La Influenza, (1918-1919), no tuvo sus orígenes en España, y el nombre se debe a que este país neutral fue el único que pudo dar a conocer, sin censura, los estragos de esa peste.

En mayo de 1918 Alemania, aprovechando la derrota a causa de la revolución bolchevique, que sacó a Rusia de la guerra, intentó llegar con sus tropas a París, pero fueron detenidas en El Marne. El ingreso de los soldados norteamericanos cambia la correlación de fuerzas y, sorpresivamente, Alemania se rinde, en noviembre de 1918.

Según la mayoría de los historiadores, la peste pudo haber comenzado en China, pero explotó en Occidente, en Kansas, (Estados Unidos). El ejército norteamericano, aliado de Francia e Inglaterra, transportó la peste a Europa, principalmente por el Puerto de Brest, (en Bretaña).

La peste tuvo tres etapas en su desarrollo: la primera, en el otoño de 1918, y fue relativamente benigna, a tal grado que los españoles se reían de ella llamándola “la del soldado de Nápoles”, por lo pegajosa, como la canción del sainete de moda en el Madrid de la época; la segunda, en la primavera de 1918, concentró el mayor número de muertos; la tercera, a comienzos de 1919, que no fue menos mortífera.

El número total de muertos de la epidemia, (H1 M1), fluctuó entre 50 y 100 millones de personas, y si se compara con las cifras de muertos durante la Primera Guerra Mundial, 18 millones, y la Segunda Guerra Mundial, más de 60 millones, la Influenza, llamada “Gripe Española”, la supera ampliamente.

Las condiciones infrahumanas de los soldados en las trincheras constituyeron uno de los ejes de la proliferación del virus, pues en esas fosas convivían los hombres y las ratas, además del hacinamiento y falta de higiene.

Dentro de las personalidades que padecieron la fiebre española se encontraba el rey de España, Alfonso XIII, y el Presidente de Estados Unidos, W. Wilson, este último, debido a su enfermedad, se mostró incapaz de imponer sus puntos de vista en el Tratado de Versalles, predominando la participación del Presidente francés, G. Clemenceau, quien impuso la humillación y la venganza contra Alemania, (1919), (error que preparó el terreno para la Segunda Guerra Mundial).

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El Presidente Wilson no logró convencer a sus conciudadanos de que Estados Unidos ingresara a la Liga de las Naciones, (predecesora de la actual Naciones Unidas), como tampoco fue reelegido en los siguientes Comicios.

El caso de la fiebre española fue especial, pues asestó el golpe especialmente en la generación joven, (entre 30 y 40 años), y no en los clásicos “adultos mayores” y niños.

La gripe – antes se llamaba “catarro” – pasó a ser designada con el nombre de “influenza” y, hasta nuestros días se le conoce como tal, enfermedad estacional transmitida por aves, cerdos, murciélagos y otros animales, y lo más común, de persona a persona, que ha logrado reducir el número de contagios gracias a la vacuna, especialmente contra el AH1N1.

La generación nacida a fines del siglo XIX fue la más golpeada con la peste española que, según los epidemiólogos e infectó logos, se debió a que no padeció peste alguna y, consecuentemente, los afectados no lograron desarrollar anticuerpos.

La peste española es la más parecida, debido a sus síntomas, a la actual pandemia COVID-19, y debería aprenderse de aquella que las pestes virales tienen altos y bajos, mutaciones y recaídas.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

04/04/2020

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