
Kast desmonta la política ambiental: el retiro de decretos que reconfigura el rol del Estado frente al clima y la naturaleza
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I. La forma del acto: retirar sin derogar
No hay anuncio grandilocuente. No hay cadena nacional. No hay siquiera una defensa política explícita. Solo un oficio administrativo: retirar del trámite de toma de razón una larga lista de decretos ambientales.
La operación es silenciosa, pero no menor. Porque en el Estado, a veces, lo más decisivo no es lo que se deroga, sino lo que se deja caer.
Aquí no se eliminan normas: se las suspende en el aire hasta que pierdan sentido. Es una técnica conocida —y eficaz— de desmontaje institucional.
La pregunta no es qué se dice. Es qué se detiene.
II. La contradicción estructural: crecimiento sin condiciones
El argumento implícito es reconocible: hay que destrabar, agilizar, acelerar. La inversión no puede esperar.
Pero aquí emerge la contradicción central.
Se promueve el crecimiento mientras se desmantelan los instrumentos que lo hacen viable en el tiempo. Se busca acelerar proyectos eliminando las reglas que permiten que esos mismos proyectos no destruyan las condiciones de su propia sostenibilidad.
No es solo una tensión clásica entre economía y medio ambiente. Es algo más radical:
se quiere crecimiento sin condiciones, desarrollo sin límites, inversión sin regulación.
III. La desaparición del problema: cuando ya no hay nada que proteger
La lista de decretos retirados no es técnica. Es política.
Ahí están los planes de adaptación al cambio climático, las normas de calidad del aire, los sistemas de control de emisiones, los planes de recuperación de especies, la creación de áreas protegidas.
Pero lo más relevante no es cada norma en sí. Es el patrón.
Al retirar estas herramientas, el problema desaparece administrativamente. Si no hay norma, no hay incumplimiento. Si no hay estándar, no hay contaminación medible. Si no hay protección, no hay pérdida que contabilizar.
El riesgo no se niega: se invisibiliza.
IV. La nueva función del Estado: de regulador a facilitador
Aquí hay un cambio más profundo que una política sectorial.
El Estado deja de ser un actor que regula, limita y orienta, para convertirse en un facilitador de procesos económicos.
No es la ausencia del Estado. Es su redefinición.
Un Estado que ya no pregunta “¿en qué condiciones se produce?”, sino “¿cómo aceleramos la producción?”.
La regulación ambiental —que históricamente ha sido una forma de equilibrio democrático entre intereses económicos y bienes comunes— pasa a ser vista como obstáculo.
Y lo que se retira no son solo normas. Es esa idea de equilibrio.
V. La intensidad del gesto: más que política pública, señal de época
No estamos ante un ajuste técnico.
La magnitud y diversidad de los decretos retirados —clima, biodiversidad, contaminación, áreas protegidas— indica una decisión de carácter estructural.
Es una señal:
hacia el mercado, de apertura regulatoria
hacia la institucionalidad, de debilitamiento
hacia la ciudadanía, de reordenamiento de prioridades
Y hacia el exterior, una advertencia: el compromiso ambiental puede ser reversible.
VI. El punto ciego: la democracia ambiental
Hay algo que suele quedar fuera del debate: la dimensión democrática de estas decisiones.
Las normas ambientales no son solo técnicas. Son el resultado de procesos de deliberación, evidencia científica, participación y acuerdos políticos.
Retirarlas sin debate público, mediante procedimientos administrativos, tensiona ese principio.
No porque sea ilegal. Sino porque redefine el estándar de cómo se toman decisiones que afectan bienes comunes.
VII. Escala final: del trámite al modelo
Lo que comienza como un oficio administrativo puede terminar como un cambio de modelo.
Si se consolidan estas decisiones, Chile no solo debilita su política ambiental. Cambia su forma de entender el desarrollo:
menos regulación
menos planificación
más discrecionalidad
Y en ese tránsito, lo que se pierde no es solo protección ambiental. Es capacidad de anticipación, de gestión del riesgo, de gobernanza de largo plazo.
VIII. La memoria del futuro
La historia de las democracias no se escribe solo en grandes crisis. También en estos gestos aparentemente menores, donde el Estado decide qué proteger y qué dejar de proteger.
Porque cada norma retirada hoy es un conflicto diferido para mañana. Cada estándar eliminado es un costo trasladado. Cada protección suspendida es una pregunta pendiente.
La pregunta, entonces, no es solo ambiental. Es política:
¿puede una democracia sostener su futuro cuando comienza, silenciosamente, a desmontar las reglas que lo hacen posible?
Paul Walder
La evidencia:







