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Calderón y la crítica de la razón: lecciones para nuestra encrucijada

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INTRODUCCIÓN.

 

El gran filósofo  español Juan David García Bacca en su enorme obra “Introducción literaria a la filosofía” (1964), se da el trabajo de confrontar  la FILOSOFÍA RACIONALISTA contra la filosofía HUMANISTA, pero lo aborda haciendo una profunda exégesis de la obra de otro español, Calderón de la Barca, en su clásica obra universal “La vida es sueño”. Tomando estos autores es posible extender ese análisis hasta nuestros días, ya que es el racionalismo la filosofía dominante en Occidente y sus consecuencias la vemos extenderse en todas  las áreas del conocer y la cultura.

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Creo que en el Chile de hoy, que vive la encrucijada de una larga lucha popular contra los sistemas del racionalismo teórico y práctico, que le han impuesto sistemas de coacción y límites a sus libertades, en tal grado, que han llevado a nuestras sociedades a estallidos y protestas enormes y a procesos revolucionarios (como son los movimientos indigenistas), e involucionarios, como son el narcotráfico y la delincuencia, la corrupción y la simple violencia urbana.

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ANÁLISIS.

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Como señalamos, este análisis interesa a nuestra realidad presente, pues lo que discute Calderón en su obra es el cuestionamiento del pensamiento racionalista, que por su tiempo, mediados del siglo XVII, inicia el proceso de dominación del saber en la filosofía de occidente y lo hace, además adhiriendo a las ciencias físicas y matemáticas, con lo cual se valida no sólo en el ámbito de la especulación sino también en el de la vida concreta, material.

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Ahí se presentan Galileo, Descartes, Leibniz (grandes matemáticos, que darán fuerza al pensamiento mecanicista) y desde Rousseau, Hegel y Marx que darán fuerza al idealismo y materialismo del “debe ser” de la historia.

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Según la obra de Calderón, esta postura dominante del racionalismo en Occidente, no tardaría en imponer sobre la condición humana una especie de prisión, de delimitación de la libertad del hombre y tratará de definir una especie de trayectoria fatal de los destinos subjetivos y objetivos, es decir del sujeto y de la historia.  Este “Debe ser” apriorístico y teleológico, lo reafirmará luego Kant, siendo cuestionado más tarde por Nietzsche y por los existencialistas, incluido Heidegger.

 

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La genialidad de Calderón radica en darse cuenta de esta fatalidad a la que conducía un pensamiento que anula el tiempo, y lo anula en varias dimensiones. Si el hombre pudo descifrar una mecánica cósmica, es capaz entonces de saber anticipadamente cómo son y cómo serán los acontecimientos en el futuro y como fueron en el pasado remoto. En consecuencia el “devenir”, ese que da espacio a que el hombre adquiera experiencias en la vida, desde la infancia a la adultez, se transporta a simple presente, por arte de una especie de lectura de los signos numerológicos y astrales (influencia pitagórica).

 

De esta manera Bisilio, padre de Segismundo, logra saber anticipadamente que su hijo será una fiera desmesurada y que no es digno de heredar el trono de gran sabio y soberano.

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Manda a encerrar al recién nacido y lo pone al custodio del aya, el instruido educador racionalista Clotaldo.

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Clotaldo, cuando el infante está en tiempos de razón, le proporciona una pócima que le hace permanecer adormilado, de tal forma que Segismundo nunca tendrá claridad de si lo que acontece con su vida es real o son sólo sueños. Introduce de esta manera en la psiquis de Segismundo la CONFUSIÓN. Recordemos que para los primeros racionalistas (Descartes) toda la realidad debe ser cuestionada hasta desmenuzar todas sus partes. La duda metódica, se transformará en  duda existencial y marcará la vida del confuso sujeto del racionalismo.

 

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Pero este hombre-fiera adormilado y confuso no está totalmente extraviado. En sus momentos de duda alcanza a divisar los objetos que le rodean y los percibe concretos, libres y con voluntad vital.

Entonces exclama:

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“¡Ay mísero de mí! ¡Ay infeliz!

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Teniendo yo más alma,

Tengo menos libertad que las aves.”

 

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El objetivo de la pócima racionalista, con su método de la duda es imponer la confusión, pero no logra borrar la conciencia objetiva de Segismundo.

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El hombre-Furia, se repone de la confusión y expresa:

“Decir que sueño es engaño.

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Bien sé que despierto estoy.”

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En esta etapa del poema, García Bacca comenta: “La filosofía más o menos racionalista, y hasta ahora no ha habido otra en occidente, no eleva el tipo de vigilia (despertar), porque no eleva el tipo de “Vida”. Pero ha inventado-como Basilio_ métodos sutilícimos para marear el entendimiento real, viviente, y hacerlo dudar de todo. Y Descartes, padre del racionalismo renacentista inventó esa pócima, no diré diabólica, pues ha resultado ineficaz para alterar la vida real, pero que ha resultado para marear el entendimiento, “la duda metódica”, con diablillo embotellado: “L esprit malin”.”

 

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Pero Segismundo, a pesar de sus dudas, nota que está vivo, de vitalidad lúcida y furiosa.

 

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“No sueño, pues toco y creo

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Lo que he sido y lo que soy”

Se afirma, finalmente en “Sé quien soy”, que viene a representar no la dudosa conciencia sino la conciencia verdadera.

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Desde ahí prepara Calderón la segunda parte de la obra, cual es la de “el despertar de la conciencia” y el desatarse la furia vengativa.

“Pero sea lo que fuere

¿Quién me mete a discurrir?

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Dejarme quiero vivir y venga

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Lo que viniere.”

 

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Cuando su padre y Clotaldo tratan de regresarlo al tratamiento coercitivo, viene la rebelión, los zarpazos de la fiera. Y con rugidos de hombre fiera se deshace por propia mano de sus opresores: No por procedimientos judiciales y razones de los hechos de la causa, por propia mano y sin clemencia. La furia del hombre es su sino natural. No es el “animal político” o el “animal racional”, como soñaban los griegos, lo que define a este hombre, “sujeto” del renacimiento: es el “HOMBRE-FURIA, el hombre bestia, con todos sus instintos alertas y su vitalidad indomable, capaz de rebelión y de hacer respetar su libertad, su libre albedrío. Es el mismo hombre que luego reivindicará Nietzsche y Schopenhauer.

 

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De esta manera, renuncia a la protección paterna (del poder):

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“ Sin sus brazos me podré estar

Como me he estado hasta aquí.

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De poca importancia fue

Que los brazos no me dé,

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Cuando el ser hombre me quita.”

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Ya comienza a preparar Calderón la tercera parte de la obra, la salida moral, ejemplificadora del fin de la tragedia. Tragedia que en los griegos concluía en sus mismos términos tragediosos, fatalistas.

 

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“Pues aunque el dar, la acción es más noble

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Y más singular. Es mayor bajeza el dar

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Para quitarlo después.”

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Comenta entonces García Bacca: “Todos nos dan libertad pero ¿Quién nos la quita cuando en verdad intentamos usarla?  Y nos la quitan con ciertas clases de “ciencia media” que inventan para cada caso. Lástima-afirma el filósofo español- que hayan tan pocos HOMBRES-FIERA, y tantos, tantos animales racionales, domésticos y arreados de lógica”.

 

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Ante la abusiva “lógica” responde el preclaro Segismundo, como un nuevo Prometeo:

 

“Que el hombre conteste con moral.

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Atrevámonos a todo, que el hombre

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Domina por sobre las estrellas.”

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Por Hugo Latorre Fuenzalida

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