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¿Qué es y qué pretende ser el Frente por la Unidad de la Clase Trabajadora?

El pasado lunes 23 de agosto en medio de la pirotecnia electoral del régimen y la tragicomedia de los MEO, Ancalao, Dr. File y demás extravagancias, se inscribió la lista parlamentaria del Frente por la Unidad de la Clase Trabajadora (FUT). El frente electoral, que llega a la papeleta de noviembre al amparo del Partido de los Trabajadores Revolucionarios (PTR), agrupa además al Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), Socialismo Revolucionario (SR), Frente de Unidad y Lucha (FUL) y a nuestra revista, El Porteño. Se trata de un esfuerzo de organizaciones de la vanguardia activista por poner en pie en el escenario electoral las banderas de la clase obrera y la revolución socialista. Se trata del primer frente político en Chile —después de 1973— que interviene electoralmente reclamando una salida obrera y revolucionaria a la crisis.

Como no podría ser de otra manera esta iniciativa ha sido objeto de múltiples críticas. Las más extendidas calificaron esta iniciativa como sectaria y autoproclamatoria, estos conceptos vinieron de parte de quienes sostenían otras opciones electorales principalmente desde la Lista del Pueblo. En menor cantidad —pero con mayor reflexión política— otros compañeros observan esta iniciativa como oportunista, una réplica del Frente de Izquierda y los Trabajadores-Unidad (FIT-U) en la Argentina (referente electoral que lleva más de dos décadas concentrando la participación de partidos trasandinos que se reclaman trotskistas y que tiene como principales referencias al PTS y al PO). Quienes nos motejan de oportunistas ven en el naciente Frente por la Unidad de la Clase Trabajadora (FUT) un planteamiento puramente electoralista y adaptativo al régimen.

Tales cuestionamientos, por su seriedad, merecen atención y en consecuencia clarificación desde el programa revolucionario socialista. Y desde esa ubicación creemos oportuno citar la declaración constitutiva del FUT en la cual con meridiana claridad se afirma que el mismo se conforma como un frente de clase, «Un frente de trabajadores que denuncie los ataques de los empresarios y las trampas de los viejos partidos del régimen, así como la conciliación de quienes se dicen representar al pueblo pero terminan junto a la derecha y la vieja Concertación». Coherente con esta definición se propone a la clase trabajadora «retomar el camino de la lucha, movilización y autoorganización independiente …, en la perspectiva de la huelga general, que permita terminar con el Chile de la transición y luchar por un gobierno de la clase trabajadora en ruptura con el capitalismo y por el socialismo».

Son en consecuencia, tres los factores que unifican al FUT como acuerdo político. Primero el carácter de clase, no tendencial ni faccioso, concebido como un frente único obrero, explicitado en su propia denominación de «clase trabajadora»; segundo, que este frente lo que propone no es construir una bancada parlamentaria sino que retomar el camino de la movilización, la huelga general y la acción directa; tercero, finalmente, que tales tareas se plantean con el claro objetivo de instaurar por la vía revolucionaria un gobierno de los trabajadores, apoyado en los órganos de poder que el propio proceso revolucionario abierto en Octubre del 19, comenzó a construir. Estas definiciones rompen estratégicamente con toda la concepción frentepopulista que ha sustentado el accionar de la izquierda reformista que gira en torno al PS y el PC en en los últimos casi cien años en nuestro país, y son una conclusión obligada del balance que hacemos referido al fracaso de la llamada «Vía chilena al Socialismo». Ni somos los primeros, ni somos los únicos que rompemos con el reformismo, pero sí somos quienes expresamos hoy —política y organizativamente como frente— la orientación de intervenir como revolucionarios en el parlamento burgués.

