En La Divina Comedia, Dante dice en el Infierno “abandonar toda esperanza”. (A mí, personalmente, me gustaría morir durante un verano, resucitar y volver a la tierra). Un autor norteamericano, en una de sus novelas relata cómo el protagonista, una vez muerto, se le da la oportunidad de retornar a este mundo eligiendo el día más placentero de su vida – en este caso, su cumpleaños -.

A partir de la transición “transaccional” a la democracia vivimos en el infierno sin siquiera darnos cuenta. Para algunos, el Cristianismo ha sido el amigo de los ricos y, como en Las historias del buen Dios, de R. Rilke, los ricos han sabido utilizar las enseñanzas de Jesús, y hasta el mismo personaje, (a veces, Jesús es un ginecólogo que condena a las mujeres que se ven obligadas a abortar, muchas veces por la pobreza o por el machismo de nuestra sociedad, en otras, es un banquero y especulador, cuyo único fin es prestar dinero para luego apropiarse de los escasos bienes de los pobres; según Lutero y Calvino, poseer riquezas en la tierra era un signo de ser predilecto de Dios).

Los valientes, que son una excepción dentro de la “ramera de Babilonia”, (como la llamaban los albigenses, es decir, los “puros”), extrañan y se indignan al preguntarse por qué el episcopado nacional que, en la mayoría de sus miembros fue valiente al condenar los atropellos a los derechos humanos, hoy los obispos están muy callados frente a los asesinatos, desaparecimientos, torturas, violaciones y daños oculares irreversibles, con la mirada obsecuente del Presidente Piñera, que se cree muy buen católico, pero que ordenó la salida de militares a la calle y, posteriormente, declaró la guerra al pueblo de Chile.

Los actuales obispos, muchos de ellos pertenecientes a una mafia que protegió y amparó a curas degenerados, quienes, aprovechándose del respeto debido a las personas consagradas, violan y abusan de niños y niñas, (algunos de los encubridores, Ezzati y Errázuriz, por ejemplo, fueron investigados por el fiscal Emiliano Arias).

En el infierno neoliberal chileno todo se paga, (el agua, el aire que respiramos, la educación, la salud…) y, como el evangelio de los ricos, sólo pueden salvarse aquellos que cuentan con el dinero suficiente para vivir como un europeo en la opulencia.

El que existan los pobres es una desgracia, (bien podría solucionarse, por ejemplo, con la expansión del virus COVID-19), y al fin al cabo, los ricos chilenos no viven de la producción, sino de la especulación en la Bolsa, dominada por las AFP. Nada más fácil que en el caso de que los “rotos” incendien Chile, lleven al extranjero sus abultadas ganancias, (no en vano el mundo es ancho y ajeno, como diría el escritor peruano Ciro Alegría).

En el infierno neoliberal ha sido muy fácil engañar a los dormidos chilenos al ofrecerles, por ejemplo, créditos para estudios universitarios y en carreras no reconocidas y, además, muy inútiles. El pobre estaba convencido de que, comprándose un título, pagaría con creces a los Bancos prestamistas, incluso perdiendo hasta la casa de sus padres, y los plutócratas publicitaban, a través de vendidos y cómplices Canales de TV, que en Chile cualquier hijo de obrero podía entrar a la universidad, sabiendo que debía desertar en la carrera chanta que le habían ofrecido.

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Sus padres, con menos suerte que sus hijos universitarios, más les convenía lanzarse al paso del Metro que seguir viviendo con miserables jubilaciones, que al enfermarse uno de ellos, solo les resta instalarse en un pasillo de Hospital o, como acaba de ocurrir en un hospital público, ser víctima de un apagón en plena cirugía y los médicos verse a utilizar sus linternas de celulares.

En el día de los enamorados el Presidente envío un mensaje de amor a su esposa, que sigue aterrada con la invasión alienígena, (es decir, los “rotos y rotas”, que sólo se digna visitar en las campañas políticas de su marido, Sebastián Piñera. En cierto sentido se explica que los esposos Piñera-Morel y su descendencia ignoren cómo vive la gente con cara de pueblo, (morirán felices, rodeados de riquezas y comodidades y, además, orgullosos de ser parte de una familia que se ha dedicado al “servicio público”, con las AFP, las evasiones de impuestos, las empresas, personales y familiares).

Por otra parte, su gabinete ministerial, están colmados de familiares y amigos personales, es decir, de “gente como uno”, del Villa María, el Verbo Divino, La Cato, y hoy, incluidas las Universidades del Desarrollo y Finís Terra, regentadas por miembros del Opus Dei y Legionarios de Cristo. (Las únicas ministras, ´según Carlos Larraín´, un poco negras y con cara de ´rotitas´, Cecilia Pérez y Karla Rubilar).

Los grandes teóricos de la escuela austriaca pensaron y describieron, mejor que Dante, el infierno al cual había que condenar a aquellas personas que quieren vivir de la ayuda del demonio Leviatán, del monstruo que, ni siquiera, es filantrópico en el neoliberalismo. En la guerra de unos contra otros los perdedores no tienen más remedio que morir de hambre u optar por el suicidio, o bien, por una bala asesina por parte de militares o de carabineros.

Sólo un canalla, (Macri, por ejemplo, o el que fue candidato a vicepresidente en Argentina), puede culpar del llamado “estallido social chileno” a los cubanos o a venezolanos chavistas, pero se da el caso muy frecuente de que muchos puedan creer semejante imbecilidad.

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

17/02/2020

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