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Desde el Wallmapu: la lucha sigue, y la represión del Estado los agricultores también

Desde el Wallmapu siguen la fuerte represió del Estado chileno hacia los comuneros mapuche. La violencia se había intensificado después de la visita del ministro del Interior Víctor Pérez, antiguo pinochetista, cuando grupos fascistas de agricultores se organizaron militarmente para reprimir a los mapuche.

“Lo que ocurrió en Puren y Lumaco donde balearon y se disparó a quemarropa en una manifestación pacífica, disparando con balas de plomo, dejando comuneros gravemente heridos, es extremadamente grave”, denuncia Max Reuca, werken de la comunidad Juan Ignacio Reuca, de la comuna de Puren.

“En mi Lof, hace una semana, balearon a 4 hermanos, disparándole directamente al rostro, en una manifestación pacífica donde hoy en día hay un werken gravemente herido en el hospital de Victoria. Nosotros repudiamos este acto”, sigue el werken.

“Además, tenemos nuestros presos políticos en la cárceles en huelga de hambre desde más de 100 días ahora. La situación se está agravando todos los días. El Estado chileno no quiere sentarse a la mesa para dialogar y respetar el Convenio 169 de la OIT al cual los mapuche tienen derecho y el Estado no quiere aplicarlo”, sigue Max Reuca. “El desconocimiento de la cultura mapuche es el resultado directo de la doctrina de la negación de los mapuche y sus derechos, que hizo daño no solo a los propios mapuche sino que a los chilenos que no tienen de esta forma ningún conocimiento de las culturas de su pueblo indígena”.

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“El Machi Celestino acaba de tomar la decisión de pasar a una huelga seca después de más de 100 días en huelga de hambre después del rechazo del recurso de amparo a su favor. Eso es un irrespeto a la cultura del pueblo mapuche y es probable que en este momento todos los presos mapuche empiecen una huelga seca”, sigue el werken de la comuna de Puren.

“La lucha del pueblo mapuche va más allá de sus propios presos políticos. Si están allí es en consecuencia por la lucha que se está dando más allá, la consecuencia por querer recuperar sus tierras, por su autonomía y su libre determinación, por defender la tierra y el territorio, y porque hay presos políticos” nos aclara el werken.

Hace falta un diálogo real

Entre el 11 y el 14 de agosto, integrantes de la Oficina Regional del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos realizaron una visita técnica a la región de La Araucanía, en el sur de Chile. La visita comprendió ciudades como Temuco, Angol, Nueva Imperial y Victoria, e incluyó reuniones con múltiples actores políticos, sociales y de derechos humanos.

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Durante su visita, la Oficina recopiló antecedentes sobre la situación en la zona y continuó su seguimiento a las huelgas de hambre que mantienen varios comuneros indígenas mapuche privados de libertad. La delegación visitó el hospital de Nueva Imperial, recintos penitenciarios de Angol y Temuco, y se comunicó con varios de los huelguistas, de sus representantes, así como con autoridades de Gendarmería de Chile.

Sin embargo esta visita no llegó hasta los lugares más en conflicto y se terminó con análisis superficiales. Y el Estado chileno sigue haciéndose el tonto frente al Convenio 169 de la OIT. El Machi Celestino podría perder la vida a causa de eso. Y la situación de los otros presos políticos mapuche en huelga de hambre sigue siempre más crítica con el pasar de los días.

 

El Convenio 169 de la OIT y los Mapuche

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Los derechos del pueblo Mapuche son denunciados en el Convenio 169 de la OIT. El Convenio 169 tiene dos postulados básicos:

  • El derecho de los pueblos indígenas a mantener y fortalecer sus culturas, formas de vida e instituciones propias;
  • Su derecho a participar de manera efectiva en las decisiones que les afectan.

Estas premisas constituyen la base sobre la cual deben interpretarse las disposiciones del Convenio.

El Convenio también garantiza el derecho de los pueblos indígenas y tribales a decidir sus propias prioridades en lo que atañe al proceso de desarrollo, en la medida en que éste afecte sus vidas, creencias, instituciones y bienestar espiritual y a las tierras que ocupan o utilizan de alguna manera, y de controlar, en la medida de lo posible, su propio desarrollo económico, social y cultural.

Al ratificar un convenio de la OIT, un Estado miembro se compromete a adecuar la legislación nacional y a desarrollar las acciones pertinentes de acuerdo a las disposiciones contenidas en el Convenio. Asimismo, se compromete a informar periódicamente a los órganos de control de la OIT sobre la aplicación en la práctica y en la legislación de las disposiciones del Convenio y a responder a las preguntas, observaciones o sugerencias de esos órganos de control.

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Chile ratificó el Convenio 169 de la OIT. Desafortunadamente no lo respeta, ni el gobierno chileno, ni su pueblo.

 

Por Elena Rusca, Ginebra

 

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