
Cuenta Pública de Kast: Desde la Dictadura se juega en la cancha de Guzmán
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La primera Cuenta Pública de José Antonio Kast no inauguró un ciclo nuevo en la política chilena. Más bien confirmó algo que buena parte del debate público ha preferido eludir: el neoliberalismo no fue superado en Chile, sino administrado, corregido y finalmente revalidado por los gobiernos posteriores a la dictadura. La diferencia de este momento no es la ruptura, sino la ausencia de disimulo. Donde antes había lenguajes de compensación social, hoy hay afirmación directa del mercado y la empresa como principio organizador.
La escena política chilena tiene una ironía de fondo difícil de ignorar. La matriz económica heredada de los Chicago Boys, con su arquitectura de mercado, apertura comercial y centralidad del capital privado, no solo sobrevivió a la transición democrática, sino que fue estabilizada por la Concertación. Más tarde, incluso los gobiernos que prometieron superarla —incluido el de Gabriel Boric— terminaron operando dentro de sus límites estructurales. Kast no destruye esa cancha: juega en ella con absoluta naturalidad.
En ese sentido, la Cuenta Pública no debe leerse como un giro histórico, sino como una explicitación ideológica. La reducción de impuestos corporativos, la flexibilización regulatoria, la aceleración de permisos de inversión y la disciplina fiscal no constituyen innovaciones, sino la reactivación de un repertorio clásico del neoliberalismo chileno. La diferencia está en el tono: lo que antes se justificaba como pragmatismo técnico hoy se reivindica como proyecto político. No se defiende de ser neoliberales y conservadores, lo reivindican.
No es casual que el corazón del discurso haya sido la inversión privada. La idea de “reconstrucción nacional” funciona como una gramática de legitimación del crecimiento económico por sobre cualquier otra consideración. Y así se justifica el Paquete Neoliberal llamada Ley. La cantinela es conocida: si la inversión se expande, el empleo crece y el resto de los problemas se ordenan. Es una secuencia lineal que remite directamente a la tradición de la Escuela de Chicago y a la lógica del ajuste como mecanismo de reactivación económica. Y chorreará, algún día chorreará…
Ese tipo de razonamiento tiene una genealogía precisa. En la versión más dura del pensamiento neoliberal —desde Friedrich Hayek hasta sus aplicaciones latinoamericanas— la economía aparece como un sistema que debe ser liberado de interferencias políticas para alcanzar su equilibrio natural. En Chile, esa idea adoptó en los años setenta la forma de una verdadera terapia de shock, donde la desregulación no fue gradual sino abrupta. Medio siglo después, el lenguaje es más moderado, pero la estructura conceptual permanece notablemente intacta.
La Cuenta Pública evitó cuidadosamente problematizar los costos sociales y ambientales de esa orientación. El énfasis en la agilización de proyectos y la reducción de “trabas” regulatorias deja en segundo plano los conflictos ecológicos, la crisis hídrica y las tensiones territoriales que acompañan el modelo extractivo chileno. La naturaleza aparece, una vez más, como variable subordinada al crecimiento, no como límite material de la economía.
En este punto, el análisis de Nancy Fraser resulta particularmente pertinente. Para la filósofa estadounidense, el neoliberalismo contemporáneo no ha desaparecido, sino que ha mutado hacia formas reaccionarias que combinan liberalización económica con políticas de orden, autoridad y control social. El mercado se expande mientras el Estado se endurece en su dimensión coercitiva. La economía se flexibiliza; la sociedad se disciplina. Es lo que hacen Kast, Quiroz, Alvarado.
La Cuenta Pública de Kast encaja con precisión en ese esquema. Mientras se anuncian señales claras al mundo empresarial —con respaldo explícito de figuras como la presidenta de la CPC, Susana Jiménez— en materia de impuestos y regulación, el discurso político se desplaza hacia la seguridad, las incivilidades y el control del orden público. La economía se organiza alrededor de la inversión; la política, alrededor de la contención social de los efectos de esa misma economía.
El resultado no es una ruptura con el modelo chileno, sino su consolidación sin mediaciones. La novedad no está en lo que se propone, sino en lo que se deja de ocultar. El neoliberalismo deja de presentarse como un conjunto de restricciones técnicas inevitables y reaparece como proyecto político explícito, sostenido en una narrativa de reconstrucción nacional. Hubo un neoliberalismo progresista en la práctica (hoy en la oposición), ahora hay un neoliberalismo reaccionario, diría Nancy Fraser.
La Cuenta Pública, en ese sentido, no abre un nuevo ciclo histórico. Más bien marca el momento en que el viejo ciclo deja de fingir que ha terminado. La cancha sigue siendo la misma; lo que cambia es que ahora se juega sin metáforas. Y en esa franqueza reside tanto su fuerza política como su vulnerabilidad democrática.
Leopoldo Lavín Mujica





