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Foro Madrid llega a Chile y abre la discusión sobre la derecha que representa el gobierno de Kast

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A pocos días de su encuentro en Santiago, la organización impulsada por Vox ya ha provocado diferencias en el oficialismo y críticas desde sectores liberales. Una columna publicada este domingo por Carlos Peña lleva la discusión al terreno de las ideas: sostiene que la Carta de Madrid, suscrita originalmente por José Antonio Kast, contiene principios difíciles de conciliar con la democracia liberal. Mientras tanto, los propios organizadores presentan al gobierno chileno como un “caso de éxito” de la nueva derecha internacional.

El Foro Madrid todavía no ha comenzado y ya consiguió instalar una discusión que va bastante más allá de la presencia del presidente José Antonio Kast en una reunión internacional.

La controversia comenzó preguntándose si corresponde que un jefe de Estado participe en una organización de fuerte contenido ideológico. Pero, a medida que se aproxima el encuentro del 3 y 4 de septiembre en Santiago, la discusión ha avanzado hacia una cuestión más profunda: qué ideas representa Foro Madrid y hasta qué punto esas ideas permiten comprender la orientación política del actual gobierno chileno.

Este domingo, el rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, entró directamente en esa discusión.




En su columna “Ha llegado carta”, publicada en El Mercurio, Peña parte reconociendo algo que resulta difícil discutir: Kast tiene pleno derecho a participar en Foro Madrid y sus integrantes tienen todo el derecho a expresar sus posiciones. Son parte del debate democrático.

Pero una cosa, advierte, es reconocer la legitimidad de expresar unas ideas y otra muy distinta evaluar su contenido.

Y para hacerlo Peña vuelve al documento fundacional de esta red internacional: la Carta de Madrid, de la cual José Antonio Kast fue uno de sus primeros firmantes.

Su conclusión es categórica: bien examinadas, las ideas contenidas en esa carta son “difíciles de conciliar con las prácticas de una democracia liberal”.

La Carta que firmó Kast

La Carta de Madrid es importante porque permite observar el Foro no simplemente como una reunión circunstancial de dirigentes conservadores, sino como una articulación política fundada sobre un diagnóstico común.

Allí aparece la idea de una “Iberosfera” formada por aproximadamente 700 millones de personas que compartirían una herencia histórica y cultural que debe ser defendida frente a distintas amenazas.

Peña identifica en esa concepción una tradición intelectual antigua. Recuerda las ideas del español Ramiro de Maeztu y encuentra afinidades en Chile con el historiador conservador Jaime Eyzaguirre.

En esta visión existe una cultura occidental sustentada sobre determinados valores —el cristianismo, la familia, la propiedad, la identidad histórica— cuya erosión terminaría debilitando también la libertad y la democracia.

La consecuencia política es decisiva.

Si la libertad sólo puede existir dentro de una determinada estructura cultural, entonces defenderla supone también defender activamente esa cultura.

De allí surge la llamada “batalla cultural”.

La política deja de ser exclusivamente una competencia entre programas y proyectos dentro de reglas compartidas y pasa a entenderse como una confrontación por los valores que organizan la sociedad.

Peña observa precisamente allí uno de los problemas centrales de la Carta.

Cuando la esfera pública comienza a ser concebida como un campo de batalla entre concepciones incompatibles del mundo, el adversario corre el riesgo de dejar de ser simplemente alguien que piensa distinto y convertirse en representante de una amenaza que debe ser derrotada.

Libertad contra liberalismo

Aquí aparece la paradoja que atraviesa a buena parte de la nueva derecha internacional.

Foro Madrid utiliza constantemente conceptos como libertad, democracia y Estado de derecho.

Pero Peña distingue entre reivindicar la libertad y sostener una concepción propiamente liberal de ella.

El liberalismo político supone que los individuos pueden escoger sus valores, modificar sus identidades y abandonar las tradiciones culturales, religiosas o morales en las que nacieron.

Una concepción política basada en preservar una determinada herencia cultural introduce inevitablemente una tensión con esa autonomía.

El problema se vuelve todavía más evidente cuando la batalla cultural debe extenderse más allá de las instituciones políticas.

La propia Carta de Madrid sostiene que la defensa de la libertad involucra no solamente a la política, sino también a “las instituciones, la sociedad civil, los medios de comunicación, la academia”.

Para Peña, introducir escuelas, universidades o medios en esa lucha cultural resulta precisamente contrario a una concepción liberal de la sociedad.

La discusión tiene una evidente actualidad chilena.

Durante las últimas semanas, el concepto de “iliberalismo” comenzó a aparecer con creciente frecuencia en el debate público para describir algunos rasgos del gobierno de Kast, particularmente a propósito de su reforma constitucional de seguridad y del fortalecimiento de las facultades presidenciales.

Ahora el Foro Madrid vuelve a colocar el mismo problema sobre la mesa, pero desde otro ángulo.

El “caso de éxito” chileno

La coincidencia resulta todavía más significativa al observar cómo los propios organizadores del Foro interpretan el momento político chileno.

Jorge Martín Frías, director de la Fundación Disenso —el centro de pensamiento ligado a Vox que organiza Foro Madrid—, explicó este domingo que la victoria de Kast demuestra que es posible ganar elecciones sin adaptar las ideas de la derecha a los discursos de la izquierda.

Para Disenso, Chile constituye un “caso de éxito”.

