
Bases ideológicas de la nueva elite planetaria
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Pensamos, en un comienzo, intitular este ensayo bajo el nombre de ´Fundamentos teóricos de la nueva élite planetaria’, pero muy pronto desechamos tal idea. Como se podrá comprobar en el desarrollo del trabajo, no es teoría lo que emplea esa élite, como fundamento de su acción, sino un simple cúmulo de ideas y propuestas, llamados a las emociones y a los sentimientos, afirmaciones difíciles de medir o sopesar, ajenas a cálculos o estimaciones matemáticas, suposiciones, visiones focalizadas, ocurrencias, afirmaciones referenciales elevadas al rango de verdad, en la generalidad de los casos, absolutamente desprovistas de una lógica elemental y, lo más peligroso: culto a creencias de toda índole.
¿Puede todo ello suceder con una clase que domina, y pretende seguir haciéndolo, por los siglos de los siglos? Intentaremos dar una respuesta a ello.
¿FASCISMO, NAZISMO, ULTRADERECHA, DERECHA LIBERTARIA, NUEVA CLASE SOCIAL?
En varios de nuestros trabajos hemos señalado la inconveniencia de calificar indebidamente a un gobierno de la manera que usualmente se hace en las conversaciones diarias. Eso no ayuda a identificar al fenómeno que se tiene enfrente. E implica regalar al adversario el uso o empleo de ciertas palabras:
“Si llamamos fascista a un demagogo, ¿cómo llamaremos al fascista cuando llegue? Si llamamos neoliberal ortodoxo a quien propone lo mismo que propuso Marcel, ¿con qué vocabulario discutiremos, en serio, el tamaño y la calidad del Estado que queremos? El demagogo incompetente se combate llamándolo demagogo incompetente, con evidencia y sin estridencia.
Cuidar el lenguaje es defender la herramienta con que una democracia distingue el peligro real del fantasma, y protege al ciudadano del abuso de los poderosos. En una época en que todas las verdades se banalizan y deforman, esa distinción vale más que nunca”[1].
El fenómeno actual no es una repetición de esa historia que jamás se repite. Por el contrario, es la consecuencia de la alteración o modificación que experimentan las tres fracciones de la clase poseedora del capital al especializar, una vez más, sus funciones con ocasión del desarrollo espectacular que experimentan las fuerzas productivas de la sociedad. El conjunto, que se muestra en el umbral del ingreso a una nueva era, anuncia su presencia con la aparición de un nuevo instrumento de trabajo: la IA. Si queremos referirnos a esas tres fracciones como un todo, podemos elegir una palabra. Varufakis se refiró a ellas como ´tecnofeudalismo’; nosotros las llamaremos ‘tecnocracia digital’ en sus tres variantes: financiera (o fondos de inversión), comercial e industrial, una de las cuales (la primera) conduce hegemónicamente al resto. No volveremos sobre esto.
UNA CLASE DOMINANTE ORGANIZADA PARA LA SOCIEDAD QUE SE ANUNCIA
Los sectores dominantes tienen no sólo plena conciencia que han de estar preparados para enfrentar las periódicas crisis del sistema capitalista ─ocasionadas por la caída tendencial de la cuota de ganancia─, sino salir, de las mismas, robustecidos. En los sectores dominados, la fragmentación de todos ellos en grupos políticos de diversas tendencias les impide alcanzar acuerdos que les permitan dar solución a sus demandas. Y cuando se alzan en protestas o revueltas, no tienen tiempo para conformar dirección finalizando en derrotas. Las veces que han logrado éxito terminan, históricamente, reconstruyendo la sociedad que buscaban abolir. George Sorel llama a este fenómeno ‘la venganza del pasado’.
En 1973, y para enfrentar el traspaso del umbral que se avecina, organizaron las clases dominantes, la Fundación Heritage. En consecuencia, el plan que hoy enarbolan esos sectores ─y se extiende sobre el planeta como una plaga pavorosa─, no es algo nuevo sino, por el contrario, una ideología que se ha estado elaborando durante decenios hasta hacerse carne en una sociedad en donde impera una forma de acumular exclusiva y excluyente, que privilegia el individualismo y establece la competencia como forma de vida.
