Política Portada

A dos años del 18 de octubre ¿Despertó? ¿Chile Despertó?

Si bien lo que provocó el Estallido del 18 de octubre de 2019 generó dinámicas que volcó el malestar a la calle y lo convirtió en Revuelta, y se generó una dinámica organizativa que posicionó a las asambleas territoriales en el ejercicio de la política de base, también lo es que hubo estrategias que funcionaron para descomprimir la beligerancia, y la institucionalidad logró imponer sus dinámicas. El gallito sigue, pero aún hay episodios que determinarán el futuro de los procesos que se impongan en la construcción del modelo de sociedad de las próximas décadas.

 

 

Un par, cinco pares, diez pares. Fueron centenares los pares de piernas secundarias saltando por sobre los torniquetes de ingreso al Metro de Santiago durante ese 18 de octubre de 2019. Los y las estudiantes habían organizado otra evasión masiva que se rebelaba en contra de una nueva alza de 30 pesos a los pasajes en el Sistema de Transporte urbano de la capital chilena, el más caro de América Latina.

Advertisement

 

Explosionó una olla que venía acumulando un vapor incendiario que dio cuenta de un malestar que no encabezaban caudillos, ni algún tipo de conducción. Una chispa que provocó el roce de los jumpers azul marinos y pantalones grises saltarines, prendió un combustible que se venía juntando desde hacía décadas en múltiples espacios —desde los tiempos de dictadura y posteriores—, donde la alegría nunca llegó.

 

Una parada, dos paradas, diez paradas. Ya eran 19 las estaciones del Metro que ardían ese mismo día desde el atardecer. Y en la noche, mientras el Presidente Miguel Juan Sebastián Piñera Echeñique consumía pizzas junto a sus nietos en un restaurante del barrio alto, ya estaba claro que no sería una jornada cualquiera de agitación política. Algo estaba pasando y era grande.

Advertisement

 

Aunque más temprano “nada haría presagiar” —como diría el comunicador—, que esa jornada pasaría de ser una manifestación más ni que quedaría marcada en la historia próxima de este país esquina con vista al mar. Ese día, el Chile reciente cambió.

 

¡No son 30 pesos, son 30 años! La consigna marcó las primeras semanas que vinieron después de ese viernes. Rápidamente se posicionó en barrios, en las calles, en plazas, que recibían multitudes que se reencontraban con el concepto de la protesta masiva y la organización, una que canalizaba décadas de frustraciones de una ciudadanía, un pueblo que se sentía estafado, o por lo menos defraudado. Un pueblo que se había —o parecía— dormido, pero despertó. Al menos eso pareció posicionarse en los días, semanas, y meses venideros.

Advertisement

 

¡Despertóóó, Chile despertóóó! El grito se escuchaba en Plaza Dignidad, Plaza Ñuñoa, en San Miguel, Pudahuel, Maipú, e incluso en comunas mejor acomodadas como Las Condes y Providencia. Pronto también se escucharía en ciudades como Concepción, Valparaíso, Antofagasta: Efectivamente, Chile despertó, se sacudió la modorra y salió a la calle.

 

Ya el 5 de octubre de 1988, el plebiscito que dio triunfante a la opción por el NO, bajo la consigna de “La alegría ya viene”, había marcado con el sino de la derrota, o de la estafa, a una buena parte de esa generación que no sólo enfrentó a Pinochet sino que luchó en contra del modelo de la dictadura cívico-militar.

Advertisement

 

Una alegría que nunca llegó, y que consolidó ese modelo instaurado a sangre, cuchillos y fuego, por la clase económica chilena, la que ha gobernado desde 1973. Los militares fueron el instrumento que le permitió camuflarse durante décadas, mientras gobernaban la Concertación de Partidos por la Democracia y Chile Vamos. En algún momento eso tendría que colapsar.

 

Plaza Italia, o Baquedano, cambió de nombre. El pueblo, que espontáneamente se convocó a diario en ese lugar, epicentro de las celebraciones de toda índole, la rebautizó como Plaza Dignidad. Desde los barrios y las organizaciones se fueron sumando a la “Revuelta”, para entre todxs instalar una épica, un símbolo de la rebeldía.

