
El dato coincide con una tendencia que ya venían registrando otros estudios durante septiembre: el problema económico comienza a trasladarse desde las estadísticas hacia la experiencia cotidiana y las expectativas de los hogares.
El Gobierno llegó prometiendo crecimiento, inversión, empleo y recuperación de los ingresos. Seis meses después, una mayoría de los consultados por Data Influye percibe precisamente un retroceso en crecimiento y empleo.
No es un problema menor para una administración que hizo de la reactivación económica una de las principales justificaciones de su programa.
Una paradoja: Kast cae y la oposición tampoco convence
Pero Data Influye contiene también una advertencia para quienes quieran interpretar mecánicamente la caída presidencial como un fortalecimiento de la oposición.
No ocurre así.
Solo 21% aprueba la forma en que la oposición está desarrollando su labor y 46% la desaprueba. Cuando se pregunta qué sector la representa mejor, la primera respuesta, con 37%, es “ninguno”. Después aparecen el Frente Amplio con 21%, el Partido Comunista con 17% y el Partido Socialista con 11%.
El deterioro del Gobierno, por tanto, no está produciendo automáticamente una transferencia de apoyo hacia sus adversarios.
Algo semejante ocurre dentro del oficialismo.
El 45% identifica al Partido Republicano como el referente más leal al Presidente, pero 35% responde “ninguno”. UDI y RN obtienen apenas 3% cada una en esa pregunta.
Es una fotografía particularmente interesante de la coalición gobernante: Kast conserva un núcleo político claramente identificado con Republicanos, pero sus socios aparecen muy debilitados como referentes del proyecto presidencial.
Y esa fragilidad comienza a observarse también donde más importa para gobernar: el Congreso.
Perder por un voto
El último episodio ocurrió este martes.
La Cámara rechazó la reforma constitucional impulsada por el Ejecutivo para ampliar hasta 30 días el período durante el cual puede mantenerse detenida a una persona extranjera con una orden de expulsión administrativa.
La propuesta obtuvo 88 votos a favor, 28 en contra y 19 abstenciones.
Necesitaba 89.
El Gobierno perdió por un voto.
Sería posible explicar la derrota únicamente por la oposición del Frente Amplio, el Partido Comunista y otros parlamentarios. Y esa ha sido parte de la reacción del Ejecutivo.
Pero los antecedentes muestran un cuadro bastante más complejo.
Algunos diputados que habían manifestado inicialmente su disposición a respaldar la iniciativa terminaron absteniéndose o sin votar. El PDG también se abstuvo mayoritariamente, en medio de molestias con el Ejecutivo. Y desde sectores de la propia derecha surgieron críticas a la coordinación política del Gobierno.
La diputada del Partido Nacional Libertario Paulina Muñoz fue explícita: atribuyó responsabilidad al Gobierno y sostuvo que perder una norma de esa importancia por un voto evidenciaba falta de coordinación o un exceso de confianza en que los respaldos estaban asegurados.
Dos republicanos estaban en Nueva York
Pero existe un detalle todavía más incómodo para La Moneda.
Los diputados republicanos Felipe Ross y Stephan Schubert se encontraban fuera del país acompañando al Presidente Kast en su viaje a Naciones Unidas.
Sus permisos constitucionales no fueron tramitados correctamente a tiempo para que sus ausencias permitieran rebajar el quórum necesario para aprobar la reforma. También estaba ausente el presidente de la UDI, Guillermo Ramírez, integrante de la comitiva presidencial.
El episodio provocó recriminaciones entre Republicanos, la Cámara y la Secretaría General de la Presidencia.
Y adquiere una dimensión política difícil de ignorar.
El Gobierno perdió por un voto una reforma destinada a endurecer la política migratoria —uno de los ejes centrales del programa que llevó a Kast a La Moneda— mientras parlamentarios de su propio sector se encontraban acompañándolo en Nueva York.
El problema, por tanto, no fue únicamente que la oposición rechazara la iniciativa.
