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Messi, en el olimpo de las leyendas. Final inolvidable y júbilo argentino

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Lionel Messi por fin se siente completo. Tantas veces comparado con Diego Maradona, el rosarino mira al cielo y le avisa al Pelusa que la deuda está saldada, que no es uno ni otro, sino ambos los que han hecho felices al pueblo argentino. Y aunque todo siempre dura un poco más de lo que debería, como escribió alguna vez Julio Cortázar, La Pulga ahora entiende que el futbol puede ser cruel –como en la final de Brasil 2014 contra Alemania– pero siempre tiene un lugar reservado para las grandes leyendas.

Vestido con una túnica negra, típica del mundo árabe, a Messi se le vio más feliz que nunca. Sus festejos y el último beso con ojos cerrados a la Copa ratifican esa felicidad. Aunque Argentina tuvo que soportar la embestida de Francia, que emparejó dos veces el marcador con un colosal Kylian Mbappé, el último cobro de Gonzalo Montiel (4-2 en penales, luego del 3-3 en 120 minutos) hizo estallar en júbilo al majestuoso estadio Lusail, donde buena parte de los 88 mil 966 asistentes hicieron fuerza para que el capitán de la Albiceleste conquistara el único título faltante en su lista de pergaminos.

Messi, con 35 años, se supera a sí mismo, al gran jugador que fue en su juventud. Es el mejor del mundo, imponiéndose al genio que ya era. Lo comprenden hasta los más estudiosos de las leyes de la física. El argentino, rodeado de un ejército que compite con espíritu amateur, desafía la lógica del tiempo y el espacio, desbarata las teorías de Einstein e Isaac Newton y, cuando su prodigioso talento parece que no da para más, es capaz de alumbrar el único túnel que lo conduce al olimpo.

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En este Mundial, Messi hizo seis goles (cuatro de penal) y no paró de batir marcas. Dejó atrás al ex capitán alemán Lothar Matthaus con el mayor número de presencias en eltorneo y al mítico Gabriel Batistuta como el máximo anotador argentino con 14 goles. Hay quienes sostienen que la física no se construye desde parámetros del deporte; sin embargo, en un plantel donde el galardonado Enzo Fernández tiene 21 años y el promedio general es de 27.6, el capitán no se cansa de inventar nuevos trucos de magia a pesar de su veteranía.

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Si antes era aceleración y regate, hoy Leo es también madurez e inteligencia. Los tres tenores de la Albiceleste, con él a la cabeza, rindieron el partido de sus vidas ante los franceses: Di María, Rodrigo De Paul y Julián Álvarez. Fue la hora de Messi en el día de Kylian Mbappé, un joven de 23 años que vive el futbol con una sonrisa y regala goles prodigiosos, incluso en una final del mundo. Sólo el 10 de Les Bleus, con un optimismo envidiable, fue capaz de devolverle la ilusión a su equipo luego de irse abajo 2-0 con los tantos de La Pulga (minuto 23, de penal) y Di María (36).

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Aquí estoy, pareció decir la promesa constante y sonante de los galos con dos goles en dos minutos (80, de penal, y 81), el último de ellos una obra de arte. Sin tanto abrigo en el estadio Lusail y afectada por un virus contagioso, la selección dirigida por Didier Deschamps reclamó su lugar en Qatar como campeona defensora ante una Argentina que, aunque fue mejor, aprovechó una controvertida decisión del árbitro Szymon Marciniak para abrirse paso hacia la luna y las estrellas.

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Messi sonríe para sus hijos y suspira con alivio al cabo de tres extenuantes horas de su última función en la Copa. En sus ojos se reflejan las lágrimas de Lionel Scaloni, técnico inexperto ahora a la altura de César Luis Menotti y Carlos Bilardo, campeones en 1978 y 1986, luego de una definición inolvidable. Aún en los tiempos extra, el segundo gol de La Pulga (108) encontró respuesta en Mbappé (118), autor del segundo triplete en la historia de los Mundiales en una final, después del logrado por el inglés Geoff Hurst en 1966 contra Alemania.

Ya en penales, el arquero Emiliano Martínez fue majestuoso. Sólo Mbappé y Randal Kolo Muani lograron vencerlo. Con el cuarto tiro de Gonzalo Montiel, la última barrera que separaba a Messi de la mesa de los grandes reyes del futbol se vino abajo. Si Maradona fue la Mano de Dios, el rosarino se convirtió ayer en su zurda para conquistar la tercera estrella argentina.

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Fuente: La Jornada

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