Mientras exista un país que no entregue completamente su capacidad de decidir, la historia no está clausurada. Mientras un pueblo cierre filas frente al asedio en lugar de rendirse al dictado externo, el horizonte permanece abierto.
La Casa de Amistad con los Pueblos y Solidaridad con Cuba de Valparaíso convocó ayer martes 17 de febrero a un mitin en la Plaza Victoria para “denunciar el bloqueo criminal que realiza Estados unidos a Cuba desde hace seis décadas y que se ha intensificado en las últimas semanas bajo el gobierno de Trump buscando asfixiar económicamente a la isla”.
El gobierno español, a través del ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, se comprometió a enviar ayuda humanitaria a Cuba “tras el endurecimiento del embargo” emprendido por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
No son las cifras. Seguramente los datos muestran un derrumbe en su economía y el cansancio de un pueblo que se niega a torcer el brazo, a pesar del estrangulamiento y acoso al que es sometido desde el triunfo de la revolución. No hay duda de la responsabilidad de sus dirigentes y organizaciones populares a la hora de evaluar errores, y reconocer fracasos.
Más artistas, entre ellos Jane Fonda, Ed Harris, Indya Moore, Tatiana Maslany, así como los músicos Silvio Rodríguez, Roger Waters se sumaron a la iniciativa titulada “Llamado a la Conciencia. ¡Dejen a Cuba vivir!” para exigir el fin de las asfixiantes medidas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra Cuba.
En el exclusivo barrio diplomático de Siboney, en La Habana, embajadores de países históricamente aliados a Estados Unidos expresan creciente frustración ante la estrategia de Washington para forzar un cambio de régimen en Cuba. Al mismo tiempo, varios de ellos ya elaboran planes para reducir sus misiones o incluso abandonar la isla si la situación se deteriora aún más.
La decisión del gobierno de Gabriel Boric de enviar ayuda humanitaria a Cuba abrió un frente inesperado, pero no inédito, en la ya compleja relación entre América Latina y sectores duros del Partido Republicano en Estados Unidos. Lo que comenzó como un anuncio del canciller Alberto van Klaveren terminó escalando en cuestión de horas a una acusación directa desde el
Cuba es uno de los mejores ejemplos para probar la inhumanidad del capitalismo, su egoísmo intrínseco, su criminal doctrina que devasta la tierra y pone al ser humano al borde de su extinción, un orden que, a su paso, ha dejado un reguero de muerte, destrucción, locura y sufrimiento.
La actitud política de no distinguir entre el derecho a la autodeterminación en Cuba y América Latina y el Caribe frente a Estados Unidos (y de paso en Canadá y Groenlandia) y el apoyo a un régimen autoritario y represivo también debilita el rechazo en Chile al intervencionismo de Estados Unidos contra Cuba. Este no tiene otra motivación que un afán imperial de extensión
En un continente marcado por memorias de bloqueos, crisis y exclusión, la respuesta a la emergencia cubana no es solo un asunto de política exterior, sino de responsabilidad ética y regional. Garantizar combustible para hospitales, transporte de alimentos y servicios básicos no es un gesto ideológico, sino un imperativo humanitario que interpela a toda la comunidad