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Partió Lucía Hiriart sin rendir cuentas ante la justicia

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El mejor retrato de la mujer del tirano Pinochet es la obra de la periodista Alejandra Matus, Doña Lucía. Una biografía no autorizada. Lucía Hiriart, hija del político Osvaldo Hiriart, senador y luego ministro del Presidente radical Juan Antonio Ríos, con cierta lógica se creía de mucha mejor alcurnia que el teniente de ese entonces, Augusto Pinochet, de familia de clase media y, en la práctica, un siútico y de pocas luces.

A partir de la caída de Carlos Ibáñez del Campo, (1931), los militares eran considerados por la oligarquía triunfante, poco menos seres inferiores, y no se atrevían a asistir a reuniones sociales debido al temor a ser despreciados por los concurrentes. El general Carlos Prats relata la manera despectiva con que los aspirantes a oficiales de la Escuela Militar eran tratados por las clases aristocráticas.

Alejandra Matus da en el clavo al describir el rechazo y desprecio de los padres de la joven Lucía cuando les comunicó que pretendía casarse con el joven teniente, Augusto Pinochet, (siete años menor que la novia).

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Augusto José Ramón Pinochet – dicen – era bastante retardado intelectualmente si se le compara con los compañeros de su generación. Al comienzo de su carrera militar fue enviado al regimiento de las ciudades norteñas de Iquique y Antofagasta. La joven y ambiciosa esposa se vio forzada a vivir en casas no muy elegantes – como estaba acostumbrada – y a tener relaciones sociales con familias de militares, tan básicos, rurales y simples como lo era su marido, y su papel, en esa época se reducía a tener y criar hijos que – según la escritora Matus –  era una tarea para la cual no había sido educada, pues debía ser servida y no servir; en el fondo, no estaba satisfecha con la pusilanimidad de su marido, quien sólo aspiraba a llegar, a fin de su carrera, sólo al grado de coronel.

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Al final de muchas penurias, a Pinochet le llegó el premio al que aspiran muchos militares: fue nombrado como agregado militar en Ecuador, donde se enamoró de Pía Noé, y no tuvo vergüenza de confesar su amor ante la sociedad quiteña. Lucía Hiriart, indignada ante la infidelidad de su “macabeo” marido, decidió regresar con sus hijos a Chile, y acusarlo ante la dirección militar.

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En ese tiempo, el divorcio no existía, y hubiera sido muy mal mirado socialmente, en consecuencia, era más fácil mantener el vínculo matrimonial, así fuera en apariencia, y dejar pasar la infidelidad. La pareja Pinochet-Hiriart decidió continuar juntos, y esta vez Lucía Hiriart se prepuso usar sus relaciones familiares para apuntalar la carrera de su marido. Con el gobierno de Salvador Allende comenzó a abrirse espacio a cargos cada vez más importantes dentro de la jerarquía del ejército: fue edecán, en la larga visita de Estado de Fidel Castro a Chile; posteriormente, fue nombrado por el general Carlos Prat como jefe de la división más importante del ejército, Santiago, y finalmente a la renuncia del general Prat como comandante en jefe del ejército, en que Pinochet ocupó el cargo de comandante en jefe del ejército.

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La pareja Pinochet-Hiriart posaban de ser fanáticos allendistas, y mantenían relaciones amistosas especialmente con José Tohá, ministro de Defensa, y su mujer, (ella relata que Pinochet había llorado cuando José Tohá se vio forzado a dejar el ministerio. La pareja Pinochet-Hiriart era muy criticada por lo zalamera y lame-botas. (El mismo Prats recomendó a Allende el nombramiento de Pinochet en el alto cargo de general en jefe, debido a su “lealtad”, aunque carente de luces.

El almirante Merino estaba decidido a llevar a cabo el golpe de Estado en contra de Salvador Allende y, aprovechando el cumpleaños de una de las hijas de Pinochet, envió un delegado a fin de conseguir la firma de Augusto Pinochet para aunar las Fuerzas Armadas y realizar el golpe.

