
¿Necesitan reducción de impuestos los grandes capitales en Chile?
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Si uno echa una ojeada al mapa de la riqueza en Chile, se dará cuenta que al 80% de la población le falta riqueza (son económicamente vulnerables). No solo porque tengan ingresos bajos, sino porque los costos de vida van avanzando más rápido que el incremento de los salarios.
Esto ocurre no solo por la baja productividad estructural de nuestra economía (por ser primaria y de servicios que agregan poco valor), sino porque el excedente económico no tiene vías de redistribución, dado que el sistema tributario es regresivo (los que más ganan pagan menos impuestos, proporcionalmente, que aquellos que más ganan); tampoco el trabajo participa en el éxito de la gestión empresarial, como si se tratara de un insumo económico más, sin incidencias cooperativa ni creativa en el proceso de producción.
Esto queda demostrado en varios signos, pero uno es de efecto demostrativo incuestionable.
El 1% de los más altos ingresos se apropiaba hace 20 años de aproximadamente el 30% del ingreso nacional. Hoy, ese mismo 1% de los más ricos se apropia del 49% de todo el ingreso nacional. Esta progresión es peligrosa e insostenible en una sociedad que pretende ser democrática.
Está enorme concentración del ingreso define un estilo de sociedad empresocéntrica (Oscar Varsavsky), que se define por dar todas las garantías al sector empresarial, sin considerar al sector trabajo, como actor activo y personalidad social.
Está sociedad corporativista, casi puede ser comparada a la existente hasta antes de la Constitución de 1925, conocida como la del periodo oligárquico parlamentarista, pues ahí se mantenía un férreo control del Parlamento por parte de la oligarquía agraria, comercial y minera.
Hoy, son las corporaciones asociadas en la Sofofa y CPC y la SNA., las que unidas a las empresas transnacionales que se han instalado de manera relevante en la economía chilena, quienes imponen los programas y los representantes políticos de la derecha y el difuso centro político nacional. A veces a dedo y otras influyendo en el electorado por la acción de la difusión de ideas que generan temor o esperanzas que los inducen a elegir alternativas que favorecen los intereses de sus grupos, fuertemente privilegiados.
Lo hemos visto en las recientes elecciones, también en las del plebiscito de salida de la primera consulta constitucional. Desde que se impuso el voto obligatorio, una masa de ciudadanos, de escasa cultura política, viene sumándose a opciones electorales absolutamente incoherentes, variables e inconsistentes. Es decir, constituyen una masa electoral manipulable desde las versiones y relatos mediáticos, que por desgracia están plenamente concentradas y dependientes de los mismos sectores empresariales.
LOS ESTIMULOS TRIBUTARIOS.
Nos preguntábamos: ¿Necesitan los empresarios más incentivos tributarios?
¿Tienen carencias de ahorro o capital los grandes empresarios de Chile?
Según el programa de gobierno de esta derecha extrema, pero también de los dos gobiernos de Piñera, los empresarios son desfavorecidos en Chile.
¿Es esto verdad?
Veamos.
Durante la dictadura, surgieron grupos empresariales desde la nada. Uno de los más relevantes era el grupo de los “ Pirañas”, de Javier Vial y compañía, otros competían desde cerca en la carrera por engullir todas las áreas rentables de la economía, que hasta 1973 estuvo en manos del Estado, como era el caso de Manuel Cruzat. Más de 730 empresas públicas fueron apropiadas por esta casta pro golpista de empresarios.
Su ambición fue tan grande y extensa que no se fijaron que el modelo de economía abierta y dominada por los petrodólares, les atraparía como pantano, desembocando en la crisis de 1972-73.
La deuda generada por estos pseudo empresarios especuladores, debió ser asumida por el Estado, es decir, como deuda soberana, la que terminaron pagando todos los chilenos vía impuestos y reducción de los beneficios sociales y salariales.
Más de 7 mil millones de dólares de cargaron a las espaldas de los mismos a los que se expropiaron sus empresas es decir, al pueblo (deuda subordinada).
Luego, en los años 80, surgieron otros grupos económicos dominantes: Luksic, Angelini y Matte, que ya provenían desde los 70, pero se fueron expandiendo al amparo de las ventajas oligopólicas vigentes y de las oportunidades expansivas o de inversión que generan las grandes crisis, cuando se posee gran capacidad de compra con capital efectivo.
También se fueron sumando empresarios de la minería como Ponce Lerou, que se apropia de Soquimich de manera obscura; del sector financiero especulativo cómo Piñera, que emerge del manejo en la intervención del Banco Talca, también de turbia gestión; por otro lado Yuraszeck-Mackenna que derivan de las eléctricas y su privatización, adjudicándose acciones privilegiadas, con lo que se hacen de un capital- sin poseer ni un peso- de más de 500 millones de dólares.
