El arrollador triunfo de Jara revela el agotamiento de una política que administró sin transformar. Su desafío no es solo convocar al progresismo, sino convertir dignidad en poder real sin repetir las frustraciones del pasado.
El 5 de diciembre de 2019 denunciamos en la Superintendencia de Medio Ambiente (SMA) que los dueños de los proyectos Chaguay en la comuna de Lo Barnechea y La Cumbre Oriente, Guay Guay y Mirador Pie Andino en la comuna de Colina, estaban ejecutando ciertas obras preparatorias en sus propios terrenos.
Las elecciones primarias consistieron en una competencia entre afines y miembros de la coalición oficialista, comprometidos todos a adherir después a la candidatura ganadora, pero este objetivo se apreció desde un comienzo muy difícil de alcanzar. Porque, así sea que ahora los candidatos derrotados honren su palabra, ya sabemos que entre sus adherentes se hará muy difícil
El triunfo de Jeannette Jara no solo redibuja el mapa político chileno: lo incendia con dignidad popular y deja a la vieja moderación buscando manuales que ya nadie lee.
Ante este ominoso panorama, que se dibujó en la Guerra de los Doce Días, ¡háganme el favor!, se impone reflexionar, aunque parezca que lo hacemos en el vacío, y empezar por reconocer nuestros enormes vacíos, omisiones y abusos, en que incurrimos en los años fútiles de la euforia globalista.
La izquierda chilena ya no está sorprendida, simplemente convencida. Jeannette Jara acaba de demostrar –otra vez– que su irrupción en la conversación pública no fue un acto de prestidigitación, sino el fruto lógico de años de tozudez social empujando hacia el centro. No hay “sorpresa” cuando la lógica de fondo es más fuerte que la pantalla mediática.
Yo ya no quería saber nada más sobre Gaza. Porque cada día es lo mismo: muertos y más muertos, especialmente niños pequeños, envueltos en sudarios blancos en brazos de madres y padres sin esperanzas.
El mayor riesgo que enfrenta la democracia es el debilitamiento del capital social: los lazos que conectan a las personas en redes de confianza y cooperación.
El mundo que conocimos está llegando a su fin. Antes de que otro pueda nacer, estaremos atravesando un caos sistémico que durará décadas. Sólo la organización colectiva puede alumbrar ese futuro.
La llegada del invierno está asociada a las difíciles condiciones de vida de las clases populares olvidadas, indefensas y desprotegidas, que hacen malabares para sobrevivir, cuya crítica situación se agudiza en esta época del año y que ahora tienen por delante semanas y meses de lluvia y de frío que muchas veces traen lamentables consecuencias.