Si tradicionalmente Chile acostumbraba a estar dividido en tres tercios ideológicos, también se puede comprobar esta vez que son muchos los que no quieren transparentar sus intenciones de voto.
Ojalá que en la memoria de la humanidad no se borren nunca esas espeluznantes imágenes de la destrucción de Gaza y de los padecimientos de su población.
Pocas elecciones en Chile habían despertado tan bajo entusiasmo popular. Pese a sus ocho candidatos presidenciales y a los centenares de postulantes a las dos ramas del Congreso Nacional pareciera que, de no ser obligatorio el sufragio, muy pocos ciudadanos se animarían a participar de estos comicios de noviembre y diciembre próximos.
Lo que predomina en electorado, nuevamente, es un sentimiento de severa desconfianza respecto de la política, después de que el último gobernante frustrara la esperanza de millones de jóvenes de izquierda para terminar comprobando que no hubo diferencia entre la gestión de Boric y la de sus antecesores de la post dictadura.
Tanta insensatez de Trump, lo que explica es lo advertido por el presidente colombiano, Gustavo Petro, en cuanto a que estamos ante las primeras manifestaciones de la decadencia y caída de un nuevo imperio en la historia de la Humanidad. Poderío que posiblemente se extinga, sin embargo, pegando sus últimos y letales manotazos.
Temo que esta columna no sea del agrado de muchos de mis lectores. Sin embargo, creo indispensable referirme a uno de los mayores despropósitos contra el estado general de la salud de los chilenos como son las celebraciones en el día de la Patria.
A pocos meses de un cambio de gobierno ya no tienen posibilidad las expresiones vanguardistas de atacar la lacra de la inseguridad resolviendo la injusticia, mitigando la pobreza y la flagrante inequidad social y cultural.
Pero lo que más irrita es que se denominen periodistas quienes a diario manifiestan su obsecuente actitud y desinformación. Su completa falta de independencia y, repetimos, incompetencia.
Veinte son las colectividades que tienen representación en el Congreso Nacional, muchos de ellos no por el voto ciudadano, sino por sus continuas divisiones.