Crónicas de un país anormal Destacados

Si en las elecciones pierde la oligarquía hay que buscar la forma de suprimirlas

En la primera Constitución francesa se dividió a los ciudadanos en activos y pasivos: los primeros tenían dinero y propiedades, y podían votar, mientras que los pasivos debían conformarse con pasar de súbditos a ciudadanos.

El voto censitario aseguraba que la oligarquía siempre mantuviera el poder, incluso, en Chile, un gran progresista – el profesor Alejandro Venegas, ´Julio Valdés Canje´ – en sus cartas a los Presidentes Pedro Montt y a su sucesor, Ramón Barros Luco, denunciaba los males del Centenario – era partidario de un tipo de sufragio en que sólo pudieran inscribirse las personas con estudios, incluso, universitarios.

El español José Ortega y Gasset, en su libro La rebelión de las masas relata, en forma casi cinematográfica, cómo los ignorantes, (hoy llamaríamos las clases medias), invadían los lugares, como cafés y ateneos, reservados para la gente culta: ´las masas eran los verdaderos bárbaros del siglo XX´.

El más profundo defensor de la democracia representativa fue el irlandés Edmund Burke, enemigo acérrimo de la Revolución Francesa. Uno de los peores crímenes considerados por la alta burguesía francesa fue el haber incluido en la Constitución el sufragio universal masculino en el año II del calendario de la Revolución.

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Cuando en varios países del mundo fue imposible detener el triunfo del sufragio universal masculino la oligarquía, (“la gente como uno”, como se decía en la época), tuvo que inventar trampas y subterfugios a fin de evitar que, a causa del sufragio popular, ´en una de estas´ ganaran los “rotos”, entre ellos, el más conocido fue el cohecho. (Mi padre recordaba que su profesor de derecho, Víctor Delpiano, les enseñaba que el cohecho era el correctivo del funesto sufragio universal).

Los caciques chilenos de la época parlamentaria eran dueños de actuales provincias chilenas: los Irarrázabal, de la Ligua; los Lazcano, de Curicó, y así sucesivamente. Mi abuelo, Manuel Rivas Vicuña, le disputaba a don Arturo Alessandri la primogenitura de don Fernando Lazcano, que le aseguraba la diputación por Curicó, (uno de la seguidilla de nombres de mi madre era Curicó).

El historiador Alberto Edwards Vives describía detalladamente el precio de cada uno de los cargos de elección popular, y quien no tenía “caja” no podía postular, por muy inteligente y preparado que fuera; ocurrió con el líder conservador, don Abdón Cifuentes, quien por no poseer dinero tuvo que ser reemplazado por uno de los Matte Pérez en la postulación a senador.

El historiador Gonzalo Vial Correa relata, en su Historia de Chile, que Julio Subercaseaux se jactaba de tener seguro una curul en el Congreso, pues era dueño de un banco; (ser accionista principal del Banco de Chile posibilitaba su camino al Congreso y a la presidencia de la república; la otra vía era casarse con la hija de un millonario).

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Como herederos del siglo XVIII, estamos convencidos – con Condorcet – que la historia marcha hacia el progreso indefinido, ni siquiera, las decepciones del siglo XX nos han sacado de esta errónea idea. La “decadencia de occidente”, anunciada por Spengler y seguida por filósofos contemporáneos, entre ellos, Michel Onfray, nos llevó a negar la idea del “perpetuo retorno”, venida de oriente y, luego, tomada por Nietzsche.

En el Chile post dictadura, muchos de los hechos relatados más arriba se repiten, por cierto, no de la misma manera: hoy no es necesario juntar “manadas de rotos” y comprarlos en la secretaria respectiva, pues basta con recibir algún dinero del Banco Penta y de otras grandes empresas, para asegurar un cupo, sea de parlamentario, alcalde…Por lo demás, hasta hace pocos años, el sistema binominal, creado, en el parlamentarismo, (1891-1925), en la época parlamentaria, aseguraba la reelección sin necesidad de acariciar a un niño llorón o besar a una señora proletaria. (Consulte a algún senador o diputado eterno, que continúa en el parlamento).