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Una vez Pinochet en el cargo de jefe de la Junta de Gobierno, las ambiciones de su mujer comenzaban a materializarse, convirtiéndose en una verdadera meretriz todopoderosa, que dominaba un área completa del Palacio Diego Portales y, posteriormente, La Moneda. Lucía Hiriart se convirtió en la censuradora moral de los militares, deteniendo la carrera de cualquiera de ellos que fuera infiel a su mujer. Además, fue íntima amiga del coronel Manuel Contreras, una especie de Rasputín a quien ella utilizaba hasta para resolver problemas de sus hijos, (sacó al exterior al hijo menor, Marco Antonio, que estaba implicado en un conflicto legal, por ejemplo).

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Según Alejandra Matus, CEMA-Chile, (anteriormente, en la época de Ibáñez, el “ropero del pueblo”), se convirtió en un verdadero ejército paralelo, donde se mantenía la misma jerarquía, (las mujeres de los generales a la cabeza, luego las de los coroneles, después, los capitanes y los soldados, que realizaban las tareas más domésticas. El poder de la “primera dama” era tal que, al igual que la mujer del dictador Marco, de Filipinas, Imelda, estaba provista de una gran colección de zapatos y, sobre todo, de sombreros; en cuanto a los trajes, estaba prohibido repetirlo y venderlo en las distintas tiendas.

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Después del descubrimiento de los robos de Pinochet y su familia y, luego la prisión en Londres, terminó por romper los sueños de poder que Lucía Hiriart había construido cuando aún era una joven del pueblo San Bernardo, comenzaron a trisarse: los jueces la interrogaron por malversación de fondos fiscales de CEMA-Chile, que se había convertido en una verdadera empresa inmobiliaria.

La historia de la pareja Pinochet-Hiriart ha terminado con ambos personajes declarados por la justicia como delincuentes, acompañados por su familia, pero en absoluta impunidad, sin siquiera responder por sus robos y crímenes.

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Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

17/12/2021

Bibliografía:

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Matus Alejandra  Doña Lucia biografía no autorizada

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Historiador y cronista

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  1. SERGIO+BUSTAMANTE says:

    Sobre los “ilustres” siúticos, Pinochet y su amada Lucia:
    Es de Perogrullo que en las listas de oficiales y sub oficiales de las fuerzas armadas y carabineros hay una gran cantidad de seres inútiles, conscientes que están condenados al fracaso que, también ocurre en las religiones, buscan asegurarse un futuro donde, sin tener méritos intelectuales ni valores morales destacables, puedan escalar posiciones de mando superiores a las que de otra forma no tendrían acceso en la sociedad civil. La mediocridad, como la ignorancia, la ambición y lo corrupto sobresalen en cantidad y sub calidad entre los sectores políticos, militares, eclesiásticos, profesionales, culturales, artísticos, mediáticos corporativos o empresariales. Esta peste humana constituye la crema de la ELITE que nos gobierna, que nos explota, oprime, engaña, reprime, que nos mantiene esclavizados a la ignorancia, o nos aplasta con sermones de misa negra. AMEN.

  2. Y….Gracias a la derecha, y gracias a la otrora «izquierda» tradicional (los ex UP). Gracias también a los de la desConcertación y nueva pilleria(perdon nueva mayoria)y a los aparecidos a última hora,seudo izquerdistas,progresistas,etc.etc. Toda ésta gente han muerto de viejos,y sin haberles castigado por sus crimenes,robos,fechorias, etc.etc. Y para rematarlas,las cosas siguen igual o peor ahora…… y en «democracia»mmmmmm.

  3. solamente un viejito de 81 says:

    La gran, inmensa contradicción de la existencia de estos milicos chilensis, es que son los perros salvaguardias de este sistema capitalista neoliberal, pero ellos, los milicos, incluídos los pacos y los tiras, viven toda su existencia dependiendo del estado.

  4. Nancy+Echague+Saavedra says:

    Quedaron en la historia de Chile como lo que eran… UNA PAREJA DE PILLOS.
    Su solo nombre estará siempre ligado a la TRAICION ,ASESINATOS ,ENGAÑO ,SIMULACION, ,ROBO, …..UFF.. representaran lo mas abyecto del ser humano .

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