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La guerra híbrida existe y está también en Chile: la derecha ya inició el combate

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La guerra rusa ucraniana tiene características de planetaria en el terreno de las comunicaciones. Desde el 24 de febrero y tal vez desde un poco antes, la información ha sido desbancada por la propaganda, una actividad destinada a lavar cerebros a  través de la mentira y la censura. Una campaña destinada a la confusión y el miedo, a la creación de un escenario propicio para la implantación de verdades oficiales y para la persecución de la crítica. De la noche a la mañana la gran prensa tradicional, los grandes medios del llamado «Occidente», aquellos supuestos defensores de los valores de la democracia liberal y las libertades, entre ellas la de expresión y opinión, han mutado en órganos de difusión de los comunicados oficiales y en un periodismo que extiende y amplifica el campo de batalla.

Si nos apuran un poco, es posible llegar a conceder que son medios de países que forman parte de la Alianza Atlántica en un virtual y hasta inminente conflicto con Rusia. Pero lo que resulta incomprensible es la actitud de la prensa local ante la guerra. Hasta donde se sabe Chile no es parte de la OTAN y tampoco del llamado Occidente aun cuando por la lectura de la prensa y la exposición a la televisión podríamos poner esta realidad en duda. Buenos y malos, mundo libre y autoritarismos, nosotros y los otros.

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Al observar con más detalle a la prensa local podemos afirmar que no hay gran novedad en este sesgo informativo. Un proceso de degradación iniciado desde hace décadas que se hace más intenso con los cambios sociales que avanzan a la vista y paciencia de los poderes que financian aquella prensa. Medios hegemónicos que generan contenidos y realidad, desde El Mercurio, La Tercera, los grandes canales de televisión y radios como la Bío Bío, no son los mismos desde los años del binominal a los actuales. De los elogios a los gobiernos de la Concertación hay un evidente y radical vuelco desde el trance que vive Chile desde octubre del 2019. La prensa, aquella inocente fuente de información y diversión, de farándula y deporte, es también el brazo armado, bien financiado y pertrechado para tiempos complejos. Y como en otros tiempos agitados de nuestra historia, la prensa oligárquica se presta para todo. Desde la mentira diaria a la preparación, como está bien documentado, de un golpe de Estado.

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El arsenal es abundante. El financiamiento a través de la CPC y el sector financiero, las bancadas de la ultraderecha a la derecha tradicional, los centros de pensamiento conservadores y todos los poderes en las opacidades. Un coro para destempladas declaraciones que solo falta amplificar para escandalizar y atemorizar. Ese es el objetivo de esa prensa.

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Al gobierno del presidente Gabriel Boric no le han dado ni marcha blanca, ni luna de miel y no le darán tregua. Y ya están advertidos, como lo ha confesado el senador de Evópoli Luciano Cruz Coke. recibirán un trato sin contemplaciones ni remordimientos, tal como lo ha recibido la Convención Constitucional. Un trato que va desde el desprecio a las formas, naturalizado en un país clasista y patriarcal, a la destrucción de las ideas y los contenidos. En ambos objetivos la confusión y la mentira es parte de la munición. Periodistas, animadoras, publicistas, políticos de toda ralea, académicos y empresarios, todos de derecha y por la misma causa clasista y, acaso, también racista.

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Esto recién ha comenzado. El consorcio Edwards ha relanzado su ariete vespertino. El tabloide ultraderechista y ultraconservador no se pudo contener ni un solo día. Primero fue la ministra del Interior Izkia Siches y a las horas Boric y el gobierno completo. Ayer fue Bárbara Figueroa, por comunista, y hoy por militantes de partidos instalados en embajadas. Todo sirve para el desprestigio, el enredo y la confusión.

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Gobierno y Convención Constitucional, aún de pie pese a los golpes y desprestigios diarios. Durante el fin de semana la prensa oligárquica levantó el informe de la Comisión de Venecia para meter una cuña a través de una imaginaria tercera pregunta en la Convención. No era información verídica. El lunes los convencionales desmintieron y mandaron a leer bien el informe de esa institución europea. No había tal propuesta. Todo era una mentira.

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  1. Gino Vallega says:

    Creamos que El Clarín se mantendrá del lado del progresismo, aunque algunos de sus «periodistas» de pronto se «trompiezan» y le creen a la «derecha mentirosa».

  2. Margarita Labarca Goddard says:

    ¿Y qué creían, que todo iba a ser muy fácil? Parece que se les había olvidado que la lucha de clases existe y que se manifiesta de todas las formas posible. Hace algún tiempo fue nada menos que el bombardeo de La Moneda, un blanco civil lleno de gente. Ahora son las fake news, eso es bastante menos que un bombardeo de verdad. Las Constituciones «para todos» y los «gobiernos para todos» no existen, es otra falsa noticia. Son Constituciones y gobiernos para la derecha, para la minoría. ¿Queremos un gobierno para las grandes mayorías olvidadas y ninguneadas desde hace 50 años? Pues entonces preparémonos para una gran batalla en todos los frentes, porque no va a ser fácil.

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