Así se fueron armando nuestras principales fortunas, a expensas de bienes públicos y con estilo mafioso indiscutible.
Las reformas estructurales en temas como la salud, educación, pensiones y seguros que se imponen desde mediados de los ochenta, dan por a formar sociedades privadas con fines de lucro, destinadas a introducirse en la propiedad y administración de clínicas, laboratorios, colegios, universidades, aseguradoras,etc.
La reforma que cambia la situación, generando un punto de inflexión, fue la generación de las AFP. Este sector privado de administración de los fondos para pensionarse de los trabajadores, se convirtió en la gran billetera para estos grupos de reciente creación. La disponibilidad del ahorro de los trabajadores chilenos para uso privilegiado de los grupos empresariales, concedido a muy bajo costo y sin discriminación de destino ni responsabilidad por resultados, ha sido la ancha escalera por la que se han encumbrado las grandes fortunas, menos de mundo del desarrollo productivo y mucho más del mundo financiero y especulativo (incluso el Retail se convirtió hacia la acción financiero- especulativa, de manera muy cuestionable en su desempeño y transparencia.
Los empresarios de Chile han gozado de unos 150.000 millones de dólares, provenientes del ahorro de los trabajadores, para sus negocios, desde los cuales extraen jugosas ganancias cobrando tasas abusivas a los mismos trabajadores en los créditos que les ofertan para el consumo masivo.
Las concesiones tributarias.
Las inversiones mineras, tanto nacionales como extranjeras, se acogieron a unas normas tan laxas de inversión que han generado escándalos de proporciones cuando el Fisco intentó cobrarles derechos por compraventa.
Las empresas mineras cuentan con 10 formas de reducir sus obligaciones tributarias, y las han aplicado de manera integral, hasta el punto que algunas operaron más de 22 años sin pagar impuestos.
La normativa tributaria, para que las empresas reinviertan sus excedentes, les ha conferido la postergación casi al infinito del pago de sus impuestos, procedimiento que se conoce como el FUT. Solo se cobra de impuesto las ganancias que se transfieren directamente al accionista.
Está concesión graciosa ha permitido a las empresas conservar en su poder una cantidad de dinero que se aproxima a caso un zapato PIB nacional. El SII (Servicio de Impuestos Internos) ha detectado unos 162.000 millones de dólares, invertidos en el extranjero, y no encuentra forma de que regresen.
¿Porqué no han dado resultado las rebajas de impuestos aplicadas en el pasado?
Simplemente porque nuestros empresarios que se dedican a la producción son Pymes y tienen poca capacidad de competir en una economía de apertura total. Las grandes empresas son extractiva y ya tienen los estímulos vigentes y activos, como lo vimos antes. Porque Chile es una economía financiarizada y rentista, y esos sectores no funcionan con esa clase de incentivo, destinados a la inversión productiva. De hecho, el único sector que usa los recursos del FUT, son las pequeñas y medianas empresas, pues sus excedentes, en general, son muy limitados.
¿Más de lo mismo o un nuevo paradigma?
Chile no sabe salir de la trampa de un modelo dominado por los servicios y el financiero-. Esta falla en el diagnóstico estructural es lo que le hace perseverar en pensar en que con rebajas tributarias se puede hacer crecer la economía productiva y el empleo. Pero el intento se frustra una y otra vez.
Debemos abandonar la conformidad pasiva de la economía compuesta por la triada extractivista, financiero- especulativa y comercial.
Debemos abordar los desafíos de una economía creativa, que suba la productividad y la demanda laboral calificada. En definitiva debemos industrializarnos. Si se quieren emplear estímulos fiscales, deben ser dirigidos específicamente a la inversión industrial, pero es un grave error hacerlo de forma indiscriminada a todo el sector capital.
El éxito de los países asiáticos, se traduce en, justamente, estimular de forma discriminada la inversión industrial.
Acá, los estímulos universalizados al capital no han dado resultados, tampoco los darán en el futuro. Sólo lograrán abrir las puertas del gallinero a los zorros que lo usarán para acumular más sin invertir más, incrementando la desigualdad, el estancamiento y la fuga de capitales.
Los capitalistas de Chile, mantienen un stock de capitales que no tiene comparación en la historia, no necesitan esas medidas.
Lo que se requiere es una planificación indicativa desde el Estado, con la finalidad de dar los pasos iniciales a una propuesta industrializadora, que destine capitales públicos y privados en esta nueva e infinita aventura productiva, que nos lleve a una fase superior de nuestro desarrollo.
Hugo Latorre Fuenzalida