LA FUNDACIÓN ‘HERITAGE’. ALGUNAS NOTAS
Estrechamente vinculada a Margaret Thatcher, Ronald Reagan y George H.W. Bush, entre otros líderes conservadores, y siendo sus fundadores Paul Weyrich, Edwin Feulner y Joseph Coors, la Fundación ‘Heritage’ (The Heritage Foundation) empezó a funcionar en 1973, con sede en Washington.
Los estatutos de la organización indican que su objetivo primordial es promover la difusión de los principios de la libertad individual, gobierno limitado, libre empresa, defensa nacional y valores tradicionales estadounidenses. Pero también indican, como parte de su acervo doctrinario, que es partidaria de la intervención norteamericana en otras naciones, declarándose contraria al aborto,.
Donald Trump no contó con el apoyo, durante su primer período, de este think-tank, el más poderoso de cuantos hay en Estados Unidos. La Fundación no le tenía confianza; sin embargo, el liderazgo que mostró al término de su período, al imponerse, incluso, dentro del partido Republicano, lo posesionó como uno de sus favoritos. Por eso, al enfrentar su segunda magistratura, la situación fue distinta. Un autor señala, sobre ese momento, que
“A medida que Donald Trump se acercaba a los 270 votos electorales que sellaron su asombrosa victoria política en las primeras horas del miércoles, uno de los primeros en felicitarlo fue la Heritage Foundation, el laboratorio de ideas conservador de propuestas políticas, sobre la que Trump había fingido ignorancia durante la campaña”[2].
En los años anteriores, la Fundación ‘Heritage’ había elaborado un documento intitulado ‘Proyecto 2025’. Allí proponía introducir reformas al Gobierno Federal para el caso que Donald Trump ganara las elecciones en 2024. El proyecto, que sigue vigente, pretende terminar con el llamado ‘Estado Profundo,’ (‘Deep State’) que es el conjunto de funcionarios de las instituciones de gobierno, lo que implica abundantes despidos en cargos que, según algunos analistas, deben ser servidos por quienes sean leales a Trump.
Al asumir el mando de la nación, y en su primer día de gobierno, mostró Trump, desde ya, el sentido de lo que iba a ser esa administración al estampar su firma en los 26 decretos (de los 100 que había prometido).
“Las primeras acciones de Trump como presidente corresponden en parte sus promesas de campaña: asegurar la frontera, reformar la política migratoria, acabar con las políticas de inclusión y diversidad, poner fin al reconocimiento por parte de la administración de un género distinto al masculino o femenino, reformar la función pública federal, etc. Pero también corresponden a las prioridades planteadas por la Heritage Foundation en su Proyecto 2025, un documento programático dirigido a la futura administración republicana, de la que Trump anunció haberse distanciado durante la campaña”[3].
Trump es el presidente de USA. Aunque sea uno de los empresarios que ejerce directamente la defensa de sus propios intereses en un cargo político. Algo que reconoce Javier Cavanilles, cuando afirma que
“[…] no es más que el instrumento de las élites para ejecutar un proyecto que lleva años gestándose. El magnate emergió justo cuando la polarización y las transformaciones sociales iniciadas en los años setenta habían producido una profunda fractura política”[4].
Trump es, a la vez, el factor de unidad del Estado/nación. Y todo lo que eso significa. Pero nada más. Si falta, por el motivo que sea, otro puede reemplazarlo. Es un sujeto esencialmente fungible.