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Lo expuesto forma parte de la tradición marxista de intervención en los parlamentos burgueses, como quedara refrendado en el II Congreso de la Internacional Comunista: «Para los comunistas, el parlamento no puede ser actualmente, en ningún caso, el teatro de una lucha por reformas y por el mejoramiento de la situación de la clase obrera, como sucedió en ciertos momentos en la época anterior. El centro de gravedad de la vida política actual está definitivamente fuera del marco del parlamento…Por eso el deber histórico inmediato de la clase obrera consiste en arrancar esos aparatos a las clases dirigentes, en romperlos, destruirlos y sustituirlos por los nuevos órganos del poder proletario (soviets)».

La intervención revolucionaria que planteamos no persigue —por lo mismo— fortalecer las expectativas que hoy tienen los trabajadores en la institucionalidad patronal, sino que muy por el contrario, contribuir a la ruptura política de las masas con la democracia patronal, propiciando la lucha extraparlamentaria como una lucha abierta y desembozada por el poder político. Bajo esta premisa, por ejemplo, la libertad a los presos políticos, la disolución del aparato represivo estatal y el juicio a castigo a Piñera, a su gobierno de criminales y a sus cómplices, se encuentra orientado hacia una perspectiva de lucha de clase contra clase.

Intervenimos, finalmente, en el parlamento de la Constitución de Pinochet no por simple capricho, sino por la constatación concreta y material de que en esta fase de la lucha de clases —remitidos los síntomas de la insurrección del 19— los explotados han recreado sus ilusiones democráticas y ante la manifiesta falta de una dirección política de clase, han puesto su atención nuevamente en el terreno electoral.

No se trata como lo plantean algunos sectores ultimatistas, de que por principio no se deba intervenir en el parlamento burgués a pretexto de que con ello se legitima el régimen. Plantearle a los trabajadores que «se organicen y luchen», sacándolos de la discusión política concreta que hoy llevan adelante, no sólo impide construir un puente entre los trabajadores y el programa revolucionario, sino que condena al activismo a atrincherarse en la retaguardia del movimiento social.

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Efectivamente, la mecánica aceptación de la idea de que el 50% de abstención en las recientes elecciones es manifestación de tal superación de las ilusiones democráticas, parece no advertir la enorme significación que tuvo el fenómeno electoral de la Lista del Pueblo, espacio que concentró hasta su desastroso final con el fraude de Ancalao, una parte significativa de la expresión política del activismo callejero del levantamiento popular.

Lo hemos afirmado, el Frente por la Unidad de la Clase Trabajadora (FUT) es hasta ahora un simple acuerdo electoral, sustentado en una declaración programática que hace propios los reclamos de las masas y las proyecta como Gobierno de la Clase Trabajadora. El FUT es, por lo mismo, hasta ahora un acuerdo de organizaciones revolucionarias que se plantean dar una lucha política en el terreno de las masas y con una orientación de vanguardia. No es más que eso. Pero tampoco menos, porque la aspiración de este referente es contribuir al proceso de conformación de una nueva dirección política de los explotados y en este proceso tienen cabida unitariamente todas aquellas organizaciones que se reclamen de los trabajadores y de su propia revolución. No hablamos de una simple campaña electoral, hablamos de un esfuerzo de unificación y construcción de redes de organizaciones y militantes al calor del proceso electoral, pero muy particularmente pensando en el momento en que esta campaña electoral se haya agotado, después de noviembre. Nuestra campaña política persigue poner de relieve el ascenso huelguístico del último período y proponer los triunfos de los compañeros de Tottus Copiapó-Vallenar y de los sindicatos del rol B de la División Andina de CODELCO, como referentes y como camino a seguir.

El programa clasista y revolucionario del FUT persigue —por sobre cualquier otra consideración— expresar políticamente a las masas en lucha, del momento que no sólo reivindica el socialismo sino que enfrenta las concepciones institucionalistas e identitarias del posmodernismo frenteamplista. En efecto, mientras el frenteamplismo se orienta estratégicamente a la defensa de las minorías y la búsqueda del consenso social dentro del orden capitalista (no otra cosa es el Acuerdo por La Paz), los socialistas propugnamos como estrategia la defensa de la mayoría explotada y el enfrentamiento de clases como vía para acabar con el orden capitalista. Dicho de otra forma, mientras el posmodernismo propone una salida aristocrática y burguesa a la crisis, los socialistas planteamos una salida democrática, de ruptura institucional y de poder obrero frente a la crisis del conjunto de la sociedad capitalista. El zapato chino de la Convención Constitucional tiene como base al día de hoy, esta cuestión de clase.