Advertisement

 

Los palos de ciego para tratar de frenar el alzamiento por parte del Gobierno parecían echar bencina al fuego, e instaló también la visión de que sólo de esa manera se conseguía ser escuchadxs. La violencia de Estado recibió una forma muy precaria de respuesta pero suficiente para poner en jaque y en entredicho a la institucionalidad, y la gente buscó escalar y organizarse.

 

 

Advertisement

SE VISIBILIZARON LAS ASAMBLEAS

Desde ese 18 de octubre, no sólo la llamada clase política se vio superada: Los medios de comunicación tradicionales; lxs analistas más conocidxs; el espectro dedicado a la política por oficio o temática no daba el ancho para entender lo que sucedía. No había cabezas que lo explicaran, ni hubo con quien negociar en medio de esos gritos alzados por justicia y dignidad que agarraban fuerza en la multitud, con multiplicidad de mensajes que cuestionaron el modelo económico, político y social.

 

La primera respuesta institucional, y la más visible, fue la represión, manifestada en alrededor de 450 traumas oculares, gente herida, miles de presos y presas que han estado, muchxs de ellxs en una prisión preventiva que ya cumplen dos años, sin condena, contrariando el principio de inocencia hasta que se pruebe lo contrario. En pocas horas, cuando aún no se digería la pizza, el Presidente Piñera declaraba toque de queda y estado de sitio. No era sólo la capital, también en regiones: Concepción, Valparaíso, Temuco, Antofagasta… En dos días el Gobierno ya instalaba a los militares y marinos por doquier, pero las manifestaciones no cesaban. La calle estaba tomada y los barrios también. Al volver a casa, luego de la protesta algo hizo que la vecindad se juntara.

Advertisement

 

Las vecinas y vecinos recurrieron a una forma de organización autoconvocada. En los territorios florecieron prontamente las asambleas. Ese desierto organizativo, que subsistía al alero de algunas organizaciones de base, como excepcionales juntas de vecinos de villas o poblaciones con historia de resistencia, o de grupos sociales y culturales, ahora florecía con personas que se reunían en busca de respuesta a la necesidad de impulsar los cambios que el país necesita para volver a sentirlo propio.

 

Se instaló la exigencia de escuchar esa voz que siempre existió pero no encontraba orejas que se dispusieran a oírla. La actividad política retornó a las bases que no la practicaron nunca por oficio sino excepcionalmente por vocación.

Advertisement

 

La indiferencia desapareció. A una semana del 18 de octubre, el viernes 25, ríos de gente llenaron cada recoveco alrededor del monumento a Baquedano para desembocar en un mar. La más grande concentración de la historia. Un hito solo comparable con el espíritu de los años ’80 en La Bandera, pero con más gente. El caballo gris oscuro en medio de la Plaza ubicada donde comienza la avenida Providencia, o donde termina la Alameda, recibía los primeros trazos de colores y consignas que lo mantendrían así durante meses. El arcoíris apareció y encontró donde posarse en medio de dos millones de personas.

 

La gente caminó a diario desde los barrios y de regreso. Desde su trabajo antes de ir a sus hogares. Y ya el sábado 26 de octubre se organizaba en cabildos con preguntas para tratar escribir las propuestas y de “sistematizar” las demandas. Esa palabra por fin era sinónimo de canalizar el sueño de un país diferente y había que plasmarlo de alguna manera.

Advertisement

 

Rápidamente surgieron los lazos entre espacios territoriales. Pero también la respuesta institucional, que buscaba dividir los caminos.

 

EL DESAFÍO DEL PRESENTE Y LAS ALTERNATIVAS PARA EL FUTURO

Advertisement

El desarrollo de trabajo coordinado se instaló en diferentes vinculaciones, manteniendo el foco en que la organización de base debía validar cualquier línea de acción que se pretendiera desarrollar. Si se toma en cuenta que en cada asamblea las visiones de los caminos tienen matices diferentes, lograr aterrizarlo en tiempos razonables fue una tarea titánica, lenta y que requería de una paciencia que la institucionalidad supo aprovechar.

 

La agenda institucional tuvo su respiro en torno a los acuerdos que se hicieron entre cuatro paredes —concepto contrario a la calle— y logró imponerse. Hubo quienes se acoplaron a la agenda impuesta ese 15 de noviembre, cuando parlamentarios de las coaliciones representadas en el Congreso fijaron la fecha de Plebiscito para aprobar o no el cambio de Constitución con dos alternativas: Convención Mixta, o Convención Constitucional, ambas cargadas de una letra chica que no aseguraba escribir una Carta Magna que representara el clamor de la “Revuelta”.

