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El “Museo de la Verdad”: la nueva ofensiva de la ultraderecha sobre la memoria histórica

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Cada cierto tiempo, sectores de la derecha más dura vuelven sobre una vieja obsesión: disputar el relato histórico sobre la Unidad Popular, el golpe de Estado y la dictadura. Esta vez lo hacen a través de una propuesta tan llamativa como reveladora: la creación de un llamado «Museo de la Verdad» destinado a mostrar los supuestos atropellos, el hambre y la humillación sufridos por los chilenos durante el gobierno de Salvador Allende.

Más allá de su impacto mediático, la iniciativa tiene un problema de origen. No surge desde el mundo académico. No es el resultado de nuevas investigaciones. No responde a un debate historiográfico abierto ni a descubrimientos documentales que obliguen a revisar lo que sabemos sobre ese período.

Detrás de la iniciativa aparecen siete diputados del Partido Nacional Libertario, encabezados por Johannes Kaiser, principal referente de la nueva derecha radical chilena. Pero más revelador que quienes la firman son quienes están ausentes. El proyecto no cuenta con el respaldo conocido de universidades, historiadores, centros de estudios, investigadores especializados en la Unidad Popular, museólogos o instituciones patrimoniales. No nace desde el mundo de la investigación histórica sino desde un sector político que desde hace años cuestiona los consensos democráticos construidos en torno a la memoria del golpe de Estado y la dictadura.

Es, simplemente, una propuesta política.




Y ni siquiera una propuesta política nueva. La idea de un «Museo de la Verdad» circula desde hace más de una década en sectores vinculados al pinochetismo que nunca aceptaron plenamente el consenso democrático construido en Chile después de 1990.

Lo curioso es que nadie discute los hechos que sus promotores dicen querer rescatar. La inflación, el desabastecimiento, la polarización social, la intervención extranjera, los conflictos políticos y económicos de la Unidad Popular han sido objeto de miles de libros, investigaciones, tesis universitarias y estudios publicados dentro y fuera de Chile. Son temas ampliamente conocidos y debatidos.

No existe una conspiración historiográfica que los haya ocultado.

Por eso resulta difícil entender qué verdad nueva pretenden revelar.

La paradoja es evidente. Mientras el Museo de la Memoria se apoya en informes oficiales del Estado, sentencias judiciales, archivos desclasificados, testimonios de víctimas y décadas de investigación nacional e internacional sobre violaciones a los derechos humanos, el llamado «Museo de la Verdad» parece apoyarse fundamentalmente en una convicción ideológica: que la memoria democrática construida durante los últimos treinta años debe ser relativizada.

La diferencia no es menor.

Una cosa es investigar la historia. Otra muy distinta es intentar corregirla para acomodarla a una identidad política.

En realidad, el nombre escogido delata el propósito de la iniciativa. Los historiadores serios rara vez hablan de «la verdad». Hablan de evidencias, interpretaciones, contextos y debates. Quienes proclaman poseer la verdad histórica suelen estar haciendo política, no historiografía.

Y eso parece ser exactamente lo que ocurre aquí.

La propuesta no busca ampliar el conocimiento sobre el pasado. Busca disputar el significado político del pasado.

Por eso el objetivo no parece ser Salvador Allende. Tampoco la Unidad Popular. El verdadero adversario es el consenso democrático que terminó estableciendo algo que para la inmensa mayoría de los investigadores del período resulta indiscutible: que el golpe de Estado destruyó la democracia chilena y que la dictadura instauró un sistema de represión sistemática documentado por tribunales, organismos internacionales y el propio Estado de Chile.

La operación es conocida. No se niegan necesariamente los crímenes. Se intenta construir una equivalencia moral. Se busca instalar la idea de que todo fue consecuencia inevitable de lo ocurrido antes y que, por tanto, la discusión sobre las responsabilidades históricas debería reabrirse.

Es una estrategia que ha sido observada en numerosos movimientos de ultraderecha en distintas partes del mundo: desplazar el debate desde los hechos hacia la legitimidad de la memoria colectiva.

Por eso la pregunta relevante no es si el proyecto tendrá éxito. Probablemente no lo tendrá.

La pregunta es por qué, a más de cincuenta años del golpe de Estado, ciertos sectores siguen necesitando construir museos para justificar o relativizar lo que la historia, la justicia y la investigación académica llevan décadas estableciendo.

Quizás porque la verdadera batalla nunca ha sido por la verdad.

Ha sido por la memoria. Y por quién tiene el poder de contar la historia de Chile

Félix Montano



  1. Felipe Portales says:

    ¡No saben «con la chichita con que pueden curarse»! Excelente idea de establecer un «Museo de la Verdad Histórica Chilena». Allí tendrían que estar los genocidios mapuches y de los indígenas australes; las masacres de Valparaíso (1903), Santiago (1905), Antofagasta (1906), Iquique (1907), Puerto Natales (1919), Punta Arenas (1920), San Gregorio (1921), La Coruña (1925), Vallenar (1931), Ranquil (1934), Seguro Obrero (1938), Plaza Bulnes (1946), Santiago (1957), José María Caro (1962), El Salvador (1966), Puerto Montt (1969) y Apoquindo (1993), entre otras. También estarían las horrendas condiciones sociales de los sectores populares durante el siglo XIX y hasta bien entrado el XX; y particularmente la opresión semifeudal en que vivió el campesinado chileno hasta la Reforma Agraria en los 60 del siglo pasado. Asimismo, como las diversas Constituciones chilenas (incluyendo la de 1925) se violaban sistemáticamente a través de prácticas o leyes inconstitucionales: Decretos de insistencia, leyes de delegación de facultades extraordinarias, leyes de Zona de Emergencia, de Seguridad Interior del Estado, de Defensa de la Democracia, impedimento de sindicalización campesina, etc.; como se fueron constituyendo, a través de usurpaciones, la propiedad agraria desde Bío Bío hasta el extremo austral; etc. etc. ¡Excelente idea!

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