En tiempos de crisis sanitaria y ad portas de una crisis humanitaria de una clase trabajadora totalmente despojada de derechos y seguridad social, el capitalismo agudiza todas sus contradicciones. Con esto, el tema de la violencia contra les sujetxs más vulneradxs por el patriarcado se vuelve aún más urgente que en tiempos de “normalidad”. Antes de la llegada de la pandemia, el pueblo trabajador y en especial las mujeres, encarnaban las consecuencias del ajuste capitalista. El estallido social en Chile iniciado en octubre de 2019 puso en evidencia que no aguantamos más abuso capitalista-neoliberal, y en esto, las mujeres jugaron y juegan un rol fundamental. Ahora, en tiempos de aislamiento y agravamiento de las condiciones materiales de las trabajadoras, asalariadas y no remuneradas, urge reflexionar y construir alternativa desde un feminismo anticapitalista.

LA VIOLENCIA PATRIARCAL COMO INTRÍNSECA AL CAPITALISMO

Mucho se ha hablado de la relación entre capitalismo y patriarcado. Más allá de las discusiones teóricas que puedan interesarnos y sernos útiles para hablar de violencia y abuso, veámoslo de forma ilustrativa en la cotidianeidad. Las mujeres cumplimos en su mayoría los roles de reproducción en la sociedad. Esto significa que las tareas domésticas y de cuidado recaen en nosotras: la limpieza y la alimentación, el cuidado de niñxs y enfermxs, la educación y el apoyo afectivo-emocional. Sin mujeres que cocinen, cuiden y organicen el funcionamiento de la familia el mundo no podría funcionar, pero ¿qué recibimos a cambio? NADA. Y ¿qué relación tiene esto con la violencia que se ejerce contra nosotras? TODO.

Cuando el capitalismo comenzó a desarrollarse y a introducirse en todo ámbito de nuestras vidas con la economía globalizada y los Estados modernos, se separó enfáticamente los espacios de lo “público” y de lo “privado” y se acrecentó la división sexual del trabajo. Es decir, los hombres serán los encargados de llevar el salario al hogar y las mujeres de llevar a cabo las tareas propias de la casa al interior de la familia. Habría entonces una instancia de lo “económico/público” y otra de lo “no económico/privado”. Todo esto bajo la idea predeterminada de la relación tradicional heterosexual entre hombre y mujer, en una vivienda común. Pero la realidad es que las mujeres también están en el mercado laboral, con  peores trabajos, que existe un déficit habitacional que no permite que todas puedan criar a sus hijxs en una casa digna y que 4 de 10 mujeres son jefas de un hogar monoparental, entre otras evidencias de cómo las mujeres se llevan la peor parte. La realidad es que esa esfera “económica” y “no económica” es parte de un todo, de un sistema patriarcal capitalista que necesita no pagarnos en el caso del trabajo reproductivo y pagarnos menos en el caso del trabajo asalariado.

Somos las encargadas de lo “privado” que, en el caso de Chile, un país donde lo comunitario y lo político fue destrozado con 17 años de dictadura que mercantilizó absolutamente todo y 30 años de perfeccionamiento del modelo por parte de la Concertación y la derecha, produce un ambiente propicio para la violencia. Es verdad, fuimos invisibilizadas y abusadas desde los comienzos de la historia, pero el machismo más evidente, la violencia patriarcal concretada en el maltrato y la agresión, tiene su antecedente más próximo en la estructura familiar y los roles de género reforzados y legitimados por el sistema de producción, donde el valor del trabajo doméstico y afectivo no es reconocido socialmente. Este es el espacio donde se expresan los primeros síntomas y consecuencias de la violencia. Lo ideológico en la familia, porque su forma ni es natural ni debería ser obvia, se evidencia cuando tomamos consciencia de que es un espacio donde se legitima el poder, no solo del varón, sino también de todos los valores y principios hegemónicos que el sistema actual necesita instalar para seguir vigente. Cargando a las mujeres con las labores de este espacio e individualizando a la familia, el Estado se desentiende de tareas que deberían ser asumidas por toda la sociedad y no recaer solo en nosotras, llevándonos a la dependencia económica y sufrir la violencia.

LOS RIESGOS PARA LAS MUJERES EN TIEMPOS DE CRISIS

En momentos como este, las mujeres que son las más endeudas, las más fáciles de despedir y las encargadas de mantener el hogar (si es que tienen uno propio) no tienen muchas posibilidades de salir de los círculos de violencia. Al contrario, el aislamiento la agudiza. La reproducción de ideas sexistas y la feminización de la pobreza, generan imposibilidad de oportunidades de nuevos proyectos de vida para las mujeres que viven violencia y agrava la explotación al interior del hogar cuando no hay donde sacar plata para comprar el pan o formas de alivianar la carga doméstica. A esto hay que sumar que el Estado y en particular este gobierno, además de la arremetida generalizada contra la clase trabajadora que está llevando a cabo, haciéndola pagar la crisis, no ha tomado medida alguna para atender a las necesidades específicas de las mujeres.