OTRO SUSTENTO IDEOLÓGICO PARA DONALD TRUMP
La Fundación ‘Heritage’ no apoya específicamente a Donald Trump: apoya a quien pueda llevar adelante sus postulados. Y puesto que éste así lo hace, le brinda su apoyo. Además, ha contado con la ayuda de otro personaje. Tal vez, el mas importante, a pesar que hoy aparece separado de la Administración Trump. Nos referimos a Stephen Kevin Bannon o, simplemente, Steve Bannon. Católico conservador, cree en el nacionalismo y aborrece la globalización. Su estrategia es el control del Estado; el acceso al mismo es a través del uso indiscriminado del terror, infundir miedo, crear inseguridad; recomienda mentir, ocupar los bots, herir los sentimientos de las personas, recurrir a la emoción, crear conflictos, falsear hechos, defender lo afirmado aunque sea falso, y recular cuando no lo es[5] e inundar la comunicación con ‘mierda’. Profundamente prejuicioso de la cultura árabe, enarbola la bandera del antagonismo entre Oriente y Occidente para concluir que la amenaza presente más grande es, hoy, el Islam. Si bien sus ideas oscilan entre nacionalismo y antiglobalismo, también se plantea como férreo defensor de USA, nación a la que reconoce el derecho de ejercer el predominio sobre el resto de la humanidad. Podemos entender, así, que USA no busque ‘aliados’ sino ‘vasallos’.
No deja de ser paradojal que desprecie a las elites dominantes y abogue por la toma del mando de la nación por el ‘pueblo’… Pero, para qué? Pues, no para crear un nuevo orden sino para restaurar la vieja sociedad.
En su primer período, Donald Trump lo tuvo como asesor. Fue Bannon quien se encargó de ilustrarlo acerca de algunos temas que iban a serle cruciales en los años venideros. Bannon tuvo, a su vez, como fuente de inspiración dos libros publicados por Wiliam Strauss y Neil Howe entre 1991 y 1997,respectivamente, en que ambos autores plantean la curiosa tesis de los ciclos generacionales de la historia. En esos trabajos ─cuyos títulos son ´Generaciones´y ’El cuarto giro’─, tomando como base que el concepto de ‘generaciones’ dura entre 20 y 22 años, los investigadores señalan que cada 80 o 90 años tiene cabida el término de un ciclo (‘era’ o ‘giro’) generacional, originándose una gran crisis.
Bannon, amante de una filosofía que tiende a lo esotérico, ha tomado en consideración las tesis del francés René Guenon contenidas en algunas de sus obras[6], como asimismo las de Julius Evola[7]. Ambos autores son considerados ‘pilares recurrentes del ‘Tradicionalismo Integral’, corriente de ideas que aboga por la filosofía con tintes esotéricos, el rechazo al mundo contemporáneo (al que consideran como ‘edad oscura’) estimando que los seres humanos no son iguales en derechos ni obligaciones. Julius Evola no siendo nazi ni fascista, colaboró efectivamente con esos regímenes.
Sobre Bannon, agreguemos, por último, que ha recibido fuerte influencia de Curtis Guy Yarvin, otro de los ideólogos de esta nueva élite.
OTROS IDEÓLOGOS
Y, a propósito de Curtis Guy Yarvin… Bloguero estadounidense ─se hace llamar Mencius Moldbug─, es una figura importante que ha logrado delinear parte de la ideología que practica el sector hegemónico de esta tecnocracia digital. Amigo entrañable del vice presidente James David Vance (J.D.Vance) aboga por establecer una dictadura corporativa, que puede revestir el carácter de monarquía o tecnoautoritarismo, como forma de gobierno. Por supuesto que también propone terminar con el Estado y señala que una manera de hacerlo es poner fin a ‘la Catedral’, que es el conjunto de instituciones estatales. La amistad que tiene con J.D. Vance le permitió conocer a Steve Bannon e influir poderosamente en sus ideas. No acepta una sociedad de blancos y africanos. Apoya robustecer la Defensa Nacional y ampliar la libertad individual; a esas ideas agrega la necesidad de instituir un gobierno limitado, apoyar el desarrollo de la libre empresa y hacer una férrea defensa de los valores tradicionales. Por supuesto que es furibundo partidario del intervencionismo estadounidense. No ha escrito libro alguno.
Puede sorprender, pero Elon Musk es, también, otro de los ideólogos de este grupo de tecnócratas digitales. Su inspiración teórica es nada menos que Peter Thiel y el libro que publicara, intitulado ‘De cero a uno: cómo inventar el futuro’. Admira al sueco Nick Boström y narra con entusiasmo lo que le agradó la lectura de su libro ´Superinteligencia: caminos, peligros, estrategias’, además de Walter Isaacson y sus trabajos sobre los últimos avances de la ciencia[8]. Elon Musk ─como irremediable narcisista─ ha escrito su propia biografía, a la manera que lo ha hecho otro de los ideólogos de este grupo: Steve Jobs; ambos libros fueron editados por Apple.
