Opinión política

El infantilismo y la perversión de Piñera pueden terminar en tragedia

El actual presidente de Chile Sebastián Piñera es un personaje de la política  nacional  que con seguridad pasará a la historia del país, más no como un estadista, que es el sueño de quienes alcanzan a ponerse sobre pecho  la banda presidencial  y  a ejercer el más alto  cargo de  la República, sino que sin duda será recordado como el presidente que más errores  comunicacionales registra, además de otros de distinta naturaleza, cuyas graves consecuencias todavía no se alcanzan visualizar.

Sebastián Piñera, por alguna causa remota ligada a su infancia, nunca terminó por dejar atrás y superar deseos no cumplidos de su niñez y ha pasado por la vida alternando los quehaceres de sus negocios, llevados a cabo con mucho éxito, al mismo tiempo que parece anclado y fuertemente condicionado por aquellos sueños de niño que le fueron esquivos.

Su historia personal, en el ámbito público está matizada por una combinación de anécdotas y situaciones que lo han llevado a oscilar entre lo temerario y lo ridículo, entre la deshonestidad en sus negocios y el éxito personal avalado por el enorme caudal de capital acumulado producto de una forma eficiente de mezclar política y negocios. En el lenguaje neoliberal del Chile actual, se podría decir que Piñera ha sido hasta aquí exitoso en lo económico y paradigmático para muchos en lo político y social.

Esa combinación de infantilismo y perversión en la personalidad de Piñera, lo ha llevado también a prometer cosas incumplibles a su electorado, de manera especial durante sus dos campañas presidenciales. Recordemos algunas de esas promesas.

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– Mi gobierno será un gobierno de excelencia, constituido por los mejores.

– En Chile terminaremos con la delincuencia. Acabaré con la puerta giratoria.

– Tendremos el mejor Censo de la historia de Chile.

– Prometió millones de empleos, de calidad, con buenos salarios, etc.

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–  Prometió tiempos mejores (“arriba los corazones…”).

¿Qué resultó de todo eso?

-No fue un gobierno de excelencia, ni constituido por los mejores. Al contrario, entre sus ministros y subsecretarios de esa época hay varios acusados de corrupción y la mayoría no alcanzó a terminar su periodo porque eran exactamente lo contrario a lo prometido.

Nunca terminó con la delincuencia, ni siquiera con la delincuencia a la que él se refería, que eran los delincuentes de poca monta; no obstante, declararle la guerra a los que operan en la calles, robando billeteras y celulares, asaltando negocios y domicilios particulares, lejos estuvo de cumplir su promesa. En cuanto a los grandes delincuentes del país, tales como, dueños de empresas que evaden impuestos, los que financian ilegalmente la política, cometen fraudes al fisco y roban a sus clientes y  consumidores,  a esos ni siquiera intentó sancionar, todo lo contrario, el gobierno simuló estar pasmado ante esos hechos, y luego les tendió una mano para salir del problema.

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-El mejor Censo de la historia, terminó por ser el peor Censo de la historia.

– Los empleos de calidad, con buenos salarios, nunca se cumplieron. Lo que hizo fue cambiar el nombre a los comerciantes ambulantes y les llamó “emprendedores”. Incentivó los trabajos informales, como una forma de disfrazar la cesantía estructural del capitalismo neoliberal.

En el plano internacional, se confabuló con Donald Trump y los gobiernos de derecha de Latinoamérica para aislar política y económicamente a Venezuela, al punto que tensó las relaciones internacionales tratando de imponer, por orden de Trump, un “presidente encargado” en Venezuela en abierta contravención a las normas internacionales de no intervención   en los asuntos internos de otras naciones.

Sus indisimuladas ansias de figuración y sueños de liderazgo internacional, producto de su  personalidad  patológica, lo llevaron en un momento crucial para Venezuela, y ante la amenaza de invasión norteamericana a ese territorio, a unirse al no menos  descontrolado presidente colombiano  Duque  y el instrumental congresista Venezolano Guaidó, al punto de  poner en riesgo la vida de millones de personas en Venezuela  en un intento genocida por satisfacer perversos intereses del imperio yanqui y obtener para él un soñado reconocimiento como líder regional.

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Conocidos son también las innumerables ocasiones en que Piñera ha tratado de poner a Chile          como ejemplo para el mundo en una serie de materias de variado orden, al punto de ofrecer al país como sede para COP-25 – Cumbre del Cambio Climático 2019- y celebrar la GSG -2019, Cumbre de Movimiento de Inversión e Impacto Social. Además, en su inconsciencia, propia de su rasgo infantil, llegó al extremo de ofrecer exportar – a países desarrollados de Europa- el fracasado sistema de pensiones AFP.

Son innumerables los casos en que los rasgos infantiles y perversos de la personalidad de Sebastián Piñera quedan de manifiesto en sus actuaciones, por lo que sería innecesario continuar señalando otros que se ubican dentro del mismo esquema de comportamiento.

Sin embargo, el más reciente hecho, protagonizado por Sebastián Piñera, el de fotografiarse sentado junto al monumento de Baquedano, o Plaza Dignidad, raya en lo demencial. Y es que si la decisión fue premeditada (como en los negocios= perversión) o fue producto de un impulso irrefrenable del momento (propio de su infantilismo), en cualquiera de los casos fue un gran desatino, o una provocación para otros.

La foto de Piñera en la desolada plaza, me trajo a la memoria la imagen de Alberto Fujimori en 1996, en la residencia del Embajador de Japón en Lima, poniendo un pie sobre el cadáver de un guerrillero del grupo Túpac Amaru, después del ingreso de las Fuerzas armadas a ese lugar, donde fueron masacrados los integrantes de ese grupo guerrillero.

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La historia del Perú, no tiene necesariamente por qué ser igual a la nuestra, ni en su desarrollo, ni en su final. Ni la suerte última de Fujimori tiene por qué parecerse a la de Sebastián Piñera pero   innegablemente,  el gesto de soberbia y triunfalismo de ambos -infantil y perverso a la vez-  no puede ser pasado por alto en esta hora.

 

Por Higinio Delgado

 

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  1. ramon roman says:

    Don Higinio Delgado, ¿Qué está usted insinuando con la descripción de Piñera como un proceder infantiisco? ¿Qué los infantes, niños, son todos enfermos mentales? Los niños actúan de acuerdo a sus edades y lo hacen con procederes que denotan su forma de gozar de sus existencias y todo lo que los rodea son nuevos descubrimientos que los hacen maravillarse de esto. Mientras que Piñera, es un adulto, con una experiencia de la vida que lo guía en todo lo que hace, es decir, lo que hace no es algo expontáneo, es algo PREMEDITADO. Y cuando alguien hace algo premeditado, sin tomar en cuenta los resultados que puedan tener esttos actos, especialmente cuando este señor es el líder politico de una Nación, luego, este señor, no actúa como un infante, sino como alguien, cualquier persona, que ha perdido su capacidad de razonamiento, es decir,ESTÁ COMPLETAMENTE LOCO.

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