Corrientes Culturales

“Cabeza de elefante”: transitando a lo vulnerable del ser

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“Y como todo es inútil, como los candados del infinito

crujen en goznes mohosos,

su actitud llena la tierra de lamentos.

Escucho el regimiento de esqueletos




del gran crepúsculo”.

(Pablo De Rokha. “Canto del macho anciano”)

 

Vivimos en la ilusión del ser bajo la creencia de que estamos destinados a hacer algo como tributo a eso que llaman el milagro de la vida. Como si la vida consistiera en empeñarse a algo en vez de vivirla. Así nos podemos pasar años, felices o frustrados, pero siempre ocupándonos en algo que le dé consistencia a nuestro estar, ese lugar en el que pretendemos se realice nuestro ser. Como si la vida tuviera un destino al cual estamos atados para escapar a la levedad, escapando a la conciencia de lo vulnerable. Qué hacemos al fin con nuestra vejez, más allá del intento de liberarnos de la angustia, cayendo en el delirio de que es importante lo que somos a partir de lo que hicimos, sufriendo las imágenes de que sólo somos un cuerpo y que antes de ser polvo tendremos que pasar por las tribulaciones como los marineros en las noches de tormenta.

“Cabeza de elefante” es una obra de teatro que confronta nuestra relación con la vejez recordándonos esa condición vulnerable de los sujetos, haciéndonos pasar por esas acciones cotidianas y rutinarias que son parte del día a día, tales como levantarse, digerir, asearse, caminar. Socializar, habitar el espacio público, descansar y dormir, siendo parte de una repetición cíclica como la del día o la de la noche, que no sabemos con certeza si mañana vuelvan a suceder, pero lo cual no dudamos que suceda. ¿Cómo continuamos la vida si perdemos la memoria? El espejo del olvido esconde monstruos que no conocemos y que intervienen nuestra convivencia, nuestras seguridades desaparecen y transitamos en lo vulnerable que conforma nuestro ser más auténtico y originario, expuesto a la soledad con la consecuencia del abandono. Un problema de cada individuo que no hemos resulto socialmente, la paradoja entre el ser y el somos.

Es este otro importante trabajo de la Compañía Silencio Blanco, que antes ya me había estremecido con “Antuco”, también en un escenario del GAM. Esta nueva creación es dirigida por Santiago Tobar, con la producción creativa de Dominga Gutiérrez, junto a las interpretaciones de Camilo Yáñez, Marco Reyes, Karin Mayorinca y José Calderón. Además de la composición musical de Ricardo Pacheco que contribuye a la sonoridad expresiva de las marionetas que protagonizan las escenas. Excelente acierto la exposición de esta obra financiada por el Fondo de Artes Escénicas y apoyada con la colaboración de la institución noruega Figurteatret y Nordland, y de la institución belga Het Lab Hasselt, fortaleciendo el reconocimiento de obras chilenas en escenarios internacionales, cuestión que sin duda estimula a los creadores nacionales. Estamos frente a una obra de una excelente compañía que ha sabido reflejar aspectos de la sociedad chilena contemporánea a partir de recursos creativos y estéticos que nos permiten reflexionar y disfrutar, a la vez, de la expresión artística.

 

Alex Ibarra Peña.

Dr. En Estudios Americanos.

@apatrimoniovivo_alexibarra



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