Peter Thiel no cuenta con un gran compendio de libros publicados; aquel, al cual hemos hecho mención más arriba, fue escrito con Blake Masters, otro tecnócrata digital y dueño de una gran fortuna. Su pensamiento se nutre de las ideas de Carl Schmitt, pensador de ideología nazi, y de los textos de René Girard[9], de alto contenido esotérico.
Las ideas de Peter Thiel son simples: propone dedicarse a crear o, como lo enseña, ir de cero a uno hasta derivar en monopolio. Defiende el liberalismo tecnológico o, como lo llama, ‘libertarianismo tecnológico’ o ‘ciberlibertarianismo’, originado en Silicon Valley. Rechaza la democracia, pues ésta equipara a personas imposibles de nivelar en términos de igualdad. Sostiene que, en la sociedad, hay elites expertas y visionarias y otras que no lo son. Agrega, además, que la tecnología ha de ser la herramienta fundamental para evitar los riesgos que origina la aparición de las crisis. Considera Thiel que el desarrollo de la técnica lleva al ‘transhumanismo’ o movimiento intelectual que propone el uso de la ciencias y la tecnología para superar los límites naturales de la biología. Defiende la existencia de las ‘seasteads’ (ciudades flotantes) y teme a la regulación, que identifica con el Anticristo (poder mundial centralizado), antithesis del mercado y la tecnología.
Nick Land es otro de los escritores que ha dejado su huella en la conducta de algunos de los tecnócratas digitales, especialmente, en Alexander Karp, otro de los dueños de Palantir[10]. La huella de Land, no obstante, linda con el esoterismo. El sugerente título, que puso a una de sus obras más conocidas, dió el nombre a la sociedad secreta, de carácter exclusivo y excluyente, creada por Peter Thiel hace ya algunos años[11].
Las otras fracciones del sector dominante (comercial e industrial) tienen, también, sus ideólogos, pero éstos no son tan numerosos[12].
RASGOS GENERALES ACERCA DE LAS IDEAS DE LA TECNOCRACIA DIGITAL
La estrategia de los grupos hegemónicos al interior de la clase dominante es destruir la sociedad actual ─y su Estado─, y colocar en su reemplazo un régimen corporativo basado en la tecnología, cuya tarea ha de ser derrotar al Anticristo (entendido por tal el poder mundial centralizado) y dejar que opere con independencia la libre empresa. Tienen el manejo económico de la misma y la tecnología necesaria para llevar a cabo su cometido. Pero, antes, deben tomar el mando político de la sociedad y vencer la creciente influencia del Oriente: Occidente debe someterlo.
La táctica para llevar a cabo la estrategia diseñada ─que es la transformación de la sociedad─, les exige construir una red planetaria de apoyo a los trabajos que realiza la tecnocracia digital, bajo la conducción de USA[13]; el control del poder político, tanto en Europa como en Latinoamerica, es crucial.
“La extrema derecha ya no es una fuerza política marginal en Europa. Ya gobierna en varios países, domina la vida política en otros en influye ahora en las principales decisiones de la Unión Europea. Y lo que es más preocupante, los partidos conservadores tradicionales están abandonando progresivamente el ‘cordón sanitario’ que los separaba […] y están conformando con ella mayorías parlamentarias cada vez más frecuentes”[14].
La fórmula implica acceder al Estado, con el apoyo de mayorías ocasionales y el triunfo en las elecciones, para destruirlo desde dentro y acabar con la democracia, por ser contraria a la libertad. La política de desprestigiar al ‘Estado Profundo’ (Deep State) y terminar con él, de no respetar las instituciones internacionales e imponerse sobre el resto de la población por la fuerza, se orienta en esa dirección como también lo hace el fanatismo religioso que induce al ataque de la ciencia, como antaño ocurriera con Giordano Bruno, Miguel Servet y Galileo Galilei, entre otros. Por eso, tampoco es recomendable, para esta élite planetaria, una política de acuerdos. Acuerdos… ¿para qué? Cuando se tiene el poder y la seguridad de no cometer yerros, los acuerdos son innecesarios. Pero, si aquello no resulta, pues… ya Peter Thiel tiene la solución: para eso está el control de la comunidad a través del uso de programas como aquel que, bajo el nombre de ‘Gemelo Digital Social’ se encuentra instalando Palantir, en Argentina[15].
