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La tragedia que se viene

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La televisión uniforme se ha dado un festín con la tragedia que trae el temporal que azota a gran parte de Chile. Cuanto más trágica es la imagen y la noticia, cuanto más pasan los avisos comerciales que se suceden con solo minutos de intervalo. Pero el drama apenas comienza y no se trata de pluviometría o cortes de caminos. Lo que se viene es algo que no se relaciona con los pulsos de la naturaleza, sino con la avaricia humana, la que, en el caso de la ultraderecha, ha demostrado que no tiene límites.

La verdadera tragedia a la que se enfrenta el Chile pobre, superpuesta a la climática, es la ley llamada de reconstrucción que lo único que reconstruye es el ánima profunda, rectificada, mejorada y extremada de la dictadura de Pinochet.

Se viene un tiempo trágico para el ya maltratado pueblo de Chile. Y una época de oro para los ya obscenamente ricos que conforman un puñado de sinvergüenzas y corruptos.

No hay riqueza extrema lograda honestamente.




Una tragedia infinitamente más profunda y grave que las ya lamentables inundaciones, e infinitamente menos tratadas por los medios de comunicación encubridores de lo que se viene, augura un tiempo que no se había visto desde la dictadura.

Incluso peor si se considera que, por entonces, al menos había quienes luchaban en su contra.

Como se sabe, para recuperar los dineros que esta ley entrega a los ultrarricos, quitará derechos sociales y servicios esenciales para la población menos afortunada: salud, educación, pensiones, sueldos y lo que a usted se le ocurra, además de endeudarse en miles de millones de dólares.

Es tan extrema esta reforma, que en el caso de que un proyecto sea prohibido porque no cumpla con la ley, el Estado se obligará a pagar una indemnización que, en los hechos, será mejor que lo que habría ganado de haber seguido con esa empresa.

Por donde lo mire, será mejor negocio incumplir la ley que el negocio mismo.

Hasta las herencias de las grandes fortunas no pagarán el impuesto que pagan hoy. Ni pagarán impuestos quienes inviertan en la Bolsa, ni contribuciones las grandes mansiones.

Así, usted verá menos buses en la calle, menos médicos en los consultorios en los cuales habrá menos medicamentos y servicios, verá menos dinero en educación, ni hablar de reajustes salariales decentes ni de becas o inversiones públicas.

Pero los ricos serán más ricos.

La cesantía se va a disparar y es probable que la respuesta sean contrataciones al estilo del PEM y el POJH para paliar la emergencia que ellos mismos habrán creado, a la espera de un crecimiento que no va a llegar y que, de haberlo, jamás resolverá nada para los trabajadores y sus familias.

La rebaja de la PGU, los programas de alimentación y cuidados de los niños, solo se han dejado para un momento mejor. Pero que va, va.

La sucesión de medidas que esta legislación pondrá en marcha es de tal envergadura retrógrada e inhumana, que, en breve, las tensiones que va a generar dispararán reacciones sociales de impensables consecuencias.

Se viene un tiempo de sufrimientos que parecían cosa de un pasado y de convulsiones para las cuales el criterio de respuesta de la ultraderecha ha sido y será siempre represión, manipulación y mentiras.

Pero otra vista de lo que se advierte en lontananza trae una variante desde el punto de vista de la gente víctima de este orden extremista: no habrá quienes se pongan a la cabeza de eso que se incuba silenciosamente.

Si la actual oposición al gobierno de José Antonio Kast piensa capitalizar el descontento de los desheredados, que se haga moñitos: en una medida trágicamente enorme son los culpables de lo que ahora adjudican solo a la ultraderecha.

Como no nos cansaremos de decir, el de Gabriel Boric no fue el único gobierno dizque progresista culpable de tejer la alfombra para que los pinganillas corruptos ostenten todo el poder que ahora tienen. Fue necesario un largo proceso de dilución de las ideas de izquierda hasta el límite de confundirse en actitudes y conductas con quienes, hasta hace no mucho, eran la mejor representación del enemigo de la gente.

¿Recuerda usted dónde iba a ser enterrado el neoliberalismo y por quién?

Y este recule histórico tiene su momento decisivo cuando quienes combatieron a la dictadura pagando con la vida de muchos de sus militantes, aceptaron las condiciones de repliegue, más bien rendición, que les impusieron.

En algún momento la ultraderecha concluyó que el proyecto de la dictadura era posible sin la dictadura. Pero a condición de desmovilizar a los más enconados, preparados y decididos de sus enemigos. Y que, por esa vía, a buena parte de la izquierda era posible comprarla/arrendarla/someterla y disponerla para una transición que jamás fue.

Visto el escenario lúgubre, es en este momento cuando deben impulsarse iniciativas que entiendan la política como un legítimo y necesario espacio en disputa.

Que se comprenda de una vez por todas que es en este dominio en donde se ha permitido que se atrinchere y adquiera rango democrático y por lo tanto legítimo, el pinochetismo más criminal. Pero que también es en este campo en el que se puede enfrentar al proyecto de refundación pinochetista, por la vía de levantar un proyecto político que no mire el qué dirán de los timoratos ni el reproche de los cobardes.

Se trata, en el fondo, de ofrecer al pueblo abandonado una causa por medio de la cual exprese sus frustraciones, su capacidad resiliente, pero también su decisión de pelear por un presente mucho más digno y tranquilizador que el que vivimos.

El futuro dejémoslo para más rato.

Si nos fijamos, desde el retiro de los militares se han ensayado políticas que, desde el punto de vista del pueblo, no han funcionado.

¿Será necesario decir que se trata de hacer algo diferente?

Mas y mejor neoliberalismo lo único que trae es más y peor crisis que, sin tener quien lo defienda, siempre la termina pagándola el pueblo como víctima o como soporte de sus propios victimarios: la peor expresión de este momento no es la pobreza que genera: es que los pobres diablos explotados y abandonados tienden a creer en las soluciones que les ofrecen aquellos que crearon este modo de vida.

Hace más de medio siglo para hacer una reforma de esta envergadura, fue necesario un golpe de Estado y matar a miles de personas.

 

Ricardo Candia Cares

 

 



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Ricardo Candia

Escritor y periodista
  1. Felipe Portales says:

    La tragedia ya la tuvimos: Primero con la dictadura sanguinaria; y luego con el liderazgo de nuestra centro-izquierda que solapadamente abandonó todos sus ideales «a fines de los 80» («convergencia» con la derecha, la llamó Boeninger en 1997); y que engañosamente procedió a legitimar, consolidar y profundizar la democracia tutelada y el modelo neo-liberal que aquella había proyectado. El gobierno de Kast constituye una simple consecuencia de todo ello.

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