El nervio de nuestro programa —por todas las razones expuestas— está ligado a la acción revolucionaria de las masas que estallaron el 18 de Octubre del 19, que hicieron dos huelgas generales el 23 y 24, que llevaron millones a plazas y avenidas a derrotar la ocupación militar del país dispuesta por el gobierno criminal de Piñera. Nuestro programa nace de la huelga general política del 12 de noviembre que terminó por liquidar al Gobierno y al régimen. De esta experiencia concreta, de los más de 40 ejecutados políticos, de los centenares de mutilados oculares, los miles de presos políticos, de los miles de apaleados y gaseados por las FFEE, de la gloriosa Primera Línea como piquetes de autodefensa de masas, de las asambleas populares y cabildos, de todo ese caldero político y social proviene nuestro programa. Contra el Acuerdo por la Paz, contra sus suscriptores y quiénes se someten a él, contra la institucionalidad patronal y su orden social de explotación y miseria. Que gobiernen los explotados a partir de sus propios órganos de poder, éste es el mensaje político del FUT: que gobierne la clase trabajadora.

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Por Gustavo Burgos

Fuente: El Porteño

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Abogado

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  1. Para los companheros de base que se interesan en estudiar las lecciones de la lucha de clases del pasado para actuar en el presente, en especial las recientes, caben algunos puntos recordatorios.

    1. Socialismo Revolucionario, dirigido entre otros por Patricio Guzmán, votó y trabajó por la candidatura presidencial de Jadue. Esto no implicó el apoyo crítico a un “partido obrero reformista”, sino a una agrupación burguesa (por la posición social de sus cuadros, su programa, su política reciente y aún por su base social) que para propgandizar la postulación de Jadue no tuvo empacho de ensalzar a la vieja Concertación y los partidos de los 30 anhos. Ver los siguientes artículos:
    a) La trastienda del programa de Daniel Jadue, cómo se armó y cómo explican sus puntos más polémicos, theclinic, 18 de junio)
    b) Perfil: Fernando Carmona, el economista PC autor del controvertido programa de Jadue, 18 de junio, ex-ante.cl)
    c) Camila Vallejo – Candidatura Jadue Ofrece Más Gobernabilidad que la Derecha o la Concertación (10 mayo)
    d) Teillier y el PS – “Nadie Ha Puesto una Lápida o Construido un Muro” (21 mayo)
    e) Especial – La Realidad de las Empresas de Tamaño Menor en Chile, José Luis Ramírez , 1 junio)
    f) Fernando Carmona, encargado de pensiones en la candidatura de Daniel Jadué – “Para nuestra propuesta miramos el modelo sueco de cuentas nacionales, Diario Financiero, 28 mayo)
    g) Un Programa de Cambios para un Nuevo Chile, reddigital, 27 junio)

    …Y después de la derrota de Jadue frente a Boric, Socialismo Revolucionario apoyó a Cristián Cuevas, el cual:
    a) Tuvo un rol nefasto en el conflicto sindical de 2007 y tracionó la lucha de los subcontratados (http://cntchile.blogspot.com/2012/08/acuerdo-marco-codelco-ctc-la-sumision.html; http://cntchile.blogspot.com/2012/08/la-cut-y-la-ctc-seguiran-siendo.html; https://docs.google.com/file/d/0B0FxbXnJMMGHMWhjV0FUeTlvbHc/edit?pli=1)
    b) Apoyó la precandidatura presidencial de Jadue justo antes.

