
Mientras no hay duda de que Estados Unidos en tanto potencia imperial en algún momento va a colapsar—queda por verse si ello será abrupto, incluso violento o si más bien será una lenta transición a la irrelevancia como sucedió con el imperio francés o el británico—tampoco hay que autoengañarse con la ilusoria esperanza de que muy luego vamos a ver pasar por la calle el













