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La izquierda ante las elecciones: ¡te quiero ver, mascarita!

De haber una izquierda anclada en el pueblo, originada desde éste y organizada al modo correcto, desde abajo hacia arriba; una izquierda que haya leído autocríticamente esta historia y que haya aprendido de la brutal pedagogía de la inconsistencia y de paso haya bloqueado todo intento de egolatría y puesto los ojos en una estrategia que no le tema a luchar por el poder; que hubiera rescatado con la frente en alto la memoria alegre y viva del mejor gobierno que ha tenido Chile, encabezado por el más digno de sus presidentes, Salvador Allende, y aprendido de sus errores pero sobre todo de sus increíbles aciertos, la lista de candidatos a la presidencia se habrían estrechado hasta lo preciso, entre otros efectos más complejos.

Pero no.

Desde que el tiempo es tiempo, la culpa ha sido más bien del chancho que del que le da el afrecho.

Y si el horizonte político está plagado de esos personajes: los que aprovechan la oportunidad que les prodiga la inexistencia de la izquierda como la que merece el pueblo castigado y vuelto a castigar, para meter la puntita, será en gran medida responsabilidad de los que no han (hemos) hecho lo necesario.

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Previeron un horizonte que les rindió -podría rendirle y/o le rendirá- réditos legítimos y al alcance de la mano.

¿Se les puede reprochar?

Uno podrá no estar de acuerdo con quienes desde la izquierda han propuesto un camino en el que no les ha ido mal. Tanto como denostar o criticar a quienes no comparten nuestras propias ideas respecto a lo que hay que hacer, vale la pena intentar una crítica para saber por qué quienes dicen tener las claves del éxito no han podido dar pie con bola.

Habría que excluir, por cierto, el caso de la Lista del Pueblo, cuya bruma no permite saber con exactitud qué hubo ahí, si mano inexperta, torpe o mora.

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Ha faltado coraje para levantar la bandera de la izquierda, una sola, anclada en este tiempo tan distinto al de anteayer, en un mundo en el que se juega la supervivencia de la especie humana sobre la faz del planeta castigado por la intercesión del fracaso del neoliberalismo.

En este mundo falta una idea que seduzca a la gente desesperanzada.

La izquierda chilena aún reacomoda sus placas tectónicas luego del año 91, sin tener conciencia cabal de aquel cataclismo. No fue transición democrática: fue el acomodo de la dictadura a un par de tonos más abajo, encubierta con la pátina democrática de las elecciones. Ese largo proceso es la evidencia de que la derrota de la izquierda fue algo más que quedar debajo de la mesa.

La que usted ve conformando listas presidenciales y parlamentarías, no es toda la izquierda ni la más representativa.

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Se pregunta dramáticamente en broma: ¿el estallido de octubre fue para optar entre Boric, Enríquez Ominami, Artés o Provoste?

Por cierto que no. ¿Y entonces?

Aventuramos que aún no se expresa con toda su profundidad y perspectiva aquello que reventó en las calles y plazas del país: el rechazo más absoluto a la existencia del actual orden cultural. Todo él.

Lo que ocurre hoy en la Convención Constituyente, es un error de la matriz llamado Sebastián Piñera. En oficinas secretas se habrá discutido a matacaballo la solución a un estado de cosas que ponía en peligro todo lo que hay. Era cosa de tiempo para que pasara de castaño a oscuro: Carabineros estaba abandonando sus cuarteles y los empresarios patriotas, el país.

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Lo lógico era que el presidente de la república y el congreso renunciara para dar paso a nuevas elecciones. Habría sido una manera de destrabar el conflicto. Pero la egolatría del más torpe de los presidentes que han sido, lo que ya es harto, pudo más y entregó la Constitución de Pinochet/Lagos.

La exigencia de una nueva constitución jamás estuvo entre las primeras y más importantes reivindicaciones del estallido. Antes, figuraba la renuncia de Piñera, mejor salud, mejor educación, mejores pensiones y, por cierto, el mayor rechazo al sistema político: parlamentarios, ministros, presidente de la república debían irse.

Fue entonces que la izquierda, esa que reclama sumida en su irrelevancia, perdió el norte. O no supo. O no quiso. O no fue capaz. O todas las anteriores.

