Economía y Mercados en Marcha Portada

Inflación vuelve a golpear: IPC duplica las expectativas y profundiza el deterioro del escenario económico

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El IPC aumentó 0,6% en agosto, el doble de lo previsto por el mercado, y llevó la inflación anual hasta 4,1%. El dato se incorpora a una sucesión de señales negativas: desempleo de 9,5%, caída de la actividad en julio, contracción del empleo formal y una economía que ya retrocedió en el segundo trimestre. La combinación comienza a configurar un escenario particularmente incómodo: bajo crecimiento, dificultades para crear empleo y precios que vuelven a presionar los ingresos de los hogares.

La economía chilena sumó este martes una nueva señal negativa. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) aumentó 0,6% durante agosto, acumuló 3,6% en los primeros ocho meses del año y elevó la inflación a doce meses hasta 4,1%, informó el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

La cifra resulta especialmente significativa porque duplicó las expectativas del mercado. La Encuesta de Operadores Financieros del Banco Central había proyectado un IPC de 0,3% para agosto. En julio, además, el índice había aumentado apenas 0,1% y la inflación anual se encontraba en 3,5%.

El problema no está solamente en la magnitud de la sorpresa. El dato llega cuando varios de los principales indicadores de la economía chilena han comenzado a moverse simultáneamente en una dirección desfavorable.




Alimentos y transporte: el golpe directo a los hogares

Nueve de las trece divisiones que integran la canasta del IPC registraron incidencias positivas durante agosto. Las mayores presiones provinieron de alimentos y bebidas no alcohólicas, cuyos precios aumentaron 1,4%, y de transporte, con un incremento de 1,6%. Ambas divisiones explicaron buena parte de la inflación del mes.

El detalle es particularmente sensible para los hogares. Las carnes aumentaron 2,7%, mientras hortalizas, legumbres y tubérculos subieron 5,5%. En transporte destacó el fuerte incremento de los pasajes aéreos y también el encarecimiento de los combustibles para vehículos personales.

Esto significa que una parte importante de la inflación está concentrándose precisamente en bienes y servicios de consumo cotidiano.

El Gobierno ha atribuido una parte importante del fenómeno a factores externos y coyunturales. El biministro de Economía y Minería, Daniel Mas, apuntó al incremento del precio de los combustibles asociado al conflicto en Medio Oriente y a los efectos de los episodios climáticos que han afectado al país. Hay fundamentos para esa explicación: el propio Banco Central ya había advertido en junio que el shock petrolero internacional estaba elevando los costos internos.

Pero reconocer esos factores no elimina el problema económico que enfrenta el país. Una inflación provocada por costos externos puede ser incluso más difícil de enfrentar cuando coincide con una economía prácticamente estancada.

Una economía que pierde velocidad

El IPC aparece apenas una semana después de conocerse el Imacec de julio, que mostró una caída de 1,5% respecto del mismo mes del año anterior. En términos desestacionalizados, la actividad disminuyó 1,7% frente a junio y 2,1% respecto de doce meses atrás.

La debilidad no estuvo limitada a la minería. El Imacec no minero cayó 0,3% anual y 0,5% respecto del mes precedente. Los servicios retrocedieron 0,7% en doce meses y el comercio, aunque creció 0,7% interanual, cayó 1,4% respecto de junio en términos desestacionalizados.

El dato prolongó un desempeño económico que ya venía debilitándose. Durante el segundo trimestre de 2026 el PIB chileno cayó 0,2% respecto del mismo período del año anterior. El Banco Central atribuyó esa contracción principalmente a la minería y al retroceso de las exportaciones y la variación de existencias.

El propio instituto emisor había rebajado en junio su proyección de crecimiento para 2026 desde un rango de 1,5%-2,5% a apenas 1%-1,75%, reconociendo que la actividad había resultado más débil de lo previsto y que tanto el consumo de los hogares como la inversión mostraban señales menos favorables.

El empleo, probablemente la señal más preocupante

A la debilidad de la actividad se agrega un mercado laboral crecientemente deteriorado.

La tasa nacional de desempleo alcanzó 9,5% en el trimestre mayo-julio, aumentando 0,8 puntos porcentuales en doce meses. El número de desocupados creció 10,4%, mientras las personas ocupadas disminuyeron 0,2%.

Pero detrás de la cifra general aparecen señales todavía más inquietantes.

Los asalariados formales disminuyeron 2,4% en doce meses, mientras la ocupación informal aumentó y llegó a representar 26,5% del empleo. Entre las mujeres, el desempleo alcanzó 10,3%. También cayó 1,8% el volumen total de horas efectivamente trabajadas.

