Opinión política

La refundación de Carabineros tarda demasiado

Con dos dedos de frente cualquier observador de la realidad chilena se pregunta  qué más tiene que pasar  o qué nuevo acontecimiento debe estremecer a la sociedad  para que el actual gobierno empresarial deje de lado su desinterés y se decida a impulsar  una necesaria refundación de Carabineros,  institución en descomposición que hoy merece  el repudio generalizado de la ciudadanía de a pie.

Quizás unos dirán  que faltan más malabaristas baleados a quemarropa,  en plena vía pública y sin justificación alguna; que haya sobre 500 manifestantes callejeros con ceguera total o pérdida de uno de sus ojos  al recibir en el rostro  una bomba lacrimógena; o que se haya empujado  a más menores de edad  al Mapocho con intenciones homicidas.

Otros apuntarán  a un mayor número de estudiantes, hombres y mujeres, detenidos y trasladados a unidades policiales para ser  humillados y sometidos a todo tipo de vejámenes; o más transeúntes como aquel de 27 años que se “suicidó” en los calabozos de la comisaria de Pedro Aguirre Cerda luego de ser arrestado porque le faltaba un salvoconducto.

En todos estos casos los hechores son los mismos, los mismos que asesinaron en La Araucanía al comunero mapuche Matías Catrillanca y luego intentaron negarlo;  y – retrocediendo en el tiempo hasta la pesadilla de la dictadura – los que quitaron la vida a temprana edad a dos liceanos de Villa Francia,  los hermanos Vergara Toledo, en cuyo recuerdo y homenaje se instituyó el Día del Joven Combatiente que se conmemora cada 29 de marzo.

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Ser pobre, ser joven, pertenecer al mundo popular y tener  una fundamentada mirada crítica antisistémica, contribuyen a una identidad común en todas estas víctimas – y muchas, muchísimas más – abatidas por irracionales uniformados serviles al régimen de desigualdades y discriminaciones impuesto por los poderes facticos a sangre y fuego, el que excluye  a la gente carente de fortuna.

Es lo que ocurrió con el malabarista Francisco Martínez Romero (27) asesinado por un sargento de carabineros (Juan González) que le percutó seis tiros a sangre fría en el centro de Panguipulli, región de Los Ríos, en el mismo lugar en que desplegaba su arte callejero desde hace cuatro años a cambio de algunas monedas. Su rostro no era desconocido para nadie en esa localidad.

Martínez no estaba encapuchado ni amenazante ni participaba en protesta alguna.  Al ser requerido por el citado funcionario acompañado de otros dos policías, no portaba su cédula de identidad y solo tenía sus sables de utilería, sin filo e inofensivos,  empleados en su arte,  pero en vez de resolver el episodio de manera adecuada el victimario optó por dispararle con su arma de servicio una y otra, y otra, y otra vez, sin miramientos.

Crímenes horrorosos como éste – no sancionados por la “justicia”- podrían evitarse si los carabineros recibieran una formación integral, de respeto a todas las personas y a sus derechos humanos. En la actualidad únicamente se controla  a la gente por su apariencia física, por su ropa y su condición económica, sin que se sepa que haya control de identidad al grupo socioeconómico ABC1 ni en comunas como Las Condes o Vitacura.

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La permanente represión de las manifestaciones sociales, la criminalización de los jóvenes pobres, el trato tan diferenciado entre chilenos, solo terminarán cuando se lleve a cabo no un proceso de tibias reformas sino la refundación de Carabineros, quizás hasta con otro nombre.  No es aceptable para el Chile de hoy tanta violencia innecesaria, la sistemática violación de los derechos humanos y muertes tan dolorosas como la de Francisco Martínez,  a menos que la policía militarizada tenga licencia para matar.

El movimiento popular ha reaccionado con indignación e impotencia: el nombre de Francisco es hoy emblemático en las protestas sociales y en el pueblo mapuche, que siempre contaron con el apoyo del joven malabarista. Su ejemplo perdurará, porque como lo dijo el Sindicato de Artistas Callejeros, “Los balazos disparados en Panguipulli nos alcanzaron a todos”…

 

 

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Hugo Alcayaga Brisso

Valparaíso

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  1. No debe esperarse del gobierno “golpe-blanco Piñera-Pacos” , ayudado por la pandermia , ningún cambio importante : control policial (carabineros , PDI,toque de queda con militares….)de la población + el control sanitario que se suma al policial para ejercer el poder comercial por sobre la salud poblacional.El crecimiento a nivel colombia-méxico de los narcos y su correspondiente corrupción policial toda está a la vista y sus socios institucionales (estamos ya cerca de narco-gobierno?) nada pueden hacer para detenerlo porque ya llegó a la médula de la república , en especial en La Araucanía que se suma al ataque oficial anti mapuche.Paramilitares aupados por las policías oficiales y ministros de Estado campean libremente en la zona de mayor pobreza del país. Refundación….del país entero , si fuera posible y con una policia de mando civil a servicio del pueblo y no contra él.

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