Ahora, de cara a las elecciones, solo resta mirar el sarao tras los visillos y apretar los dientes. Está claro que ninguno de los representantes de la izquierda es lo que se espera. Pero fue esa la gente que hizo la pega.

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¿Boric, Enríquez Ominami, Artés o Provoste? Buena pregunta si se considera que del otro lado está la ultraderecha más abyecta del planeta.

Como dice el tango: ¡Aquí te quiero ver, mascarita!

 

Por Ricardo Candia Cares

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Escritor y periodista

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  1. Me quedo con Artes para primera vuelta y abstención para segunda si la hay, claramente Yasna es DC y esta todo dicho, Meo va por el dinero que cada voto le traerá, Boris extrañamente empezó a transar en la U cuando estaba perdido ante Camila y la derecha le dio sus votos, luego en la cocina de la constitución donde participo por sus pistolas junto a la derecha mas reaccionaria para la constitución de los 2/3, y por ultimo su política anticomunista y ceguera para no entender los procesos de Cuba y Venezuela y su ignorancia de lo que pasa en Nicaragua llevo a que la derecha le diera sus votos contra Jadue.
    Fuera de Artes no veo donde ir.

    • Margarita+Labarca says:

      De acuerdo, primera vuelta Artés y segunda, abstención. No veo por qué ponen a Provoste dentro de la izquierda. La verdadera izquierda está en la calle.

  2. Landy Aurelio Grandon says:

    Se acuerdan del Cura de Catapilco?
    Ëste fue una exitosa invención de la derecha. Perjudicó la primera postulación del gran Salvador Allende.
    De ahí, la derecha –malévola y criminal como siempre– ha repetido una y otra vez la misma treta y otras para perjudicar los mejores proyectos de la Izquierda.
    Si los nuevos dirigentes de la Izquierda no se esfuerzan en ser más inteligentes y preparados que los enemigos del pueblo, volveremos a vivir otra versión del curita buena gente y bonachón que nos pena hasta hoy.

  3. Gino Vallega says:

    Me imagino que le derecha no está muy complicada con los candidatos de la IZ para la 2da vuelta (si pasa Siñera) pues el baile seguirá siguiendo la misma tonada del 90 : si pasara Yasna y Boric , el rechazo votarría DC , que han sido aliados del “preso” PI en casi todo orden de cosas.Artés? ME-O? Han logrado inscribirse y recibirán los pagos que los mantendrán a flote hasta la próxima elección.Lo mismo para otro par de candidatos centro-deré que no recuerdo ni sus nombres.Si pasa Sichel , toda el “potpourrí IZ” votará por el centroIZ compitiendo?En todo caso , la emoción de esta presidencial está al mínimo :
    la IZ propiamente tal (contando con el O-18 como IZ) no lleva candidato.

  4. Se ha equivocado Candia. La culpa no es del chancho, sino
    de quienes les dan afrecho. Esa es la Verdad. No hay donde
    perderse.
    Con todo estos hambrientos de poder que se creen Izquierdistas
    se ve un claro panorama para la derecha; que por lo demás
    está feliz.
    Y se reitera: la culpa es de QUIENES les dan afrecho al chacho
    No se debe olvidar….

  5. Renato+Alvarado+Vidal says:

    Me permito plantear dos discrepancias con el señor Candia, cuyos artículos siempre valoro.
    En primer término, la demanda por una nueva constitución vía Asamblea Constituyente, SÍ estuvo entre las primeras y más importantes reivindicaciones de la rebelión popular y fue prueba de la madurez política de nuestro pueblo; es cosa de revisar las fotos y leer las pancartas que allí y entonces se levantaron.
    En segundo término, yo no pondría al Sr. Artés en el mismo lote que los otros tres mencionados. Ciertamente los grupos que lo respaldan no evidencian una práctica de masas y no recuerdo haber visto sus banderas en las calles durante la rebelión, al menos no aquí en Puerto Montt, pero es el único con una postura explícitamente anti neoliberal – por ende anti capitalista – y eso lo diferencia inmediatamente de esas otras tres candidaturas.

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