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Unidad de la izquierda ¿qué es eso?

Se insiste en confundir las negociaciones electorales en la izquierda con un proceso unitario del sector.

¿Será así?

No, no es así.

Creer que lo que sucede en las cúpulas de los movimientos o partidos que se disputan sus mejores opciones presidenciales y parlamentarias tiene que ver con la unidad de la izquierda, no es otra cosa que una falacia.

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Para decirlo como es: lo único que comienza a construirse desde arriba son los hoyos.

Lo cierto, lo dramáticamente cierto, es que la unidad de la izquierda aún ni siquiera se vislumbra. Peor aún, ni siquiera se sabe qué es. No hay una definición consensuada para ese fenómeno, por lo tanto, tampoco se sabe cómo se hace.

¿Qué se requiere para que rojos y amarillos, audaces y remolones, reformistas y pasados para la punta y muchísima gente fuera de estas o de cualquier clasificación que se definen de izquierda logren andar de consuno, tras un mismo objetivo?

Desde el punto de vista de quien no tiene ningún interés partidista en esas maniobras, es de cierta manera fácil aventurar algunas ideas.

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En primer lugar, debe reconocerse que la eterna crisis de la izquierda se origina en la ya casi olvidada forma en que se negoció la retirada ordenada de los militares del poder, de todo el poder, y el acceso a ese poder de lo que había sido parte de la izquierda, que en breve compraría a fardo cerrado lo hecho por el tirano.

Para que no se nos olvide: durante la dictadura hubo una izquierda heroica, valerosa, decidida, que hizo cuánto pudo para derrotar la dictadura, que ofreció sus mártires y pagó con prisión, tortura y destierro su valor.

Mucha de esa gente, la que aún está viva, y cuerda, sigue mirando lo que está pasando a través de los visillos.

Sería el entendimiento desconocido y contradictorio de lo que se definió a partir del primer gobierno posdictadura, lo que dejó a esa gente en condiciones de errantes, en las sombras de una democracia fraudulenta que heredó mucho del afán tiránico de la dictadura, incluida una economía que ha hecho mierda el país y la vida de la gente humilde.

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Repitamos: hubo una izquierda que, con el falso expediente del fracaso de la Unidad Popular, compró a fardo cerrado la idea de que el neoliberalismo puede ser reformado en pro de la gente trabajadora, de los pobres.

Hubo otra que quedó atrapada en indecisiones y sin saber muy bien qué hacer con el hecho de haber luchado con determinación y audacia contra la dictadura, que sufrió la persecución, la prisión, la tortura y cuyos militantes vieron la muerte demasiado cerca.

Y otra más: el pueblo de izquierda que siempre se mantuvo leal a la memoria de Salvador Allende, que sufrió la persecución, luego la economía inhumana, la burla de los que accedieron luego de los militares y el abandono de sus otrora vanguardias.

Visto así, la cosa no es tan fácil como ponerse de acuerdo en un candidato, una lista parlamentaria y un amago de programa que se va a olvidar no más se sienten en sus sillones, como ha sido casi siempre.

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Nada de eso tiene que ver con una supuesta unidad de la izquierda. Eso es política de coaliciones, acuerdos electorales, cuando no politiquería, esa misma que, dicen, se proponen superar

Luego, parece que la unidad de la izquierda es un proceso más complejo.

De entrada, considerando que cualquier política definida como de izquierda debe tener una vocación de mayoría y de poder, hará falta un instrumento político armado de una propuesta con tal energía y arraigo popular, que su gravedad debería afectar seriamente a todo el que se diga de izquierda.

Y lo más importante: debe construirse con los pilares firmes que solo el pueblo sabe levantar, tan democrática como la sociedad que se propone, en donde cualquiera pueda decir su opinión y esos cualquieras sean los que elijan a sus representantes y los saquen de sus cargos si incumplen, abusan o intentan quedarse apernados por toda la vida.

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Lo que impulsará un proceso unitario serán acciones políticas seductoras y decididas que levanten la vista a algo más complejo y definitivo que un mero gobierno, una bancada parlamentaria o muchos alcaldes o concejales, por importantes que sean.

Dicho en simple: que convoquen al pueblo a luchar por la construcción de un país hecho a la medida necesaria para que los niños y los viejos sean felices.

No parece tan difícil.

 

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Por Ricardo Candia Cares

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Escritor y periodista

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  1. Gino Vallega says:

    La IZ tiene muchos más bemoles y sostenidos que la DERÉ y mucho más quilombo también….al menos en Chile , con un 80/20 en proporción.Todas las IZ
    eligieron a un 80% de la CC y el cacareo del 20% de la DERÉ los tiene inmobilizados ,en particular un exmilico de la junta , Arancibia , que insiste en ser el mentor de la comisión de los DDHH…hase visto tal patudez? Ahora ,que ese 80% esté unido bajo argumentos básicos comunes….NO , ni de cerca ni de lejos.No hay UP posible en el día de hoy.

  2. Siempre es mas fácil criticar a las izquierdas desde una supuesta posición popular pero que nunca definen cual es, ni menos que significa ni que acumulación de lucha tienen. Este señor siempre escribe lo mismo. desde una suerte de posición moral y se ubica por encima del bien y del mal da consejos y destruye a todos los sectores de izquierda. Para él todo es malo, nunca se avanza. Puros lugares comunes. Ni una sola idea concreta. solo la critica de una suerte de catón moral…. Un articulo que no dice ni aporta absolutamente nada…

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