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IPC de abril golpea por alza de combustibles y abre flanco político para el gobierno tras tardía corrección al MEPCO

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El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de abril registró una fuerte alza mensual de 1,3%, impulsada principalmente por el incremento en los combustibles y los costos energéticos, en un escenario donde el gobierno optó por traspasar directamente el shock internacional de precios a los consumidores en lugar de amortiguarlo mediante el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO).

La cifra, dada a conocer este viernes por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), acumuló una inflación de 2,7% en lo que va del año y de 4,0% en doce meses.

Aunque el alza responde en gran medida al aumento global de los precios de la energía derivado de las tensiones geopolíticas y la volatilidad internacional, el manejo interno del impacto abrió rápidamente cuestionamientos políticos hacia el Ejecutivo.

Especialmente porque, tras semanas permitiendo que el aumento llegara directamente al bolsillo de los consumidores, el gobierno publicó este miércoles en el Diario Oficial un ajuste al MEPCO que —según proyecciones— permitirá una disminución cercana a los 70 pesos por litro en las gasolinas durante las próximas semanas.




La corrección fue interpretada por sectores políticos y económicos como una admisión implícita de que existía margen para amortiguar antes el impacto inflacionario.

Transporte y energía empujaron el IPC

El informe del INE muestra con claridad que el principal motor inflacionario de abril fue la división Transporte, cuyos precios aumentaron 8,0% mensual, aportando por sí sola 1,011 puntos porcentuales a la inflación total.

Dentro de ese segmento, el golpe más fuerte provino directamente de los combustibles.

La gasolina registró un aumento mensual de 25,3%, acumulando un alza de 29,7% en lo que va del año.

Pero el dato más sensible fue el incremento del petróleo diésel, que subió 45,7% sólo en abril y acumula un alza anual de 55,7%.

Ese aumento tiene efectos económicos mucho más amplios que el de las gasolinas particulares.

El diésel impacta directamente el transporte de carga, la distribución de alimentos, la logística, el comercio y buena parte de la cadena productiva nacional. Por eso suele actuar como un “multiplicador” inflacionario sobre productos de consumo masivo.

No es casual que el transporte en bus interurbano también registrara un fuerte incremento mensual de 18,6%.

A ello se sumó el aumento del gas licuado, que subió 5,8% en abril.

Un impacto más político que técnico

Desde el punto de vista económico, el gobierno defendió inicialmente el traspaso de precios argumentando responsabilidad fiscal y la necesidad de evitar un uso excesivo del MEPCO en un contexto internacional incierto.

Sin embargo, el problema político comenzó cuando el Ejecutivo terminó realizando igualmente una corrección significativa pocos días después del fuerte impacto inflacionario.

Eso abre una pregunta incómoda para La Moneda: si finalmente existía espacio para amortiguar el alza, ¿por qué se permitió primero el golpe completo sobre los consumidores?

La situación resulta particularmente delicada porque ocurre en un contexto de desaceleración económica, deterioro del poder adquisitivo y creciente sensibilidad ciudadana frente al costo de la vida.

Aunque el IPC sin volátiles mostró una variación mensual bastante más moderada de 0,5%, y el IPC sin alimentos ni energía apenas llegó a 0,3%, la percepción ciudadana suele concentrarse precisamente en aquellos precios que afectan directamente el gasto cotidiano: combustibles, transporte, gas y servicios básicos.

Y allí el golpe fue considerable.

El costo de vivir sube más rápido que los ingresos

El problema se vuelve más sensible considerando que los salarios reales continúan mostrando fuertes dificultades para recuperar poder de compra.

En la práctica, un aumento abrupto en combustibles y energía golpea proporcionalmente mucho más a los hogares de ingresos medios y bajos, donde transporte y servicios básicos representan una fracción significativamente mayor del gasto mensual.

Además, el impacto inflacionario derivado del diésel suele trasladarse gradualmente hacia alimentos, productos básicos y cadenas de distribución.

Aunque en abril la división de alimentos mostró variación cero, economistas advierten que parte del efecto secundario podría reflejarse en los próximos meses.

En otras palabras, el IPC de abril podría no representar todavía el efecto completo del shock energético.

Una señal compleja para el gobierno

La corrección al MEPCO probablemente aliviará parcialmente la presión sobre los precios durante mayo, pero políticamente el daño ya parece instalado.

Porque el problema no fue únicamente el alza internacional —fenómeno fuera del control directo del gobierno— sino la percepción de que el Ejecutivo optó inicialmente por proteger las cuentas fiscales antes que amortiguar el impacto social inmediato.

Eso resulta particularmente complejo para un gobierno que ha buscado mantener un discurso centrado en protección social y defensa del poder adquisitivo de los hogares.

La inflación de abril deja así una doble señal.

Por un lado, confirma que Chile sigue siendo altamente vulnerable a shocks energéticos internacionales y a la dependencia de combustibles fósiles importados.

Por otro, evidencia el delicado equilibrio político que enfrenta cualquier gobierno cuando debe decidir cuánto costo absorberá el Estado y cuánto recaerá directamente sobre la ciudadanía.

Y en esta ocasión, el costo llegó primero al bolsillo de las familias.



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