Crónicas de un país anormal

La Investidura de Pedro Sánchez: las izquierdas y las derechas

En la sesión de Investidura, que tuvo lugar el 7 de enero, penaron los fantasmas de Francisco Franco y Manuel Azaña, (el primero, el dictador criminal y asesino, y el segundo, el gran líder de la República española). En el mismo momento en que Pedro Sánchez citó a Azaña rugió la derecha fascista desde sus bancos: hoy, distinguir la derecha del Partido Popular, que lidera Pablo Casado, del Partido Vox, de Abascal es, en la práctica, imposible, pues el PP cada día se asemeja más a los seguidores de Franco, de Vox. El hecho de la desaparición del centro político, del Partido Ciudadanos, hace que el partido más extremo de la derecha termine por hegemonizar este bloque político, que ahora le corresponde al Vox. (El Partido Ciudadanos, de Inés Arrimada, ya no suena ni truena).

 

En las derechas españolas a partir de 1936 era difícil diferenciar entre la CEDA, de José María Gil Robles, los falangistas, de José Antonio Primo de Rivera, los monárquicos, de Calvo Sotelo e, incluso, los carlistas, de Navarra, todos formaban parte de las derechas españolas, que fueron absorbidas por el General Franco.

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En el bando republicano, por el contrario, las disputas se hacían interminables entre Indalecio Prieto, Julián Basteiro, Francisco Largo Caballero, del PSOE; por otro lado, los anarquistas y los trotskistas del POUM, estos últimos, quienes luego de colaborar con los comunistas, en Barcelona, terminaron en una cuasi guerra civil con los estalinistas.

En 1931, la frase de Manuel Azaña “España ha dejado de ser católica”, en plena quema de iglesias y de colegios católicos, hizo fama. A este líder se debe el intento de reducir el exceso de generales que imperaban en el ejército español. (En todos los países del mundo los militares son catalogados como la peor peste que una nación pueda padecer).

El parlamentarismo es el único sistema político relativamente democrático. Durante estos últimos días hemos comprobado que el presidencialismo y el semipresidencialismo terminan convirtiéndose en la exaltación de una figura monárquica en la cual los contrapesos no tienen ninguna importancia.

Con la desaparición de la hegemonía PSOE y el PP, por lógica el sistema político tendrá que fraccionarse, en consecuencia, la formación de gobiernos mayoritarios de un solo partido es prácticamente imposible, además, el ADN de la raza ibérica hace muy difícil las combinaciones y alianzas. Baste recordar frases como “cuando es no, es no “; “es que no me da la gana de morirme” y otras tantas expresiones de tozudez.

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El tema de las nacionalidades en el caso de España se considera ad aeternum e insoluble, por ejemplo, los catalanes no aceptarán jamás la hegemonía de Castilla y Aragón, salvo que las armas los obliguen a someterse; lo mismo ocurría con los vascos cuando entendieron que era mejor hacer negocios con el Estado español que seguir combatiendo a través de la ETA, (no en vano la clase rectora chilena es vasca, e introdujo un dictador ´Pinochet´ para asegurar la continuidad de los negocios, pero adoptó el Árbol de Guernica de la libertad cuando las armas fueron innecesarias).

Los borbones, una familia degenerada, ha tenido en su seno todo tipo de personajes, un felón como Frenando VII, una ninfómana, Isabel II, un autoritario y superficial, Alfonso XIII, un romántico, Alfonso XII, (para desgracia de la humanidad escapó del atentado anarquista), un retardado mental, Juan Carlos I, (dedicado a la caza y a los negociados), y en el debate del martes último, el monarca actual, Felipe VI, salió al ruedo cuando la representante del Partido Bildu, asociado a la  ex ETA, según la derecha, lo acusó de inútil, incapaz y asociado a la derecha. Una diputada de la Izquierda Republicana Catalana dijo que no le importaba el rey y, mucho menos, darle gobierno a España, incluso, Pablo Iglesias, de Podemos, defendió al rey sosteniendo que su figura se salvaba por no estar entregado abiertamente a la derecha.

La alianza entre el PSOE y Podemos, además de la abstención de los cinco diputados de Bildu y de los 13 de la Izquierda Catalana, permitieron la elección de Pedro Sánchez como Presidente del Gobierno, por 167 votos a favor y 165 en contra, más 18 abstenciones.

España y Portugal son ahora los dos gobiernos de izquierda de Europa producto, en ambos casos, de una amplia alianza política.

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El gobierno encabezado por Sánchez está obligado a honrar su palabra en un pacto con la Izquierda Republicana Catalana que supone un   referéndum en Cataluña.

La derecha fascista española – no hay nada más repugnante que un ultraderechista hablando español – está decidida a hacer lo humanamente imposible para destruir la legislatura, y nadie le puede sacar de su cabezota que el Partido Podemos es comunista y come-guaguas.

Ver Manuel Azaña La velada en Benicarló

El jardín de los frailes

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Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

08/01/2020

 

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  1. Pues que si me permite don Rafa, jodér…
    Que yo digo que sabe a jabón, pero es queso!
    Y si prefiere que utilice una expresión de las que usa la colonia chilena:
    El gobierno de Sánchez durará lo que un pedo en un canasto!
    Por la Vírgen del Rocío, vale!

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