Martín Frías sostiene que durante décadas existió un consenso entre la izquierda y lo que denomina significativamente la “no izquierda”, que habría terminado aceptando buena parte de las políticas y categorías culturales progresistas.

Según su interpretación, ese consenso produjo hastío y abrió espacio para una nueva generación de movimientos políticos.

Es una definición particularmente importante para comprender lo que está ocurriendo dentro de la derecha chilena.

Porque si existe una “nueva derecha”, necesariamente existe también una derecha que debe ser superada.

Y esa frontera está apareciendo ahora dentro del propio oficialismo.

La derecha que comienza a dividirse

Evópoli decidió no participar institucionalmente del encuentro y su vicepresidente, Jorge Guzmán, llegó a recomendar que Kast se reste debido al carácter ideológico del Foro.

Renovación Nacional tampoco tendrá participación institucional, aunque algunos de sus parlamentarios concurrirán a título individual. La UDI mantiene una posición más próxima al encuentro y algunos de sus dirigentes han defendido abiertamente la legitimidad de la llamada batalla cultural.

Pero tampoco estas fronteras son absolutas.

La senadora RN María José Gatica publicó este domingo una carta en El Mercurio defendiendo la asistencia presidencial.

Gatica afirma que no participará del Foro, pero considera extraño el cuestionamiento a Kast. Su argumento resulta interesante precisamente por su sencillez: el “domicilio político” del Presidente, dice, era conocido antes de que llegara a La Moneda y tiene derecho a reunirse con quienes han sido sus compañeros de ruta. “En la derecha cabemos todos”, concluye.

Es una respuesta que, indirectamente, confirma una parte del problema.

Nadie puede sostener que los vínculos internacionales de Kast aparecieron después de su elección.

Son anteriores.

Una relación construida durante años

Kast fue uno de los primeros firmantes de la Carta de Madrid en 2020 y ha participado reiteradamente en actividades de Foro Madrid.

La relación con Vox y la Fundación Disenso tampoco se interrumpió cuando llegó a La Moneda.

En marzo pasado, con ocasión de su investidura presidencial, una delegación integrada por dirigentes de Vox y Disenso viajó a Santiago. Durante esa visita se realizaron actividades conjuntamente con organizaciones conservadoras chilenas e internacionales, entre ellas Ideas Republicanas, la Heritage Foundation estadounidense y el Centro de Derechos Fundamentales de Hungría.

El Foro que se celebrará esta semana es, por tanto, la continuación de una relación política desarrollada durante años.

Pero existe una diferencia fundamental.

Antes Kast participaba como dirigente partidario y candidato presidencial.

Ahora lo hará como Presidente de la República.

Y no estará solo.

El ministro de Seguridad, Martín Arrau, también participará en un panel dedicado al crimen organizado, precisamente cuando enfrenta una intensa discusión política por la reforma constitucional impulsada desde su cartera.

La presencia de un ministro transforma inevitablemente la naturaleza de la participación chilena.

Chile como modelo

La propia organización explica por qué decidió realizar esta edición en Santiago.

Para Foro Madrid, la elección de Kast inauguró una nueva etapa y convirtió a Chile en referencia para las fuerzas que buscan recuperar lo que denominan “seguridad, prosperidad y sentido común”.

La fecha tampoco fue elegida sin significado político.

El encuentro coincide con el aniversario del plebiscito del 4 de septiembre de 2022, cuyo resultado es descrito por Foro Madrid como una de las mayores victorias democráticas recientes de Iberoamérica.

El encuentro terminará además con una Declaración de Santiago de Chile, destinada a establecer una hoja de ruta común para la cooperación política internacional durante los próximos años.

Chile no aparece entonces simplemente como el lugar donde se alquiló un centro de convenciones.

Aparece como modelo político.

¿Qué derecha gobierna Chile?

Es justamente ahí donde la discusión provocada por Carlos Peña adquiere mayor profundidad.

El problema no consiste en determinar si Kast tiene derecho a asistir al Foro. Lo tiene.

Tampoco en establecer si sus organizadores pueden defender sus ideas. Naturalmente pueden hacerlo.

La pregunta es política.

Durante décadas, una parte importante de la derecha chilena buscó definirse como liberal, democrática y partidaria de una sociedad pluralista. Hoy una nueva corriente conservadora cuestiona precisamente algunos de los consensos sobre los cuales se construyó aquella derecha.

Los organizadores del Foro Madrid ni siquiera ocultan esa diferencia.

Para Martín Frías, el problema fue precisamente una derecha tradicional —la “no izquierda”— que aceptó durante demasiado tiempo las categorías políticas y culturales de sus adversarios.

Por eso las diferencias de RN y Evópoli con Republicanos no son solamente una discusión acerca de asistir o no a un encuentro internacional.

Expresan una disputa más profunda acerca de qué significa ser de derecha y cómo debe ejercerse el poder una vez conquistado el gobierno.

La columna de Peña lleva esa discusión todavía más lejos: obliga a preguntar si la defensa de una determinada identidad cultural, la concepción de la política como batalla y la extensión de esa disputa hacia universidades, escuelas, medios e instituciones son compatibles con la tradición liberal que una parte de la derecha chilena todavía reivindica.

Foro Madrid llegará esta semana a Santiago proclamando que comienza “una nueva era para Iberoamérica”.

Quizá la pregunta más importante no sea si esa nueva era comienza realmente.

La pregunta, para Chile, es qué parte de la derecha está terminando para que esa nueva derecha pueda comenzar.

 

 

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