
No alcanza con oponerse a los monstruos, sin tener una política alternativa a eso que se ha dado en llamar el “mal menor”. Para una niña de Gaza, de Siria, de una comunidad campesina de Guerrero o Chiapas, no hay tal “mal menor” porque no existe diferencia de fondo entre un Trump y un Biden. Cada quien puede encontrar en su entorno los nombres que encarnan a uno y a otro.