Y esta omisión, criminal por lo demás, afecta a las mujeres fuera y dentro del hogar. Fuera del hogar en los trabajados feminizados más precarizados y faltos de protección, como es el caso de las trabajadoras de casa particular. Desde el inicio de la crisis sanitaria, el Sindicato de Trabajadoras de Casa Particular (SINTRACAP) ha levantado una fuerte campaña llamando a las y los patrones a ser “conscientes” ante el hecho de que el 42% de las compañeras no tienen contrato y que este contrato es más flexible que el resto de los contratos regulados en el Código del Trabajo, sumando que este escenario es perfecto para que éstxs abusen de las mujeres pobres que han cuidado a su familia durante años. Y lo están haciendo. Por otro lado, las trabajadores sexuales y ambulantes migrantes se han visto en la necesidad de levantar campañas de acopio porque sus ingresos actualmente son nulos y en ambas situaciones las redes de apoyo son muy escasas. Frente al trabajo formal, el gobierno a través de la Dirección del Trabajo ha resuelto que lxs empleadores pueden dejar de pagar sueldos, como si las mujeres no viviesen con lo que ganan día a día. Respecto al trabajo informal, el cual también es la situación de gran cantidad de mujeres, no hay ninguna medida. La violencia institucional de este gobierno de empresarixs en todo su esplendor.

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Dentro del hogar y respecto a la violencia machista, las instituciones estatales encargadas de proteger a las mujeres y niñxs que desde siempre han tenido problemas estructurales de financiamiento, especialización y atención, no responden a la crisis. Hace unos días, Sernameg lanzó una campaña por sus redes sociales diciéndole a las mujeres que están aisladas con sus agresores que “NO ESTÁN SOLAS” sin implementar ninguna medida especial y sin inyección de presupuesto, llamando a contactar a Carabineros, los mismos que ejercen la violencia política sexual contra las compañeras que se manifiestan contra el gobierno y desatienden sus funciones como auxiliares del Ministerio Público cuando deben investigar los femicidios. Sus prioridades han estado en perseguir y mutilar al pueblo que lucha. Por su lado, los Tribunales de Familia se encuentran cerrados, atendiendo solo denuncias urgentes, como si no fuese urgente que las madres solteras reciban las pensiones de alimentos adeudadas por los padres ausentes, que ejercen así violencia económica contra mujeres y niñxs. Ahora, se limitan a otorgar cautelares inmediatas en casos de VIF y vulneración de derechos, pero sabemos que nunca han funcionado ¿por qué lo harían ahora? La violencia patriarcal fomentada como nunca.

UNA SALIDA FEMINISTA Y ANTICAPITALISTA

Lo que en tiempos previos al estallido social y el COVID-19 a veces parecía solapado bajo tanta ideología capitalista-neoliberal, hoy es más obvio que nunca: el sistema actual no puede dar ninguna solución de fondo a nuestras problemáticas. No aceptaremos esa “normalidad” de la que tanto habla el gobierno. El patriarcado capitalista no tiene salida alguna para la actual crisis sin hacer pagar los costos más altos a las mujeres de la clase trabajadora y esto no es nada más que violencia, violencia desde el Estado y la forma de producción y de reproducción que auspicia, fertilizando el terreno para la generación de masculinidades tóxicas. Porque no, no puede ser normal que en lo que va del año haya 12 femicidios, ni debe ser normal que las mujeres carguen solas con la crianza, ni que las pensiones de las adultas mayores sean miserables y así un sinfín de abusos e injusticias. Hoy más que nunca necesitamos fortalecer los procesos de auto organización iniciados en octubre por los medios que tenemos a mano, generando redes de solidaridad de clase entre compañeras y defender nuestra salud, que vale más que las ganancias de los capitalistas. Pero también es necesario señalar que el Estado es demasiado grande como para ignorarlo, es responsable de la precariedad y este gobierno, su leal sicario. Debemos empujar la huelga general para la cuarentena nacional con garantías de vida y salud para la clase obreray respuestas concretas para las mujeres, niñxs y adultxs mayores.

Es tiempo de construir feminismo anticapitalista e imaginar otras formas de vida, donde la socialización de las tareas reproductivas, la abolición de clases sociales y una vida libre de violencia patriarcal sea la realidad.

Francisca Barbosa por Juntas y a La Izquierda y el Movimiento Anticapitalista

 

 

 

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