 

Advertisement

Esa jugada de ajedrez no solo descomprimió la protesta, sino que puso en tensión algunos debates al interior de las asambleas y en las coordinaciones entre ellas. Además, borró prácticamente del mapa la opción de sistematizar la voz de la calle. El peso del descontento perdió relevancia y pasó a teñirse de las dinámicas de la política tradicional.

 

Cambiar el país. Cambiar la política. Cambiar la institucionalidad. Cambiar el modelo. Cambiar la Constitución. ¿Cómo se hace todo eso? La lista es tan grande y son tantas las urgencias, que aventurarse a dar una sola respuesta es, por decir lo menos, arrogante.

 

Advertisement

Las asambleas aun con las mejores intenciones, no alcanzaron ni la claridad ni la unidad de criterio para construir una agenda común. Algunas hoy se focalizan en la solidaridad, otras mantienen trabajo para exigir respeto por los derechos humanos, otras en autoabastecimiento. Pero la gran mayoría ha perdido fuerza y número, y se instaló un sentimiento de duda sobre si organizarse sirve o no para algo concreto.

 

Si bien hay un acuerdo tácito en los fines, cómo alcanzarlos ha sido la piedra de tope y las divisiones. Desarrollar unión y confianza es determinante para tener la fuerza que se requiere para lograrlo. La única esperanza parece ser reconstruir esa convicción como primer requisito.

 

Advertisement

Son décadas en que no se ha logrado consolidar una alternativa política que canalice el descontento para construir una propuesta. La organización, si bien es una convicción, la realidad muestra que no ha dado la talla para para traducirse en el trazado de un mapa que permita visualizar un destino hacia dónde avanzar en conjunto. No se han logrado superar las individualidades y algunos egos, que sobreviven en liderazgos añejos que no dan paso a lo nuevo.

 

El final de esta historia está abierto. Cómo recomponer esa unión, sin rupturas en los lazos establecidos, y que ésta sea eficiente para mejorar el país es un desafío que requiere de voluntad y una humildad que sostenga las confianzas en el quehacer para avanzar en los temas estructurales, reconociendo la diversidad de criterios en tareas concretas o el afianzamiento de algunos caminos.

 

Advertisement

Vivir en el país que soñamos no depende sólo de los deseos de hacerlo.

 

Por César Baeza Hidalgo

 

Advertisement
Advertisement

Síguenos:
error1
fb-share-icon0
Tweet 20

Related Posts

  1. Que duda cabe , que nuestro pais cambio , y para siempre : Politicos Ancianos y aprovechadores del Estado, llego su fin , ya veran como votamos y vamos saliendo a sus cloacas , para nunca mas salir de ellas.
    La juventud de Chile , ha dado muestra de valentia y constancia , que la Lucha continua , y no descansara hasta que los cambios se realicen segun cronograma planteado .
    1. Fin a las AFP
    2. Disolucion de Carabineros
    3. Rebocacion de cargos en la administracion publica , cuando no hacen lo señalado , pasar a ser independientes…fuera
    4. Fin al presidencialismo
    5. Fin al Senado
    6. Fin a sueldo millonarios de Parlamentarios..
    etc…

  2. Tantos partes de piernas que andan y saltan barreras de todo tipo
    para protestar,,!
    Y el final de esta larga historieta quedó abierto para que se muevan
    los granujas del Congreso y oigan a este Sr. que les presenta esta
    historia trascendental….

  3. La situación a crearse debería ser un tanto flexible (Nueva Constitución) porque no parece posible obtener TODOS los cambios pedidos y el resultado final
    llevar al desencanto y frustración de muchos ; así ,con el tiempo y nuevos gobiernos ,nueva educación masiva y nueva reflexión-organización popular sin escopetas ni destrozos inútiles , se pueda ir avanzando hacia un país con inclusión y justicia verdaderas.NO a los milicos ni las guerrillas ,SI al diálogo y organización inclusiva y digna para toda la población.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

El Clarín de Chile · Aviso legal Privacidad Política de cookies
Danzai Software