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Cuando la paz se vuelve un lujo: la ONU examina un mundo atrapado entre la militarización y la desigualdad

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La profesora Cecilia M. Bailliet, nombrada por el Consejo de Derechos Humanos como Experta Independiente sobre los derechos humanos y la solidaridad internacional, presentó el 17 de junio de 2026 su informe anual ante los Estados Miembros. Su mandato, establecido por la resolución 53/5, consiste en analizar cómo la solidaridad internacional puede fortalecer la paz, la igualdad, la cooperación entre Estados y la protección de los derechos humanos, así como formular recomendaciones para revitalizar el multilateralismo y promover la solución pacífica de controversias.

Ginebra. En la sala del Consejo de Derechos Humanos, donde las delegaciones suelen medir cada palabra, el informe presentado hoy por la Experta Independiente Cecilia M. Bailliet cayó como un diagnóstico incómodo: el mundo se desliza hacia una era en la que la paz —ese principio fundacional del sistema multilateral— ya no es una garantía, sino una excepción.

El documento, A/HRC/62/38, parte de una constatación que el propio Secretario General formuló en su mensaje de Año Nuevo: “Para que el mundo sea más seguro, hay que invertir más en la lucha contra la pobreza y menos en las guerras”. Bailliet retoma esa advertencia para trazar un mapa global donde la militarización, la desigualdad y la erosión del multilateralismo se entrelazan hasta poner en riesgo la arquitectura misma de la paz.

Un mundo que se remilitariza mientras se recortan los derechos

Bailliet describe un escenario inquietante: Estados que vulneran los principios de la Carta, potencias que recurren a la fuerza o la amenaza, y gobiernos que reducen simultáneamente los presupuestos destinados a salud, educación, desarrollo y derechos humanos.




El informe señala que la comunidad internacional presencia “la evisceración de las normas constitucionales e internacionales sobre la paz”, mientras proliferan los ensayos nucleares, se expanden las redes criminales transnacionales y se profundiza la polarización social.

La paradoja es evidente: más armas, menos diplomacia; más gasto militar, menos inversión social.

La solidaridad internacional como antídoto frente al desorden global

El corazón del informe es una defensa de la solidaridad internacional como principio operativo, no como consigna abstracta. Bailliet la define como el “corolario positivo de la no discriminación”, un acto que corrige exclusiones estructurales y que debe guiar tanto las políticas públicas como la acción multilateral.

La Experta insiste en que la paz no puede reducirse a la ausencia de guerra —la llamada paz negativa— sino que exige igualdad, inclusión, cohesión social y participación de los grupos vulnerables. La paz, recuerda, es una Grundnorm, una norma fundamental sobre la que se construyen la Carta de la ONU, el derecho regional y muchas constituciones nacionales.

Estados que callan, Estados que retroceden

Uno de los pasajes más reveladores del informe es la lista de países que respondieron a la consulta de la Experta: solo 17 Estados enviaron información. Ninguno de los países considerados “más pacíficos del mundo” participó.

La ausencia no es anecdótica: para Bailliet, revela una tendencia preocupante hacia la despriorización de la paz y un giro hacia la remilitarización incluso en democracias consolidadas.

La paz como derecho: jurisprudencias que resisten

El informe recorre ejemplos de tribunales nacionales que han reconocido —explícita o implícitamente— el derecho a la paz. Desde Costa Rica, que anuló su apoyo a la invasión de Iraq en 2003, hasta Japón, donde los tribunales han debatido el alcance del artículo 9 de la Constitución, la Experta muestra que la sociedad civil y los jueces han sido, en ocasiones, los guardianes de un principio que los gobiernos erosionan.

También destaca la objeción de conciencia como forma legítima de solidaridad con la paz, recordando que el derecho internacional protege a quienes se niegan a participar en acciones militares contrarias a la Carta.

Zonas de paz, tratados de armas y la fragilidad del multilateralismo

Bailliet examina las zonas de paz —desde América Latina hasta el espacio ultraterrestre— como expresiones concretas de solidaridad internacional. Pero advierte que incluso estos compromisos están siendo vulnerados, como ocurrió con la extracción forzada del presidente venezolano Nicolás Maduro en 2026, un hecho que contravino la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.

El informe también alerta sobre el retroceso en los tratados de desarme, incluyendo la retirada de varios Estados europeos del Tratado de Prohibición de Minas Antipersonal y el riesgo de reanudación de ensayos nucleares.

La solución pacífica de controversias: un principio en retroceso

La Experta recuerda que la Carta de la ONU establece una secuencia obligatoria para resolver disputas sin recurrir a la fuerza. Sin embargo, en un mundo donde la diplomacia preventiva pierde terreno, los mecanismos de mediación, arbitraje y conciliación se ven debilitados.

El informe destaca ejemplos positivos —desde Asia Central hasta América Latina— pero advierte que la tendencia global es hacia la gestión militarizada de los conflictos, no hacia su resolución pacífica.

Un llamado urgente: reconstruir la paz desde la solidaridad

El informe presentado hoy no es un ejercicio académico: es una advertencia. Bailliet sostiene que la paz y la solidaridad deben entenderse como metaderechos, condiciones habilitantes para el disfrute de todos los demás derechos humanos.

Su mensaje al Consejo es claro: – La paz no puede darse por sentada. – La solidaridad no es opcional. – El multilateralismo no sobrevivirá sin un compromiso renovado con la solución pacífica de controversias.

En un mundo donde la violencia se normaliza y la desigualdad se profundiza, el informe recuerda que la paz no es un estado natural, sino una construcción política, jurídica y social que requiere voluntad colectiva.

Hoy, en el 62º período de sesiones del Consejo, esa voluntad se puso a prueba. El desafío es si los Estados estarán dispuestos a escuchar.



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Elena Rusca

Periodista, corresponsal en Ginebra

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