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“Ictericia” el partido de los amarillos 

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Por fin esta congregación, decidió convertirse en tienda política. No en almacén de barrio o en mercado persa, donde se venden baratijas y ropa usada. Después de haber sido el eje del rechazo, en el plebiscito de 4 de septiembre, ha creído necesario, formalizar su existencia. ¡Aleluya! Ser alguien otorga prestigio, aunque este alguien, viva aferrado al servilismo, al no poder existir sin el apoyo de la oligarquía. En otras palabras, vienen siendo hijos de Chile Vamos, nietos de EVOPOLI, sobrinos de los Republicanos y emparentados con “izquierdistas” a la flatulencia. Cualquiera, envidiaría la calidad de esta familia variopinta, dotada de tanto linaje.

El grupo, ya concurrió al SERVEL a inscribirse como partido, sin embargo, aún no define cómo llamarse. Intríngulis que los mantiene en duda o en esas vigilias destinadas a expurgar los pecados. Desde siempre, ha sido un quebradero de cabeza, darle el nombre a una criatura recién nacida. A menudo, algunos familiares se molestan, cuando sus opiniones no son consideradas. Claro que, ahora, se trata de un bebé sietemesino, el cual nació con ictericia.

Es sabido que, el color amarillo, se vincula a quienes asumen posturas dubitativas o van de un sitio a otro, a ofrecer ayuda. Todo, a cambio del dinerillo que endulza la bolsa. En una sociedad capitalista, el dinero es el mejor cebo para atraer a las cucarachas, sean negras o posen de amarillas. Existe la creencia popular o leyenda urbana, donde se asegura, que las cucarachas repoblarán la tierra, si la humanidad se auto destruyera a causa de una guerra nuclear. Cualquiera desearía ser cucaracha, sin embargo, el término se halla reservado a los amarillos. Este color, es sabiduría en el islam, símbolo del emperador en China, pero también el color de la capa de Judas, en la tradición cristiana. En el fútbol, la tarjeta amarilla es clara advertencia de expulsión. Alternativa destinada a diferenciar a quienes han asumido la categoría de un color, vinculado a la clara sumisión.

De realizarse un análisis somero sobre la conducta de la amarillez en nuestro medio político, se observa una rotunda tendencia a la humillación. Acatamiento, que a menudo adquiere síntomas para avergonzar. Rastreros por antonomasia que, en política, suelen llamarse serviles. Nadie fundaría el partido de la iniquidad, la bellaquería o del libertinaje, aun cuando en nuestro medio, los hay disfrazados de pureza.




Ahora, es necesidad de los nuevos tiempos, que los amarillos, se quieran convertir en un partido político. Y así, poder navegar, usando banderas de distintas nacionalidades, como aquellos famosos corsarios, que servían a la corona inglesa. A modo de contribuir a esta noble tarea de identidad, ya han surgido nombres para identificar al grupo. “Amarillos Guardianes de su Bolsillo” (AGB), “Amarillos Tirados a Pardillo”. (ATP) o “Amarillos del Conventillo” (AC)

Desde la derecha, perdón, desde la oligarquía, la aparición de los amarillos, ha ocasionado inusual júbilo. Ven a esta congregación, como taladro destinado a perforar a la ya alicaída Democracia Cristiana, incluidas otras agrupaciones políticas, en clara descomposición. Una suerte de pantomima, destinada a endulzar, la nunca amarga expresión de quienes mandan en Chile. No cualquiera puede ser amarillo e ingresar a esta nueva cofradía. Refugio natural y sumidero, destinado a acoger en sus filas, a escribidores de alabanzas al jefe. A acólitos, yanaconas, trotaconventos y el lumpen, siempre al aguaite, si se trata de emerger desde sus guaridas.

Al comparar a esta nueva colectividad con un guiso, vendría a ser una chanfaina. Ya han decidido, ponerse calzones amarillos, y así recibir el Año Nuevo. Emociona tanta originalidad. En breve, ser amarillo dará prestigio, por tratarse del natural destino y refugio, de quienes idolatran la felonía.

 

Por Walter Garib

 

 

 

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Las opiniones vertidas en esta sección son responsabilidad del autor y no representan necesariamente el pensamiento del diario El Clarín

 



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