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Unos payasos se van pero llegan otros

Más patética que despedida de circo pobre fue la última función –post elecciones del 15 y 16 de mayo- del circo político. Unos payasos se van pero otros se preparan para reemplazarlos. La derrota del sistema de partidos en la elección de la Convención Constitucional fue contundente. Los independientes obtuvieron 2 millones 320 mil votos. La coalición conservadora, 1 millón 173 mil. El bloque de seis partidos encabezados por el Partido Comunista, 1 millón 70 mil votos. La lista del Apruebo (los siete partidos de la ex Concertación), 825 mil votos.

 

En la Convención habrá 48 constituyentes “independientes”; 37 de la derecha (entre ellos 17 de extrema derecha); 28 del bloque PC-Frente Amplio (7 comunistas, 9 de Revolución Democrática, 6 de Convergencia Social, y 6 de partidos menores) y 25 convencionales de la ex Concertación. También se cuenta uno o dos independientes entre los 17 convencionales de los pueblos originarios. Sin embargo, no todos los “independientes” son independientes. Los hay de izquierda, centro y derecha, muchos son ex militantes de partidos. La Lista del Pueblo, que obtuvo 27 escaños, agrupa a “independientes” más inclinados a la Izquierda. En cambio los 11 convencionales de la lista Independientes no Neutrales, son más cercanos al centro socialdemócrata. En resumen ningún sector tendrá por si solo la llave del cerrojo constituyente: ni el tercio vetador, ni dos tercios de mayoría absoluta. Si las agrupaciones neoconservadoras se mantienen unidas y dialogantes con la centroizquierda y los independientes moderados –lo cual no es fácil-, podrían guiar la Convención en un derrotero gatopardista que cambie todo para no cambiar nada. Existe, sin duda, el peligro que la Convención se construya con sal y agua y –¡otra vez!- el pueblo sea víctima de una estafa política.

Si esto ocurriera -por desidia de sectores políticos arracimados en sus intereses particulares- , el derrumbe definitivo de la institucionalidad sería un hecho que abriría paso a una aventura de derecha o izquierda.

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El pueblo ha elegido un camino pacífico, democrático y razonable para cambiar los fundamentos de la Constitución y la selva de leyes y reglamentos que de ella dependen. Se aspira a cambios de verdad. La hojarasca ya está en la Constitución dictatorial de 1980 –con los apéndices de 2017-, cuyo artículo III consagra el derecho a la vida y la integridad física y psíquica de la persona y prohibe la aplicación de todo apremio ilegítimo (¡sic!). Reconoce también el “derecho” de los ciudadanos a la educación y salud. Y a un manojo de otros “derechos” democráticos en sus casi 130 artículos y disposiciones transitorias. Proclamarlos en la nueva Constitución no le dará frío ni calor a la derecha ni a la centro izquierda, co-autores de la cataplasma que tenemos de Constitución. Tampoco estarán en desacuerdo en reconocer el carácter plurinacional de la nación chilena. Lo mismo en admitir la igualdad de hombres y mujeres en los cargos de representación pública o de administración de las instituciones. Sobre todo aquello habrá consenso en la Convención. Lo que permanecerá intocable es el corazón de la Carta Magna: el modelo económico, capitalista y neoliberal, implantado por una dictadura mediante el terrorismo de estado. Para modificarlo, aunque sea parcialmente, se requerirá un ajedrez político y visión estratégica que hoy se encuentran perturbados por la dispersión y sectarismo.

Mientras se cuecen las habas de la Convención, los partidos están más interesados en las elecciones presidencial y parlamentaria de fines de año. Ocurre que el acontecer político y social marchan por carriles diferentes. Los partidos prosiguen imperturbables en su afán electoral. Para ellos es lo de siempre, pisan terreno conocido. Lo demostraron las elecciones municipales y de gobernadores, simultáneas con la de constituyentes. Con una abstención superior al 60%, los partidos tuvieron mejores resultados que en la elección de constituyentes. Partidos fuertes en lo municipal son pelos en la sopa de la Constituyente. La Democracia Cristiana, que fue un gran partido de masas, eligió solo un convencional, su ex presidente. Pero tiene abundantes alcaldes y concejales.

