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Total Energy en Uganda: Cuando Occidente trae beneficios ya no hace falta defender a los derechos humanos

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En 2006 se descubrieron grandes reservas de petróleo en el corazón del parque natural protegido de Murchison Falls en Uganda, en la región de los grandes lagos de África. La francesa Total, asociada a otras petroleras inglesas y chinas, se ha posicionado para desarrollar un proyecto de colosal escala: el proyecto “Tilenga”. Este proyecto fue validado sin el consentimiento de los habitantes del territorio, que sufren actualmente del despojo y de la consecuente violación de sus derechos. A pesar de las denuncias hechas al respecto, Total persigue la realización de este nuevo oleoducto a beneficio de un Occidente en una búsqueda siempre más psicótica de alternativas al combustible ruso.

 

Total perforará más de 400 pozos, extrayendo alrededor de 200.000 barriles de petróleo por día. Además, se construirá un oleoducto gigante de 1445 km de largo para transportar el petróleo, impactando territorios tanto en Uganda como en Tanzania. Más de 10 mil millones de dólares se están invirtiendo en este desmesurado proyecto petrolero, en donde chinos e ingleses trabajan mano a mano.

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El deber de vigilancia de las empresas matrices y las empresas donantes: una ley francesa para frenar la impunidad de las transnacionales

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Las asociaciones “Les Amis de la Terre France” y “Survie” han denunciado el proyecto de Total, que no respeta los derechos humanos de los habitantes del territorio ni tampoco al medio ambiente. Esta acción legal es la primera sobre la base de la nueva ley francesa sobre el deber de vigilancia de las empresas matrices y las empresas donantes, que hace posible este tipo de denuncia para responsabilizar jurídicamente, en Francia, a las empresas matrices de las multinacionales por los impactos de sus actividades en todo el mundo.

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Esta ley fue promulgada el 27 de marzo de 2017, luego de una verdadera carrera de obstáculos contra los lobbies que hicieron todo lo posible para evitar que viera la luz del día. Sin embargo, lograron retrasar su adopción y, sobre todo, debilitar su contenido.

Varios son los límites de la ley y que se confirman hoy en la práctica a través de la acción legal contra Total.

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“Con la ley sobre el deber de vigilancia promulgada en marzo de 2017, queremos que Total haga frente a sus responsabilidades. Este es el primer caso de uso de esta ley sobre las consecuencias de las actividades de una filial de un gran grupo francés en el extranjero. Queremos asegurar la aplicación ambiciosa de esta nueva ley para evitar que Total plantee riesgos considerables e irreversibles para los habitantes, la biodiversidad, el medio ambiente y el clima. Sobre todo, si los jueces confirman que se han probado las violaciones, esta ley puede permitirnos ordenar a la empresa reparar el daño causado e indemnizar a las poblaciones afectadas. La ley sobre el deber de vigilancia se aplica a las actividades propias de Total, pero también a las de sus filiales y sus subcontratistas, todos en Francia y en el extranjero. Así, Total es responsable de las actividades de su filial Total Uganda pero también de las actividades de sus subcontratistas” declaran las dos asociaciones.

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El proyecto “Tilenga”

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El proyecto “Tilenga” operado por Total prevé el desarrollo de 419 pozos perforados en 34 plataformas petroleras, principalmente dentro del área natural protegida de Murchison Falls.

Además, está prevista la construcción de una zona industrial, incluida en una planta de procesamiento («CPF») en el borde del parque. En su interior el gobierno de Uganda construirá una refinería y un aeropuerto.

Del proyecto “Tilenga” nacería el megaoleoducto “EACOP” (East Africa Crude Oil Pipeline), que será construido por un consorcio formado por varias transnacionales: Total, la británica Tullow, la china CNOOC y los gobiernos de Uganda y Tanzania.

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Además, se construirían otras infraestructuras asociadas:

  • un sistema de bombeo de agua del lago Albert para las necesidades de los pozos petroleros;
  • una red combinada de oleoductos de 180 km, incluso bajo el Nilo, para transportar petróleo y gas o agua producidos;
  • sitios de almacenamiento y tratamiento de desechos de petróleo;
  • nuevos caminos que faciliten el desarrollo de esta industria petrolera.

 

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El coste humano de “Tilenga”

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Varias decenas de miles de personas han sido expropiadas y ya han perdido o perderán sus casas, sus tierras agrícolas, sus cultivos. A cambio, los residentes se ven obligados a aceptar una compensación claramente insuficiente, a menudo bajo presión e intimidación.