El Gobierno tampoco consiguió administrar correctamente su propia mayoría potencial.
Cuatro tropiezos en seis meses
El episodio no es aislado.
La Tercera contabiliza cuatro traspiés legislativos importantes vinculados a la coordinación de la Segpres durante los poco más de seis meses del actual Gobierno.
El primero ocurrió en mayo, cuando ausencias del oficialismo contribuyeron a frustrar una iniciativa que pretendía modificar el quórum necesario para revertir declaraciones de inadmisibilidad en la Cámara.
Después llegó la megarreforma económica. El Ejecutivo debió frenar una votación en el Senado al comprobar que no disponía de los 26 respaldos necesarios, en un episodio donde nuevamente apareció una ausencia parlamentaria que no había sido advertida oportunamente por la coordinación legislativa.
Luego vino Sala Cuna Universal.
El Gobierno perdió en el Senado su fórmula de financiamiento al no alcanzar el quórum requerido. Una ausencia volvió a resultar decisiva y, paralelamente, la oposición consiguió aprobar una indicación que convirtió a los niños y niñas menores de dos años en titulares del derecho a sala cuna, pese a la resistencia del Ejecutivo.
Fue entonces cuando un micrófono abierto registró al ministro del Trabajo, Tomás Rau, reaccionando con una frase que terminó convirtiéndose involuntariamente en una síntesis del momento: “Qué desastre”.
Ahora llega el cuarto episodio: la reforma migratoria perdida por un solo voto.
Tener votos no es lo mismo que saber gobernarlos
La sucesión comienza a plantear un problema político más profundo.
El Gobierno no posee una mayoría parlamentaria propia y, por tanto, necesita negociar. Eso no constituye ninguna anomalía en el sistema político chileno contemporáneo.
Lo relevante es otra cosa: algunas de estas derrotas no pueden explicarse exclusivamente por la correlación de fuerzas entre oficialismo y oposición.
Han intervenido ausencias, permisos mal tramitados, votos que se daban por seguros y finalmente no estuvieron, dificultades para mantener acuerdos construidos en comisión y recriminaciones entre los propios sectores que respaldan al Ejecutivo.
La política parlamentaria no consiste solamente en presentar proyectos. Consiste en construir mayorías, negociar indicaciones, conocer hasta el último voto disponible y garantizar que los parlamentarios propios estén presentes cuando llega el momento de votar.
Es precisamente allí donde comienza a aparecer una grieta entre el discurso de autoridad del Gobierno y su capacidad efectiva para ordenar políticamente a sus fuerzas.
Kast habla desde Nueva York mientras La Moneda pierde en Santiago
La coincidencia temporal resulta particularmente expresiva.
Mientras Kast desarrollaba su primera visita presidencial a Naciones Unidas y buscaba proyectar internacionalmente una imagen de liderazgo, en Santiago su Gobierno sufría una derrota parlamentaria en uno de los asuntos que más ha identificado al propio Presidente: inmigración y seguridad.
Desde Estados Unidos, Kast reaccionó diciendo que “hoy perdió Chile” y abrió la posibilidad de insistir con el proyecto en el Senado. El Gobierno confirmó posteriormente que utilizará esa vía, aunque para reactivar la iniciativa necesitará el respaldo de dos tercios de los senadores presentes.
La frase presidencial desplaza la responsabilidad hacia quienes rechazaron el proyecto.
Pero deja sin resolver otra pregunta: ¿cómo puede una iniciativa prioritaria para La Moneda caer por un voto sin que el Ejecutivo haya asegurado previamente todos los respaldos disponibles en sus propias filas y entre los parlamentarios con quienes había negociado?
Una encuesta que todavía no vio Nueva York
Existe además un detalle fundamental para interpretar Data Influye.
Las entrevistas fueron realizadas entre el 17 y el 21 de septiembre.
Por tanto, los encuestados todavía no habían conocido lo que ocurrió después en Nueva York.