Los partidos están anclados en el pasado. Por eso las elecciones presidencial y parlamentaria de noviembre están en el centro de sus preocupaciones y no así el debate constitucional. Los que sí lo hacen son los avechuchos de las organizaciones empresariales y sus tentáculos ideológicos: los medios de comunicación, las encuestadoras de opinión y los think tank especialistas en manipular conciencias.

No obstante, a parejas con la política tradicional, están desarrollándose los embriones de poder popular sembrados por la rebelión de octubre del 2019. Millares de organizaciones del pueblo, derramadas por el territorio, desde ollas comunes a juntas de vecinos y clubes deportivos, tejen el entramado social de un nuevo poder. El poder popular en germen trae consigo la revolución cultural necesaria para derrotar la hegemonía ideológica del neoliberalismo. No obstante, el poder popular y la revolución cultural no tendrán éxito fácil. El poder del sistema de ideas del capitalismo -que incluso alcanza a sectores de izquierda-, impide un salto revolucionario. El consumismo enloquecido ha retornado por sus fueros. Lo alimentan más de 80 mil millones de dólares de los ahorros previsionales de los trabajadores y los bonos que distribuye el Estado. Las importaciones de bienes de consumo alcanzan en los primeros cinco meses del año a más de 8.700 millones de dólares, entre automóviles, computadores, celulares, televisores, electrodomésticos, etc.

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Ante esta realidad resurge la necesidad de construir una Izquierda socialista (del socialismo de este siglo, por cierto) dotada de una táctica que permita avanzar en la construcción del poder popular y de la revolución cultural.

En el plano político tradicional las elecciones presidencial y parlamentaria de este año tienen importancia en la medida que viabilicen las tareas de la Convención Constitucional y protejan las movilizaciones populares que presionarán por cambios profundos.

Para cumplir la función que les está señalada para ese periodo, los partidos tradicionales democráticos deberían actuar unidos. Tienen un historia común en pactos electorales, gobiernos comunales, incluso han gobernado el país en coalición. Ninguno puede aplicar cánones moralistas –al estilo de “no me tiznes dijo el sartén a la olla”-, que se han convertido en vallas insuperables para derrotar a la derecha en las elecciones de noviembre. El sectarismo hizo imposible la lista única de candidatos a la Convención y el cuento se repite hoy con los mismos argumentos.

Hay que tomar los ejemplos que dieron las fuerzas populares en la Región de Valparaíso, en la comuna de Santiago y en otras localidades donde la unidad de partidos políticos y organizaciones sociales permitió alcanzar la victoria en gobernadores, alcaldes y concejales.

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La alcaldesa electa de Santiago, Irací Hassler, comunista, “fue electa candidata en una primaria de un proceso programático del que participaron todas las fuerzas de la Izquierda, incluyendo no solo al PC y al Frente Amplio sino que otras organizaciones como el Partido Igualdad y el Movimiento Patriótico Manuel Rodríguez, y medio centenar de organizaciones sociales de la comuna, como juntas de vecinos, clubes culturales, la Coordinadora Nacional de Inmigrantes, asambleas territoriales y cabildos populares. Este proceso concluyó con un programa de Alcaldía Constituyente (así se llama) y la candidatura de Irací, cuya gestión está comprometida con una amplia participación ciudadana” (1).

Este es, sin duda, el camino para la construcción del poder popular y la batalla de ideas de este tiempo. No hay que detener la lucha social a la espera de las resoluciones de la Convención Constitucional. El pueblo debe impedir que los cacicazgos electorales aborten el cambio social y político que necesita Chile.

 

MANUEL CABIESES DONOSO

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1 de junio de 2021.

 

(1)        Acotación de Manuel Hidalgo Valdivia, de la Coordinadora Nacional de Inmigrantes.

(2)        Errare humanum est: varios lectores han reparado un error en mi columna “El pueblo habló, ¿cachai”. El demócrata cristiano Jaime Ravinet, en efecto, fue el primer alcalde de Santiago después de la dictadura, no Joaquín Lavín que fue el segundo. Agradezco la rectificación.