Dentro de los partidos políticos no es necesario hacer muchos méritos para ser candidato a un cargo de representación popular, ni siquiera, hay que contar con dinero, sino que basta con ser amigo de los directores de Penta, de Ponce Lerou, de Luksic o de Piñera, para tener asegurado el cupo.

El historiador Edwards Vives, hacia los años 20 del siglo XX, estaba tan asustado con el sufragio universal que llegó a llamarlo “la dictadura del proletariado”; hoy, a nadie se le ocurre hablar en contra del voto universal, incluyendo a las mujeres, los analfabetos y los mayores de 18 años, (no falta el demagogo que proponga el voto a partir de los 16 años).

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Salvo en el caso de Arturo Alessandri, (1920), Gabriel González Videla, (1946), Salvador Allende, (1970), los dueños de Chile, los plutócratas, no tenían nada que temer al sufragio universal, (león sin dientes y domesticado), pues el populacho podía elegir a un tribuno del pueblo que, rápidamente, entre coctel y coctel, de convertiría en un oligarca. (Salvo en el caso de Pedro Aguirre Cerda y de Salvador Allende, que no se vendieron, y ambos sufrieron golpes de Estado; ´el primero, el famoso Ariostazo, que corresponde al nombre de Ariosto Herrera, y el segundo, el ´tanquetazo´ previo al 11 de septiembre de 1973 y luego, el bombardeo a La Moneda).

En el período de la transición a la democracia, Augusto Pinochet dejó a la derecha con un seguro, descrito por Jaime Guzmán Errázuriz, por el cual, así la Concertación ganara en todas las elecciones haría un gobierno no muy distinto al gusto de la derecha. El camino era fácil: bastaba con incluir a los líderes de la Concertación, aunque fueran hijos de panaderos, en los directorios de las AFP, grandes empresas y directores de Bancos, que, con dinero en su bolsillo, se convertirían en ´gente como uno´.

Por las elecciones no había que preocuparse, pues en las comunas pobres los ciudadanos, por lo regular, se abstenían de votar al saber que las elecciones sólo servían para consultarlos sobre los candidatos seleccionados por los bancos y/o las grandes empresas.

En el último plebiscito, del 25 de octubre, ocurrió algo inesperado: los magos de la política aseguraban que el escrutinio no iba a ser muy distinto al de los anteriores: una alta concurrencia a las urnas en Providencia, Las Condes, Vitacura t Lo Barnechea, y una muy baja en la Pintana, Puente Alto, Estación Central…Cuando a Sebastián Piñera y su señora se les pasó el susto por “el estallido popular”, y que los rotos sólo eran rotos y no ´alienígenas´, en una velatón de partidos políticos de gobierno y oposición, en 25 de noviembre de 2019, estaban eufóricos, pues hasta la oposición los protegía del peligro de la rebelión popular.

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Hacia las 20 horas, como estaba programado, se abrieron las urnas y ¡oh sorpresa! El norte de Chile y las comunas populares de la Región Metropolitana, en su mayoría votó más que el promedio del 78% por la opción APRUEBO y la Convención Constituyente, y dándole un puntapié a los ricos, (y los nuevos ricos, gracias a la dieta parlamentaria), en aquella parte donde la espalda pierde su honesto nombre.

Pienso que debiera escribirse un diccionario de los lugares comunes, (como lo hizo G. Flaubert), que contuviera todos los vocablos comunes que repiten políticos y periodistas luego del acto electoral, por ejemplo, la jefa de la campaña por el RECHAZO, pronunció una frase para el bronce al referirse al triunfo de esta opción en comunas como en Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea, en que resaltó que ´ahí votaba la gente informada, culta e inteligente´. Pienso que la derecha debería tomar esta idea para no perder elecciones en lo sucesivo, como tampoco eliminarlas y, mucho menos, acusar de fraude cuando pierde en las urnas.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

01/11/2020

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BIBLIOGRAFÍA

Vial Gonzalo Historia de Chile 1891

Edwards Vives, La fronda Aristocrática Santiago, 1982

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Manuel Rivas Vicuña, Historia política y Parlamentaria, Biblioteca Nacional

Gumucio Vives Rafael Apuntes de medio siglo CESOC

Venegas Alejandro, Sinceridad Chile intimo 1910. CESOC. 1988

 

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