Crónicas de un país anormal Mundo

Armenia, la primera nación cristiana

El Cáucaso es uno de los ejes geopolíticos del mundo: se encuentra entre el Mar Caspio y el Mediterráneo, también una vía para el transporte de petróleo y gas natural hacia Europa.

En el conflicto actual están implicadas todas las potencias del mundo: en primer lugar, los rusos, que negocian con Armenia, y Azerbaiyán, y de radicalizarse el conflicto, Rusia estaría a favor de Armenia; en segundo lugar, los turcos, comparten idioma e historia con Azerbaiyán; en tercer lugar, Francia, ha acogido a la mayoría de la diáspora armenia; en cuarto lugar, Estados Unidos siempre busca la manera de introducirse en el Oriente; en quinto lugar, Irán, (los antiguos persas).

En Armenia se encuentra el Monte Ararat que, según narra la biblia, una vez terminado el diluvio, en ese lugar encalló el Arca de Noé. Por Armenia han pasado varios imperios: los medos, los persas, los romanos, los bizantinos y los turcos otomanos, los macedonios, con Alejandro Magno.

Durante el siglo IV, mucho antes de la era de Constantino, hacia el año 301, después de Cristo, los armenios adoptaron el cristianismo como su credo, (aún existen vestigios de las más antiguas iglesias cristianas). A raíz del quiebre entre católicos y ortodoxos, los armenios optaron, en su mayoría, por el segundo.

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Armenia fue invadida por los turcos otomanos e integrada al sultanato, junto con las naciones del Cáucaso.

La lucha entre el zarismo y los países del Turquestán fue larga y cruel: cada vez que los turcos perdían, culpaban a las minorías cristianas de su derrota, y el sultán Abdú Hamid II ordenó el asesinato de 300 mil armenios.

El imperio otomano, a causa de sus continuos fracasos, fue llamado, a fines del siglo XIX, “el enfermo de Europa”, nombre dado por las demás potencias. A comienzos del siglo XX los generales, llamados “los jóvenes turcos”, se tomaron el poder prometiendo occidentalizar Turquía, y su líder, Ismael Enver Pashá, que había estudiado en Alemania, se transformó en un gran admirador de los germanos.

Sabemos, en 1914 estalló la Primera Guerra Mundial; Turquía buscó por todos los medios la neutralidad tratando de asegurar que Inglaterra y Francia aseguraran la integridad del imperio otomano, pero estas potencias se negaron a hacerlo, por consiguiente, se vio obligado a aliarse con Austria y Alemania. El general Pashá, partidario de los germanos, se mostraba feliz con esta alianza, (incluso, antes Alemania había construido el ferrocarril, que cubría entre Berlín y Bagdad).

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La estrategia guerrera de Turquía dependía de la alianza de los árabes, con quienes compartía la fe en el Islam. Turquía trató declarar la “guerra santa” contra la Triple Alianza, (Inglaterra, Francia e Italia), pero los ingleses y franceses plantearon a los árabes una mejor proposición, asegurándoles que una vez ganada la guerra, las potencias asegurarían la instauración de un gran Estado árabe.  Durante este período, el antropólogo inglés, Laurence de Arabia, tuvo un papel protagónico.

Los armenios, en 1915, tuvieron que pagar las derrotas de los turcos sufriendo el primer genocidio del siglo XX, (la definición de genocidio significa la voluntad de aniquilar una religión, una raza, una cultura, un pueblo…; Hitler, cuando planeó la solución final de la “cuestión judía”, recordó que ya nadie se acordaba de los armenios, lo mismo ocurriría con los judíos).

Ni la política, ni la historia, tienen nada que ver con la moral: el holocausto judío es recordado hasta ahora, y a los sionistas se les premió con la instalación de un Estado, y son pocos los que se atreven a negar la existencia de los campos de concentración. Con los armenios ocurre lo contrario: muy pocos países reconocen el genocidio, y la República Turca, de Erdogán lo niega. Afortunadamente, entre los países que reconocen la existencia del genocidio armenio, se encuentran Francia, Argentina, Chile… (en París y Buenos Aires se conmemora el martirio de los armenios todos los 24 de abril).

La diáspora armenia, actualmente llega a 10 millones de personas, diseminadas por Europa y América.  La República de Armenia actualmente sólo cuenta con tres millones de habitantes, y su principal fuente de riqueza los constituye el aporte monetario de la diáspora.

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Armenia fue aliada de la Rusia zarista, en la Primera Guerra Mundial: los unía especialmente el credo cristiano ortodoxo. En 1918 la guerra civil entre blancos, (partidarios del zar), y los bolcheviques, se extendió por el Cáucaso, y por ese entonces, Armenia se convirtió en una república soviética.

En 1921, J. Stalin decidió entregar a la República de Azerbaiyán un territorio montañoso, llamado Nogaro Karabakj, a pesar de que la mayoría de sus habitantes eran armenios, además de ser cristianos ortodoxos.

La URSS tenía dentro de sus planes la formación de un gran núcleo de naciones caucásicas: Georgia, la cuna de Stalin, Azerbaiyán y Armenia.

Al asumir Mijail Gorbachov el imperio soviético comienza a desgranarse, y la caída de la Unión Soviética, en que el ateísmo permitía la convivencia entre cristianos y musulmanes, las repúblicas caucásicas se declararon independientes y, de ahí en adelante, comenzaron las rivalidades entre Armenia y Azerbaiyán.

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En el período actual, en que se da “el silencio de Dios”, el historiador deber ser muy cuidadoso para abordar los conflictos religiosos, que antes eran fundamentales, según el aporte de Arnold Toynbee. (El dar mucha importancia, por ejemplo, entre chiitas y sunitas, a mi modo de ver es un error), y en caso de Armenia, los caucásicos son islámicos chiitas, mientras que los seguidores de Erdogan son sunitas, y los une más bien el proyecto de su Presidente, en el sentido de querer la resurrección del imperio otomano. En el caso de los Estados de Armenia y el Vaticano, ortodoxos y católicos cada vez más acercan posiciones, y el Papa Francisco ha condenado públicamente el genocidio contra los armenios.

El tema de la guerra entre Azerbaiyán y Armenia por la posesión de los Altos de Karabakj amerita un artículo completo, debido a la importancia geopolítica de este territorio montañoso, por donde pasan las cañerías que llevan el gas y el petróleo a Europa.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

03/10/2020

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  1. Don Rafa,
    Antes de que la censura me corte (nuevamente), muy rápido:
    Sabido es, que los imperios juegan a tres factores para conseguir sus propósitos:
    La etnia, la religión y la geo-politica.
    El “caso caucásico” lo demuestra ad eternum.
    Diferente es, en Chile:
    Allí, las componendas son a “tajo abierto”. Nadie se acosptipa si el mar en privatizado;
    tampoco si el agua en privada; si la salud.. si la educación…etc. etc.
    Es decir – en resumen- hay pueblos con disgnidad que reclaman por sus derechos
    ancestrales, legítimos, convencionbales, legales o… lo que sea.
    Otros, mueron en el silencio.

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