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https://www.puntofinalblog.cl/post/los-payasos-se-van-pero-llegan-otros

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Fundador de revista Punto Final

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  1. Recuerdo cuando en 2013 en este mismo medio existían comentaristas que criticaron a Cabieses por no apoyar la candidatura de Bachelet. Le llamaron “vaca sagrada”. Hoy, sin embargo, Cabieses mezcla el “poder popular” con:

    1) Una Camila Vallejo que reivindicó el super progresivo segundo gobierno de Bachelet y promete darle más gobernalidad al empresariado que la misma Concertación:

    “Pero volviendo a la pregunta, quién ha sido incapaz de generar gobernabilidad es la derecha. Mira donde están: no logran gobernar y el descontento crece con un gobierno de derecha. Se aferran a los intereses de la clase empresarial, pero ni siquiera le están haciendo un favor a los empresarios en este momento. Muchos empresarios deben sentir vergüenza por el representante que tienen en La Moneda, porque no resuelve los conflictos, los agudiza».

    –¿En ese diagnóstico incluyen al gobierno de la Nueva Mayoría, del cual ustedes fueron partícipes?

    «Nosotros creemos que en el gobierno de la Nueva Mayoría hubo un programa radicalmente distinto, que fue pensado para restituir el derecho a la educación, gratuita, de calidad y sin lucro. Fue parte del programa, una reforma tributaria que permitiera distribuir la riqueza…»

    –¿El segundo gobierno de Michelle Bachelet fue neoliberal?

    «No, ahí se hizo el esfuerzo para superar el modelo neoliberal. El problema que tuvimos, y la experiencia que tuve adentro, es que tuvimos personas que atornillaban para otro lado dentro del mismo gobierno, que dijeron que no se habían leído el programa. Hubo un programa con miras a la superación del modelo, un programa que incorporó además el Proceso Constituyente. Fue un ejercicio inédito de cabildos para un proceso constituyente, que no llegó a término y que es parte de las razones de la revuelta popular que terminó señalando la necesidad de cambiar la Constitución de una vez por todas».
    Camila Vallejo – Candidatura Jadue Ofrece Más Gobernabilidad que la Derecha o la Concertación (10 mayo)

    2) Una alcalde de Santiago electa cuya militancia comunista no es óbice a múltiples vinculaciones conscientes y deseadas con el gran empresariado:

    “Estos datos pueden parecer poco importantes, pero en realidad representan un fuerte contrasentido en la campaña política de la joven comunista, quien en reiteradas ocasiones ha afirmado luchar en contra de los privilegios y la acumulación de riquezas que ostenta el empresariado. Lo cierto es que hoy, tiene una relación comercial con el que es señalado como “El Señor del Agua”, líder de los empresarios agrícolas y abierto opositor de una nueva constitución.

    Según la declaración hecha en Estados Financieros 2020, la inversión de La Campana en Frutícola Olmué, que es del 7%, tiene un valor de 45 mil millones de pesos.

    Esto quiere decir que, si se calcula el 5% de participación que ella tiene en la sociedad de inversiones que comparte con su padre Rolf, su patrimonio ascendería a los 3 mil millones de pesos.
    Además, algo que se suma a esta polémica es la comentada acción que protagonizó Frutícola Olmué en 2019, que luego del estallido social despidió al 15% de sus trabajadores argumentando problemas económicos, a pesar de los 9 mil millones de ganancia que declaró la compañía ese mismo año.

    Su participación en otra empresa

    Sumado a la polémica anterior, se ha conocido la participación de Irací Hassler en otra empresa relacionada a Juan Sutil. En marzo de 2019 Inversiones La Campana se asoció con el empresario para crear Sutil Organic Farms, valorada en unos 3 mil millones de pesos”
    Chile por arriba – las conexiones financieras en la elite. Caso Hassler-Sutil (10 mayo)

    3) Un Guillermo Teillier que reivindica el gobierno de Lagos y los dos gobiernos siguientes de Bachelet:

    “Nosotros no teníamos problema si el PPD le entregaba su apoyo a Narváez, incluso si lo hacían el PR y la DC. Pero no como firmantes del acuerdo. Hacía una semana que el PPD había anunciado la imposibilidad de ir a una primaria con nosotros y nadie del PPD se acercó a conversar otra posibilidad. Era como si entraran por la ventana».