    2. El MST:
    a) Presenta un candidato “identitario” que se precia de trabajar con Espacio Público, think tank de la progresía que está detrás de la candidatura presidencial de Boric. Ver en el video siguiente las palabras de Oyarce hacia los minutos finales:

    Frente por la Unidad de la clase trabajadora inscribe listas parlamentarias y CORE (laizquierdadiario.cl, 23 aug)

    b) Es el summum de la política “identitaria aristocrática” desde hace ya más de 1 anho.

    3. El PTR:

    a) Es parte de una Internacional en la cual todas sus secciones nacionales han bregado por la apertura y la eliminación de los controles sanitarios, porque “lesionan las libertades individuales”. Esta política, basada en la mentira de que el Covid es solo una gripezinha (al decir de Boslonoro), lo ha tenido defendiendo las políticas sanitarias del gobeirno brasilenho y últimamente marchando con la derecha fascista en Francia en reclamo contra los controles sanitarios.
    b) Su candidata que trabaja en el área salud da entrevistas hablando con la “e” (ejemplo claro de “identitarismo aristocrático”)

    4. El Potenho:
    a) Hasta 2019 eran parte del Partido Socialista, partido burgués neoliberal. Solo abandonaron sus filas en el mismo momento en que Fernando Atria hacía lo propio, lo cual los hizo incluso afirmar que “no nos vamos del PS porque se va Atria”. Luego de esta ruptura no solo siguieron publicando editoriales firmadas por militantes del PS, sino que hasta hoy no se ha hecho balance serio alguno de la participación en el PS.

    b) Según el mismo Gustavo Burgos, el Portenho nace en el Frente Amplio con el cual rompe en algún momento de 2018. Hay que recordar que el carácter ciudadano-patronal del Frente Amplio no existe solo desde noviembre de 2019 con la firma del Acuerdo por la Paz de Gabriel Boric, sino que es propio de su misma fundación. Para esto, ver el siguiente artículo:
    El Frente Amplio y el reacomodo del bloque en el poder (Zarricueta, Punto Final, 3 de abril 2017)

    c) Desde mediados de 2020, hizo una alianza con Marcel Claude, el cual en 2013 fue candidato presidencial por TALM, en el contexto de lo cual:
    – Fue defendido por Pablo Varas celebrando “la creación de una nueva izquierda que no hablara de clase obrera” (Esa izquierda que ya no queremos….(Pablo Varas, Feb 2013)
    – En el conflicto con Igualdad y Roxana Miranda, los militantes de TALM reconocieron que venían de la Concertación, que era un error que les debía ser “perdonado”

    5. En el Manifiesto que funda el Frente por la Unidad de la Clase Trabajadora (Nace el Frente por la Unidad de la Clase Trabajadora, 20 aug):
    a) Clase obrera no aparece como concepto
    b) Proletariado no parece como concepto
    c) Lucha de clases no aparece como concepto
    d) Explotación no aparece como concepto marxista (aparece solo una vez en la expresión “este régimen de explotación social y opresión”)
    e) Control obrero no aprece como concepto
    f) Clase capitalista no aparece como concepto
    g) Clase dominante no aparece como concepto
    h) Burguesía no aparece como concepto
    i) Pequenhaburguesía no aparece como concepto
    j) Revolución no aparece como concepto
    k) La pandemia no se menciona
    l) Política central es pedirle a un órgano burgués como la Convención Concstitucional que se declare soberana y opere con la democracia hasta el final (órgano que es burgués por su origen -desvío de oct 2020-, composición -mayoría de plena de partidos patronales y minoría muy minoritaria de algo que puede parecerse a representación obrera-, funcionamiento -opera como un congreso burgués, ni se acerca a los atisbos de sovietismo de las asambleas populares y territoriales
    m) No hay mención alguna del problema internacional