El 22 de septiembre, Chile anunció oficialmente su adhesión al Escudo de las Américas, iniciativa impulsada por Estados Unidos para coordinar acciones contra organizaciones criminales transnacionales. Cancillería sostiene que la participación permitirá acceder a información, análisis de inteligencia, capacitación y mayor coordinación regional, y enfatiza que cada Estado actuará de acuerdo con sus obligaciones legales nacionales e internacionales.
La decisión ha generado debate político sobre sus alcances. El exembajador ante la OEA Darío Paya (ex UDI) la defendió como una medida de cooperación de sentido común, mientras dirigentes opositores han cuestionado el contexto y sus eventuales implicancias para la autonomía de la política exterior chilena.
Kast participó además en la Asamblea General de Naciones Unidas y sostuvo reuniones bilaterales con el primer ministro canadiense Mark Carney y el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, entre otras actividades diplomáticas.
Ninguno de esos acontecimientos forma parte de la evaluación registrada por Data Influye.
Su eventual efecto —positivo, negativo o neutro— solo podrá observarse en mediciones posteriores.
Del problema económico al problema político
Pero incluso antes de Nueva York, la fotografía resulta severa.
Data Influye registra 25% de aprobación presidencial y 24% para el Gobierno. Criteria había marcado 29%. El 58% de los consultados por Data Influye percibe retroceso en crecimiento y empleo y 56% en inflación y costo de vida.
Y ahora aparece una segunda dimensión.
La dificultad ya no consiste solamente en que una parte importante de la ciudadanía considere que la economía funciona mal.
El Gobierno comienza también a mostrar problemas para transformar su programa en decisiones legislativas.
Eso importa especialmente en el caso de Kast porque buena parte de su propuesta política estuvo construida alrededor de conceptos como orden, autoridad, decisión y capacidad ejecutiva.
Un gobierno puede atribuir un proyecto rechazado a una mayoría opositora.
Resulta más difícil hacerlo cuando pierde por un voto, existen ausencias dentro de sus propias filas y la derrota provoca recriminaciones entre los partidos oficialistas y el ministerio encargado precisamente de ordenar la relación con el Congreso.
El desgaste de la promesa de orden
A seis meses de gobierno, Kast todavía dispone de tiempo político y conserva capacidad para impulsar su agenda. La oposición, además, tampoco logra capitalizar claramente el deterioro: Data Influye le entrega apenas 21% de aprobación.
Ese dato impide describir el escenario como un simple desplazamiento de respaldo desde el Gobierno hacia la izquierda.
Lo que parece estar ocurriendo es más complejo.
Crece la insatisfacción con el Ejecutivo sin que exista todavía un referente opositor capaz de absorberla.
Pero para La Moneda hay una señal adicional.
La promesa de orden que acompañó a Kast durante la campaña comienza a enfrentarse con la experiencia cotidiana del ejercicio del poder: negociaciones fallidas, mayorías que no se materializan, parlamentarios ausentes y proyectos prioritarios que se caen por un voto.
El contraste entre imagen y gestión puede terminar siendo políticamente más importante que cualquiera de estos episodios por separado.
Data Influye todavía no registra el viaje a Estados Unidos, el discurso ante Naciones Unidas ni la incorporación de Chile al Escudo de las Américas.
Lo que sí registra es el estado en que Kast llegó a Nueva York: 25% de aprobación presidencial, 24% de respaldo a su Gobierno y una ciudadanía mayoritariamente pesimista sobre la economía.
Y mientras el Presidente intentaba proyectar desde Naciones Unidas la imagen de un Chile nuevamente protagonista, en Santiago su coalición acababa de descubrir que le faltaba exactamente un voto para aprobar una de las reformas que mejor representaban su programa.
La próxima encuesta permitirá saber cómo recibió la ciudadanía lo ocurrido en Nueva York.
Por ahora, los datos permiten afirmar algo más limitado pero igualmente significativo: el Gobierno enfrenta simultáneamente bajos niveles de aprobación, pesimismo económico y dificultades para ordenar políticamente los votos necesarios para avanzar con su propia agenda.
