En los últimos tiempos hemos estado viendo un aumento de los números de casos de nuevas infecciones y más personas que mueren, diariamente, causada por el COVID 19. Algunas tesis acusan al gobierno de que ha hecho las pruebas desfasadamente, en aproximadamente cuatro a cinco días. Aunque, el gran problema del COVID 19 siempre está en su latencia pretérita, puesto que el periodo de incubación, el cual dura entre el primer día y el decimocuarto día, genera la posibilidad de contagio aun sin síntomas. Por ejemplo, si a un paciente le toman una prueba el día cinco desde su contagio, habrá interactuado cuatro días restantes antes que tomase la prueba, y si estamos desfasados a lo menos tres días, será el séptimo día donde podría afectar a diferentes personas; imaginad que esta persona tenga síntomas al día diez, ya de nada sirvió hacerle la prueba, el daño ya fue causado y personas contagiadas.

La inutilidad del gobierno no es por su precoz reacción ante la situación pandémica. Desde el 18 de octubre que la sociedad chilena, entre votantes y retractores, conocían que el gobierno de Sebastián Piñera estaba caracterizado por un presidente que, poco a poco, se ha ido quedando solo, y que, a su vez, en seguimiento de sus diferentes “consejos de expertos” ha hecho error tras error hasta estar en peor situación legítima que Bachelet en su segundo gobierno.

La forma que se tiene para ver la mala reacción del gobierno fue cómo Estados como la República de Corea (Corea del Sur) y Singapur tomaron acciones frente al COVID 19 naciente en China. Un examen para toda la población y un pseudo censo que le dio al gobierno una radiografía de cómo estaba evolucionando el virus. O sea, si tomamos el ejemplo anterior, si la persona al día cinco se le toma la prueba por parte del gobierno y luego te mandan en cuarentena, si bien no se pudo evitar el contagio de los cuatro días anteriores, sí que se evita los contagios posteriores. Además, si se manda a cuarentena a gran parte de la sociedad, sobre todo de ciudades centrales, se evita mucho el riesgo de contagio.

Más allá de toda expectativa de lo que nos ampare estas próximas semanas, una cosa por sobre todo queda muy claro: debemos prepararnos para la crisis económica. Y esta parte es importante mencionar por dos razones:

 

Se viene una crisis en Estados Unidos, tal como vaticinaba el profesor Fernando Duque en su artículo para El Ciudadano hace varios años atrás. Aunque su crítica era más dirigida a la parte nacional, se puede extrapolar de sus argumentos la sobrecarga que tendrá el sistema de seguridad social, más aún con lo que está en la frontera de los problemas: EE. UU. como nuevo epicentro del COVID 19. La interrupción del trabajo y de los ingresos familiares sofocará a las familias vulnerables y de clase media; tendrán que dedicar sus gastos principalmente al consumo de objetos de primera necesidad y el gasto familiar. Elementalmente, esto terminará por afectar a Chile, empezando por las inversiones que las AFP tienen en los mercados bursátiles estadounidenses y europeos, con directa consecuencia en las pensiones y ahorros de los conciudadanos.

 

Con todo el escenario complejo, es posible que haya una interrupción del flujo de capitales entre los Estados. No meramente quiero argumentar que las inversiones extranjeras directa (IED) entre países, también  los epicentros han estado justamente en los países desarrollados y que tienen un nivel de influencia en la economía mundial: EE. UU., Gran Bretaña, Francia, China o Alemania. Si estos focos de la economía internacional son interrumpidos, es posible que haya tendencias claras sobre ciclos bajos en la economía por falta de exportación o importación de estos países (efecto en las balanzas comerciales), en los futuros, o en la propia IED. Ni siquiera hay que abrir el debate sobre el tipo de economía que tenemos, no en un sentido ideológico dominante, sino en términos sobre el origen propio de la economía que nos sustenta. Esto también significa un golpe en una economía nacional muy poco nacional

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, es decir, con extremada dependencia de la balanza comercial, de las inversiones desde fuera y de las inversiones propias que se hacen hacia afuera, principalmente del sistema previsional.

Todo lo anterior huelga en la pregunta implícita: ¿se caerá el consumo? Habría que excavar y filosofar en esta materia. Tomando en cuenta, primero, que las únicas empresas disponibles son las relacionadas con objetos de primera necesidad: supermercados, farmacias, comercios medianos, chicos y locales; bencineras; centros de salud e independientes relacionados; transporte y servicios básicos; Carabineros, Bomberos y militares. Claramente, hay que tomar en cuenta que el sistema de producción de muchos oficinistas cambió únicamente a teletrabajo, pero otras empresas se verán con consecuencias a los ciclos del porvenir.

Naturalmente, el consumo podría disminuir si es que solo se compra los insumos básicos y los fármacos usuales. Por lo tanto, claramente podría haber un retraso de los flujos económicos, no obstante, nada de esto tiene como inferencia que haya una crisis económica clara. ¿Se requiere más que la caída del consumo? Sí, hay más factores. Podría ser una crisis inmobiliaria, de las pensiones, internacional, ambiental, social. Chile, en este caso, sí se podría a acercar a estas formas, no nos olvidemos que ya acarreamos una crisis sociopolítica desde el 2019, aunque técnicamente es desde la transición, solamente que estaba ensimismada por la cotidianidad reptante.

Esto último lleva a dos preguntas: ¿tiene el Estado chileno, la capacidad para promover las pérdidas de las empresas, pymes e independientes durante la crisis infecciosa? Esto es una cuestión trascendental ante los otros Estados del mundo, pero nacionalmente es importante ver si en realidad podremos sobrellevar esta crisis. La otra pregunta parte por el principio de que los recursos no son finitos, pero el ciclo de enfermedades eternamente lo será, dado que siempre habrá una nueva: ¿cuándo se aprenderá, dentro del sistema capitalista reinante que la inversión en la cuestión social es más importante que la inversión con utilidades inmediatas? Lo único claro a esta pregunta es que no hemos estado preparado para una crisis sanitaria, pero por lo visto, ningún país del primer mundo lo estaba, especialmente Estados Unidos. Ergo, la cuestión estará siempre conectado con el capitalismo liberal.

 

 

Por Diego F. Herrera Gré

Cientista Político con especialización en Relaciones Internacionales
Investigador
Universidad Alberto Hurtado

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