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Bajo interés en la Cuenta Pública: Kast llega al 1 de junio hablando principalmente a los ya convencidos

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A horas de la primera Cuenta Pública del presidente José Antonio Kast, una paradoja comienza a instalarse en el escenario político chileno: el gobierno enfrenta uno de sus momentos más complejos desde que llegó a La Moneda, pero buena parte de la ciudadanía parece observar el evento con distancia, desinterés o simple desconexión.

La nueva encuesta GPS Ciudadano de Datavoz revela un dato clave para entender el clima político que rodea la comparecencia presidencial de este 1 de junio: la agenda gubernamental logra circular principalmente entre públicos ya politizados, mientras amplios sectores ciudadanos permanecen lejos del debate político cotidiano.

El caso más evidente es el de la llamada “ley miscelánea” o “Megarreforma”, el principal proyecto económico del gobierno y probablemente el núcleo político de esta primera etapa de Kast.

Aunque el 41,8% afirma haber escuchado “mucho” sobre el proyecto, el conocimiento aparece profundamente segmentado. La iniciativa concentra atención especialmente entre personas altamente interesadas en política y entre sectores ideológicamente más definidos.




Entre quienes declaran mucho interés en política, un 75,4% dice conocer ampliamente la reforma. Pero entre quienes tienen poco o ningún interés político, esa cifra se desploma hasta apenas un 11,1%.

La brecha es brutal y probablemente explica buena parte del escenario actual: el debate político chileno parece desarrollarse dentro de una burbuja hiperpolitizada mientras una gran mayoría social observa desde lejos o simplemente prioriza otros problemas cotidianos.

La misma encuesta muestra además que los jóvenes aparecen mucho más desconectados de la discusión política institucional. Solo un 24,8% de las personas entre 18 y 34 años afirma haber escuchado mucho sobre la reforma, mientras en mayores de 65 años la cifra alcanza 55,9%.

La Cuenta Pública de Kast llega así marcada por una tensión evidente: el gobierno ha conseguido instalar una agenda económica intensa y altamente ideológica —rebaja de impuestos a grandes empresas, invariabilidad tributaria por 25 años, recortes presupuestarios y reformas regulatorias—, pero lo ha hecho principalmente hablando hacia públicos politizados, elites económicas y sectores ya involucrados en el conflicto político.

Fuera de ese circuito, la atención ciudadana parece mucho más centrada en inflación, costo de la vida, empleo, seguridad y deterioro económico.

No es casual que las encuestas comiencen a mostrar un desgaste acelerado del Ejecutivo justo cuando el gobierno decidió acelerar al máximo la aprobación de su “Megarreforma”.

Mientras el oficialismo celebra haber conseguido un importante triunfo legislativo en apenas 70 días, la ciudadanía parece mucho menos movilizada por la épica económica que intenta instalar La Moneda.

En otras palabras: el gobierno habla de “reconstrucción nacional”, pero gran parte del país escucha apenas fragmentos.

La Cuenta Pública de este lunes probablemente profundice esa lógica.

José Antonio Kast llegará al Congreso obligado a defender simultáneamente tres frentes complejos: una economía deteriorada, una caída significativa en aprobación presidencial y una creciente percepción de que su agenda beneficia principalmente a grandes grupos económicos.

Además, la comparecencia coincide simbólicamente con el plazo de 90 días que el propio gobierno se impuso para mostrar resultados en materias sensibles como seguridad pública y control migratorio, dos de las principales promesas de campaña del presidente.

Pero incluso ahí comienzan a aparecer grietas.

Las propias encuestas muestran una creciente pérdida de credibilidad en las capacidades reales del gobierno para cumplir sus compromisos más emblemáticos, particularmente después de que el propio Kast relativizara algunas de sus promesas de campaña calificándolas como “hipérboles” y «metáforas».

En ese contexto, la Cuenta Pública parece destinada más a consolidar apoyos políticos y reafirmar convicciones ideológicas que a producir un verdadero reencuentro ciudadano.

La política chilena entra así en una fase extraña: un gobierno extremadamente activo en términos legislativos y discursivos, pero que parece hablarle cada vez más a una minoría intensamente politizada, mientras amplios sectores sociales permanecen emocionalmente desconectados de la conversación institucional.

El problema para La Moneda es que las cuentas públicas, históricamente, no cambian gobiernos. Pero sí pueden consolidar percepciones.

Y hoy la percepción dominante parece ser que Kast logró mover rápidamente la estructura política del país, pero todavía no consigue convencer a la mayoría de que ese movimiento mejorará efectivamente sus vidas cotidianas.

Félix Montano

Fuente: Encuesta GPS Ciudadano Datavoz.



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