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A pesar de las repetidas advertencias de asociaciones de Uganda, Tanzania e internacionales, Total sigue adelante con sus megaproyectos.

Se trata por un lado del proyecto Tilenga, que incluye la perforación y explotación de más de 400 pozos, incluidos al menos 132 en un parque natural protegido en Uganda, y por otro de construir el EACOP, el oleoducto calentado más largo del mundo, que pasará por Uganda y Tanzania.

El despliegue de estos proyectos petroleros implica desplazamientos masivos de población, cuyos derechos son vulnerados incluso antes de la primera perforación. El acaparamiento de sus tierras ha afectado la vida de 100.000 personas. Los subcontratistas de Total tienen la tarea de trasladar a las familias para dar paso a los pozos y la infraestructura del proyecto. Decenas de miles de personas son despojadas de sus tierras sin compensación alguna. Desde hace más de dos años se encuentran sin ningún medio de subsistencia, lo que se traduce en situaciones de inanición y deserción escolar.

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Muchas personas denuncian haber sido presionadas e intimidadas para firmar los formularios de transferencia de sus tierras, y dicen que no saben cuándo o cuánto serán compensados ​​por la compra de nuevas tierras y cultivos.

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También han aumentado la intimidación y la presión dirigida a quienes se atreven a denunciar estas violaciones, así como los impactos negativos de los proyectos, como lo demuestran los testimonios de los líderes comunitarios Fred Mwesigwa y Jelousy Mugisha. Habían venido a Francia el pasado mes de diciembre para denunciar la situación sobre el terreno: a su regreso a Uganda, uno fue detenido y el otro atacado en su domicilio. Las amenazas han continuado desde entonces y han tenido que abandonar su aldea varias veces para buscar seguridad.

A pesar de las alertas al más alto nivel, incluso de 4 relatores especiales de la ONU, la presión continúa. El 23 de agosto, un grupo de unas diez personas afectadas fueron arrestadas durante una reunión sobre el proyecto EACOP. Los días 15 y 16 de septiembre, tres periodistas y seis defensores ambientales fueron detenidos en Hoima cuando acudían a denunciar la destrucción de una de las mayores reservas forestales del país, así como los riesgos que plantea la explotación petrolera en el oeste de Uganda, incluidos proyectos dirigidos por Total.

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Hoy, Nabiruma Dian, por Friends of the Earth International, y Atuhura Maxwell, por el CETIM, han llegado hasta la 49ª sesión del Consejo de Derechos Humanos para denunciar esta situación ante la sede de las Naciones Unidas de Ginebra.

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Un mundo occidental en psicótica búsqueda de combustible

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La crisis política y diplomática surgida en 2022 entre Rusia y los países miembros de la OTAN podría hacer peligrar la estabilidad energética de la Unión Europea, ya que las exportaciones rusas de gas representan casi el 50% del total del consumo europeo de este combustible. Una gran parte del gas es exportado a través del gasoducto Nord Stream. Noruega y Argelia se erigen como el segundo y tercer mayor proveedor del continente, con una cuota de mercado del 20,5% y el 11,6%, respectivamente.

En esa psicótica búsqueda de proveedores alternativos a los rusos, son los recursos africanos los que se ponen en el centro de la mira de los europeos.

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En efecto, es quizá la paradoja histórica del continente. África posee una riqueza incomparable: el 12% de la producción de petróleo mundial y el 9,5 de las reservas, el 6% y 8% respectivamente de gas natural, el 6% de las reservas de carbón y su potencial hidroeléctrico es de un millón de gigavatios por hora, aunque alrededor de 600 millones de personas en el continente carecen todavía de electricidad. Esto, en África subsahariana, equivale al 57% de la población.

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Y eso, no está lejos de resolverse. Prácticamente la totalidad de los megaproyectos acerca de la extracción de combustible, oleoductos o gaseoductos, están hecho para abastecer al Occidente. Desde siempre África fue la vaca a leche del norte del mundo, y, con ese nuevo conflicto entre Ucrania y Rusia, las cosas no están lejos de resolverse. Peor aún, el “racismo migratorio” hace que aún mas los migrantes africanos y árabes están rechazados a la frontera para dejar el espacio a los “pobres” migrantes ucranianos.

Claro, Occidente no tiene ninguna responsabilidad en el flujo migratorio que llega desde África. No están despojando a este continente desde siglos. No hace falta abrir las puertas a los que querrían beneficiar también un poco de sus propias riquezas.

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Por Elena Rusca

 

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Corresponsal en Ginebra

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