Es decir, el problema no se reduce a una tasa de desempleo elevada: hay simultáneamente destrucción de empleo formal, aumento de la informalidad y disminución de las horas trabajadas.

Esta combinación golpea directamente el consumo y las expectativas de los hogares.

El dilema del Banco Central

El IPC de agosto introduce además una dificultad adicional para la política monetaria.

Una economía debilitada normalmente abriría espacio para reducir las tasas de interés y estimular el crédito, la inversión y el consumo. Pero una inflación anual nuevamente sobre 4%, y sobre todo un IPC mensual que duplica las expectativas, limita ese margen.

La Tasa de Política Monetaria permanece en 4,5% desde diciembre de 2025 y el Consejo del Banco Central se reúne precisamente este martes. Antes de conocerse el IPC, el mercado esperaba ampliamente que la tasa permaneciera sin modificaciones. El dato conocido esta mañana refuerza esa posibilidad y podría postergar cualquier relajamiento monetario significativo.

Ahí aparece una de las dificultades centrales del escenario actual: la economía necesita estímulos para recuperar actividad y empleo, pero la persistencia inflacionaria reduce el espacio para aplicarlos desde la política monetaria.

No estamos todavía ante una situación que pueda calificarse técnicamente como estanflación consolidada. La inflación subyacente permanece bastante más contenida y una parte importante de las presiones recientes proviene de combustibles, alimentos y factores climáticos. Pero la combinación de crecimiento extremadamente débil, desempleo elevado e inflación nuevamente por encima del rango deseado constituye una señal de advertencia.

Las explicaciones externas ya no bastan

El conflicto en Medio Oriente, el precio internacional del petróleo, las condiciones climáticas y el deterioro de algunos sectores exportadores son factores reales que han afectado la economía chilena. Sería incorrecto atribuir al Gobierno cada una de las cifras negativas conocidas durante las últimas semanas.

Pero también sería insuficiente explicar el cuadro completo únicamente por acontecimientos externos.

El Banco Central ya había advertido en junio sobre una creación de empleo débil, menor dinamismo del consumo privado y una inversión durante 2026 inferior a lo previsto. Ahora esas advertencias comienzan a reflejarse simultáneamente en actividad, empleo y precios.

Para el Gobierno de José Antonio Kast el problema es también político. La recuperación económica fue uno de los argumentos centrales con que la actual administración presentó su programa de rebajas tributarias, incentivos a la inversión y desregulación. Seis meses después de asumir, los resultados todavía no muestran el esperado cambio de ciclo.

Por el contrario, durante las últimas semanas se han acumulado un desempleo de 9,5%, una contracción del PIB de 0,2% en el segundo trimestre, una caída interanual de 1,5% del Imacec de julio y ahora una inflación anual que vuelve a superar el 4%.

Cada cifra tiene causas particulares y ninguna, aisladamente, permite establecer una tendencia definitiva. El problema está en su convergencia.

Del crecimiento prometido al desafío de evitar el estancamiento

El IPC de agosto añade así otra dificultad a un panorama económico que se ha deteriorado con rapidez.

Hasta hace algunos meses, el debate económico estaba centrado fundamentalmente en cuánto podría acelerarse el crecimiento. Hoy la pregunta comienza a ser diferente: cómo recuperar actividad y empleo sin volver a alimentar la inflación.

Y esa discusión tendrá consecuencias inmediatas.

El Gobierno prepara el Presupuesto 2027 mientras enfrenta demandas por mayor gasto social y, simultáneamente, presiones para contener las cuentas fiscales. El Banco Central debe decidir su trayectoria de tasas con una economía debilitada pero una inflación que vuelve a sorprender al alza. Y los hogares enfrentan el problema de manera mucho más concreta: alimentos y transporte más caros en un mercado laboral que ofrece menos puestos de trabajo formales.

El dato publicado este martes por el INE no constituye, por tanto, una mala noticia aislada.

Es una nueva pieza de un cuadro que comienza a adquirir consistencia: menos actividad, menos empleo formal, mayor desempleo y precios que vuelven a subir por encima de lo esperado.

La cuestión que deberá responder ahora el equipo económico del Gobierno es cuánto de este deterioro corresponde a perturbaciones transitorias y cuánto revela problemas más persistentes. Pero, sobre todo, qué instrumentos tiene para revertirlo.

Porque después de seis meses de administración, la promesa de una rápida reactivación comienza a enfrentarse no ya con las expectativas políticas, sino con las cifras.

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