Hay, pues, un proyecto político tras esas maniobras, que espera consolidarse en breve con el triunfo eleccionario en varios países del mundo. Un mundo en donde las antiguas formas de convivencia han de saltar, hechas trizas, por los aires, e imponerse la fuerza como modo de vida. Latinoamérica no va a ser la excepción. Tampoco Chile, ni su presidente. Por eso, en las contiendas sociales, jamás hay que olvidar el acervo doctrinario de esta nueva élite planetaria.
Manuel Acuña Asenjo
Estocolmo, agosto de 2026
[1] Wachtendorff, Henry: “Kast y el fascismo”, ‘El Mostrador’, 19 de julio de 2026.
[2] Vigder,Neil y Levien, Simon J.: “¿Qué es el Proyecto 2025 y por qué Trump se distanció de él en la campaña?”, The New York Times, 08 de noviembre de 2024.
[3] Redacción:”Trump pone en marcha el Proyecto 2025: los 26 primeros decretos del presidente de Estados Unidos”, ‘Le Grand Continent’, 21 de enero de 2025.
[4] Valiente, David: ”Donald Trump no es más que el instrumento de las élites para ejecutar un proyecto que lleva años gestándose”, ‘Rebelión’, 08 de julio de 2026.
[5] Nosotros nos hemos referido al mismo en varios de nuestros trabajos. Véase, al respecto, nuestro artículo ‘Algunos aspectos a considerar en la ideología de un gobierno’, de abril de este año, disponible en la red.
[6] Entre otras obras: ’La crisis del mundo moderno’, ’El simbolismo de la cruz’, ’La gran triada’
[7] Del citado autor, véase ’Revuelta contra el mundo moderno’ e ’Imperialismo pagano’.
[8] Los libros destacados de Walter Isaacson son ‘El código de la vida’ y ‘Los innovadores’.
[9] Uno de los libros de Carl Schmitt es ’El concepto de lo político’; René Girard escribió ‘La violencia y lo sagrado’ y ‘El chivo expiatorio’, entre otras obras.
[10] También Alexander Karp ha sido influido por Curtis Guy Yarvin.
[11] Algunos de los libros de Nick Land son ’La Ilustración Oscura’ y ‘Sed de Aniquilación’. El primero dio el nombre a la sociedad secreta de Thiel, y el segundo trata sobre el ‘nihilismo virulento’ y ciertos pasajes de la obra de Georges Bataille.
[12] Jeff Bezos, propietario del ‘Washington Post’, se nutre de las ideas de Steve Grand acerca del alcance de los sistemas inteligentes y de la creación autónoma de procesos. Defiende lo que se llama ‘pragmatismo capitalista’ y, por supuesto, el libre mercado y la innovación a largo plazo. Mark Zuckerberg ha optado por la defensa del ‘liberalismo clásico’, al que llama, también, ‘libertarismo’; Warren Buffet no tiene otra idea que no sea la de ‘inversión’ y, finalmente Bill Gates, parece un sujeto un tanto distante del resto, pues siente simpatías por los demócratas, a pesar de ser un liberal confeso. Por eso, es importante dejar establecido que estas personas no defienden la ‘libertad’ intrinsecamente considerada, sino ‘su’ propia libertad, que es la libertad del zorro en el gallinero.
[13] ¿No podríamos suponer que las acciones de Victor Orban, el ’Hondurasgate’ y la reunión citada por Marco Rubio para fortalecer el ‘Escudo de las Américas’, se orientan en esa dirección? No seamos ingenuos.
[14] Toussaint, Eric: “La extrema derecha a la conquista de Europa”, ´Público´, 24 de julio de 2026.
[15] Borisonik, Hernán: ”Gemelo Digital: Desmantelar y Vigilar”, ’Revista Anfibia’, 27 de mayo de 2026.