    «Nunca le hemos faltado el respeto. Podríamos hablar de las faltas de respeto, pero no viene al caso. Sobre lealtades, el PS sabe de nuestro comportamiento en gobiernos de Salvador Allende y Michel Bachelet. De una alta lealtad. No fuimos nosotros los que tras la derrota de la Nueva Mayoría quebramos las relaciones, nos dejaron fuera sin aviso. A pesar de ello y de lo ocurrido ayer, nos interesa tener una buena relación con el PS y también con su candidata. En la segunda vuelta, gane en la primera vuelta Narváez, o Boric, o Jadue, seguramente será necesario conversar».

    «La prepotencia nunca es buena consejera. Sólo recordar que Ricardo Lagos fue presidente con votos del PC. Y Michel Bachelet, en su primer mandato, con nuestro acuerdo de votar por ella en segunda vuelta, obtuvo la presidencia. Después de eso vino un pacto instrumetal, en que elegimos tres diputados, pero a cambio de casi toda nuestra votación a favor de candidaturas de la ex Concertación y su candidato presidencial en segunda vuelta el 2016. Además entramos a competir, y en mi caso con un diputado en ejercicio, y le gané».
    Teillier y el PS – “Nadie Ha Puesto una Lápida o Construido un Muro” (21 mayo)

    4) Un tecnócrata pyme militante del PC que reivindica sus propuestas de dearrollo nacional para el segundo gobierno de Bachelet:

    “Desde fines del 2012, un par de dirigentes de CONUPIA y cuatro académicos empezamos a discutir una propuesta de programa mipyme en los albores de la existencia de la candidatura Michelle Bachelet, y la creación de la Nueva Mayoría. Se hablaba entonces de la necesidad de cambios estructurales en la sociedad chilena. Ese trabajo expresado en el documento 2014 – 2017 ‘El desafío de las empresas de menor tamaño, un modelo de desarrollo y una estrategia económica por la equidad’, entregado en mayo del 2013 a la candidata en un encuentro con dirigentes de CONAPYME y que significó en los hechos el quiebre de esta organización a posterior.

    Por primera vez un grupo amplio de mipymes organizados se metía en el debate, con una mirada estratégica no neoliberal y también con visos antineoliberales

    …es absolutamente pertinente hoy y debiera ser la base de cualquier proyecto de una candidatura antineoliberal y que aspira a incluir también a los no neoliberales, como la que encabeza Daniel Jadue”
    (Especial – La Realidad de las Empresas de Tamaño Menor en Chile, José Luis Ramírez , 1 junio)

    5) Un tecnócrata PC experto en pensiones que reivindica su acción en altos cargos del Segundo Gobierno de Bachelet y da simpáticas entrevista en el Diario Financiero:

    “En entrevista al Diario Financiero, el economista de la Universidad de Chile, Fernando Carmona, ex jefe de asesores de la Subsecretaría de Previsión Social durante el segundo mandato de Michelle Bachelet, explica los alcances de la propuesta previsional de Jadue, la que se basa principalmente en el esquema de seguridad social de Suecia”
    (Fernando Carmona, encargado de pensiones en la candidatura de Daniel Jadué – “Para nuestra propuesta miramos el modelo sueco de cuentas nacionales, Diario Financiero, 28 mayo)

    Conclusión:
    ¿Qué opinarían los antiguos compañeros de armas de Cabieses sobresu actual posición política? ¿Qué dirían von Schouwen, Miguel Enríquez, Augusto Carmona y Jaime Barros?

  2. Gino Vallega says:

    En el segundo gobierno de la sra. Bachelet , sus principales ministros fueron SIEMPRE DC y no son ejemplo de centroizquierda ni de lealtad popular.
    La invención de Bachelet con planes para revertir el neoliberalismo son propuestas de “realismo político mágico”.

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