    6. El artículo de G. Burgos que defiende este frente hoy:

    a) Afirma que el mismo se basa en una independencia de clase revolucionaria, ajena las tradiciones del PS y PC, pero sin embargo, para ello cita un pasaje del Manifiesto (punto 5) que pone el acento en el “frente de trabajdores”. Hay que recordar que la estrategia del “frente de trabajadores” nace en octubre de 1953 cuando el PSP acaba de quebrar con el Gobierno de Ibánhez, y fue enfáticamente caracterizada por Óscar Waiss (desde 1954 hasta 1969) como una línea tan flexible que podía dar para cualquier cosa y cualquier alianza con partidos ni obreros ni clasistas. De hecho, el PS siempre defendió que la máxima expresión del frente de trabajadores fue la alianza con el PC stalinista, la alianza PC-PS, la cual fue fundamental en: i) propiciar la renuncia de Clotario Blest a la CUT en agosto de 1961; ii) la expulsión de la Izquierda Socialista del PS a mediados de 1961; iii) legitimar una radicalización del PS de nov 1967 que mantuvo en su cumbre a los reformistas Aniceto Rodríguez y Salvador Allende; iv) Bloquear toda tendencia a crear un polo revolucionario durante la UP para romper la alianza con la burguesía que este pacto suponía y sabotear así la emergencia clasista de los cordones por abajo.

    b) La misma entronización la noción de “Clase Trabajadora” ante la inexistencia de la “Clase Obrera” como concepto, viniendo de ex militantes del PS como en el caso de El Portenho, debe sobre alertarnos las implicaciones que esto trae. Esto porque la distinción fue trazada por primera vez por Eugenio González en el Programa de noviembre de 1947, el cual sella la “recuperación ampuerista” del PS. Esta diferenciación es una relegitimación de la estrategia del PS de los 1930s de “frente de trabajadores manuales e intelectuales”, el cual fue explícitamente tomado del fundador del Apra Haya de la Torre, quien en los 1920s originó el populismo latinoamericano para diferenciarse del clasismo y el comunismo. Que esta no es una distinción baladí se ve en que la delimitación hecha por Eugenio González sigue siendo defendida por el ala reformista del PS hasta 1971, aún después del Congreso de La Serena de enero de ese anho…y es funcional para legitimar a la burocracia estatal y parlamentaria, oportunista y carrerista, que se encaramó sobre las bases obreras del Partido Socialista y fue siempre criticada por el correcto sentido clasista de esta últimas desde fines de 1970 hasta el 11 de septiembre de 1973. De hecho, el mismo Ignacio Walker, en su libro de 1990 sobre el socialismo que reedita las tesis de 1974 de Genaro Arriagada sobre la UP, defiende el socialismo reformista de Bernstein ensalzando la citada distinción entre clase obrera y clase trabajadora de Eugenio González y reconociendo su base la política más amplia en el populismo de Haya de la Torre.

    Conclusión:
    I. Quienes buscan la independencia política frente a la antigua Concertación, no encontrarán esto en el Frente por la Unidad de la Clase Trabajadora
    II. Quienes buscan la independencia política de clase, no encontrarán esto en el Frente por la Unidad de la Clase Trabajadora.

  2. Renato+Alvarado+Vidal says:

    ¡Muy buena noticia! La voz de la clase trabajadora era justamente el componente ausente en nuestro panorama político. Sin una clara posición de clase lo demás es pirotecnia post moderna burguesa.
    Cruzo los dedos para que no sea otra ilusión fallida como fue la Lista del Pueblo.

  3. La historia no ha demostrado, que la Sociedad Socialista no se puede construir desde dentro del regimen capitalista vigente. Con el circo electoral no se va llegar a ninguna parte. Para construir el Estado Socialista hay que destruir al estado capitalista…Hay que hacer “La Revolución Socialista”. El pueblo trabajador tiene que prepararse y organizarse para la toma del poder total! Aunque, a los, reformados,renovados,revisionistas y traidores,les duela.
    La historia nos enseño eso,el 11 de septiembre 1973,en estos últimos tiempos en; Venezuela,Ecuador,Bolivia por ejemplo.

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