Crónicas de un país anormal

El síndrome de la división en la derecha chilena: militaristas contra “socialdemócratas”

En la derecha los sectores militaristas y pinochetistas han instalado su hegemonía sobre la base del voto al RECHAZO a la nueva Constitución, en el plebiscito del 25 de octubre, y no disimulan su adhesión y admiración al régimen de Pinochet, y su deseo de reinstaurar en Chile una dictadura, incluso, más brutal que la iniciada en los años 70.

Un grupo de ultraderecha se reúne todos los sábados frente al palacio de gobierno momio, en la Municipalidad de las Condes, en la Avenida Apoquindo, lugar preferente donde se manifiestan, custodiados por la policía, (algunos de ellos con uniforme militar de combate), y los gritos que predominan están marcados por insultos de grueso calibre, proferidos en contra de su antiguo líder, Joaquín Lavín Infante,  (se declara socialdemócrata, a sabiendas de que esta tendencia política es una de las ramas del marxismo y que, además, lideró la II Internacional Socialista). Para Lavín, las ideologías son secundarias cuando se trata de conquistar el poder.

La derecha más fascista se hace llamar patriótica estableciendo una parodia sobre el sentimiento de amor irrenunciable por la patria que, para este conglomerado, no es más que el orden, defendido y salvaguardado por militares y carabineros, frente al “peligro” del marxismo e, incluso, de la izquierda más moderada.

En nacionalismo de estos grupos, que profesan como una religión, es tan reaccionario como el que predominó en los años 30 del siglo pasado, que tenía como héroe y líder al tirano Diego Portales, (ajusticiado por militares democráticos en el Cerro Barón). A diferencia de la década de los 30, los nacionalistas actuales pertenecen a clases acomodadas, y están dispuestos, (como el falangista José Antonio Primo de Rivera en España), a emplear la dialéctica de los puños y las balas para asesinar a sus enemigos.

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No es una casualidad el que uno de los líderes de este movimiento sea el abogado de los militares presos en la cárcel de Punta Peuco, que pretende conseguir la libertad condicional para los confesos de crímenes de lesa humanidad, (unos santos con aureola que sólo rasguñaron a los comunistas, miristas y “upelientos”, en general).

Estos patrioteros militaristas, que añoran la dictadura, pretenden convertirse en defensores de los carabineros, (para quienes actualmente la Contraloría ha pedido un sumario que ya suman más de veinte generales de esa rama), acusados de incumplir los protocolos sobre el uso de la fuerza, a partir del 18-0, que actuaron con violencia innecesaria durante el estallido y meses posteriores a esa fecha. Aún los casos de muerte, tortura, heridas graves, violaciones y traumas oculares irreversibles están siendo investigados y, desgraciadamente, hasta ahora, corre el peligro de quedar impunes.

Estos pinochetistas, que añoran la dictadura militar, se declaran contrarios al gobierno de Sebastián Piñera, a quien consideran “tonto útil”,  y “compañero de ruta de los marxistas”, como se decía antaño.

El sector de derecha que se dice partidario de votar por el APRUEBO, es decir resucitados y viejos estandartes, (Joaquín Lavín, Pablo Longueira, Manuel José Ossandón, Mario Desbordes y algunos ministros del Gabinete, y otros), están siendo aislados por estos ultranacionalistas que apoyan, especialmente, las posturas fascistas declaradas de José Antonio Kast, como también algunos extremistas de la UDI y la siempre nostálgica RN, Camila Flores.

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El Presidente, al igual que el “Coronel” de la obra de Gabriel García Márquez, “no tiene a nadie quien le escriba”, sólo actúa en actos protocolares, (Te Deum canuto y ecuménico), y algunos otros de menor relevancia, y como juega al misterio, y nadie sabe por quién votará el Presidente Piñera en el Plebiscito, ahora ha incursionado en materias constituciones que, sabemos, no están dentro de sus capacidades y competencias, pero como no puede dejar de figurar y demostrar que es el mejor conocedor de todos los temas, ha publicado un decálogo, que dejó marcando ocupado a los dos sectores de la derecha.

Dicho decálogo como es habitual en el Presidente, es críptico y lleno de lugares comunes, sólo para dejar contentos a los derechistas “Pedro, Juan y Diego”. Los diez puntos no tienen nada distinto del contenido de la Constitución de 1980, sino que es un mal resumen que podría haber sido redactado por cualquier estudiante de derecho.

Las interpretaciones a posteriori han sido múltiples, según los intereses de quienes las emiten: para unos, es clara muestra de que el Presidente es partidario del APRUEBO, pero no se atreve a discrepar de sus partidarios, especialmente de los de la UDI, En todo caso, a pocos ciudadanos les interesa las opiniones de Piñera, en la época del “pato cojo”.

Hay algo notable de consignar: el pueblo está ausente en los debates constitucionales, mientras en la superestructura política unos y otros se pelean, bajo el síndrome de la división, que no es ideológica, sino de intereses personales.

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Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

15/09/2020

 

 

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