Estamos asistiendo a una crisis del capitalismo que necesariamente tendrá efectos en toda la humanidad porque la probabilidad más alta es que se resuelva a los tiros. O a misiles y drones.
Lo que arde en el sur y deja destrucción, muerte y pobreza, se llama neoliberalismo en su más dramático e inhumano esplendor. Y es también esa cultura la que infecta las aguas australes y mata formas de vida únicas en el planeta; la que extrae minerales del subsuelo del territorio y a su paso deja sequedad, miseria y venenos a flor de tierra
En suma, la izquierda, esa marginal y despreciada, esa que sirve para el disfraz y la manipulación, la perseguida desde nación, la que se desvela por un país mejor, la que sigue contando sus muertos, desparecidos y torturados, sigue viva en un formato que es invisible para quien acostumbró su vista a lo que ofrece y obliga la cultura dominante.
La mala noticia para esta gente es que esos malabares que intentan para la manipulación y el acomodo se llama cobardía aquí y en la quebrada del ají. Se llama falacia, oportunismo, inconsecuencia y ausencia de valores reales. Y es el mejor aliado de los enemigos de los pueblos.
Es legítimo preguntarse si Boric tiene alguna idea del alcance dramáticamente histórico de su gestión que termina con la ultraderecha criminal caminando sobre la alfombra de los honores republicanos.
De ganar la ultraderecha, el legado más trascendente que dejará el actual gobierno será la entronización de un sector de la sociedad que en breve derrumbará todo aquello que Boric y su gente relevaron como insuperables políticas públicas que pusieron justicia ahí donde no la hubo en treinta años.
La idea de que se entronice en el poder político la ultraderecha más abyecta de cuantas es posible, es el temor de gentes incluso cercanas a la candidata Jara. Resulta de un candor suicida escuchar a voceros de la candidata decir que quedan diez días para remontar los pronósticos. Y de una ingenuidad exuberante la decisión de ponerse rudos frente a la ultraderecha en
La herencia más nefasta y peligrosa que deja la gestión de Gabriel Boric es el empuje que logró la ultraderecha durante su mandato. Esa gente huele el miedo. Por convicción, economía y religión, como todo depredador, la ultraderecha de toda latitud se excita ante una presa aterrorizada.
Las razones de fondo por las cuales se entroniza la derecha más cruel del continente, lo que ya es mucho, se remontan a aquellos lejanos pero cercanos días cuando se dio por iniciada la transición democrática que jamás fue.
La mentira ha pasado de ser el noveno pecado a un dispositivo cuya mejor expresión la tiene al momento en que los poderosos necesitan controlar las acciones de la gente silvestre