Política Global

Netanyahu ante una ONU que le da la espalda: Israel profundiza su aislamiento internacional

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Decenas de delegaciones abandonaron la Asamblea General cuando el primer ministro israelí comenzó su discurso. Netanyahu respondió atacando a gobiernos europeos, rechazó las acusaciones de genocidio en Gaza y reivindicó las operaciones militares contra Irán. Mientras crece la presión diplomática sobre Israel y antiguos aliados endurecen sus posiciones, el mandatario busca reforzar un círculo alternativo de apoyos, entre ellos Javier Milei y otros gobiernos latinoamericanos.

La imagen probablemente permanecerá como una de las más elocuentes de la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas. Benjamin Netanyahu se preparaba para hablar desde el podio y decenas de representantes diplomáticos comenzaron a abandonar el salón. Se escucharon abucheos mientras otras delegaciones permanecían en sus asientos.

El primer ministro israelí no intentó rebajar la tensión. Por el contrario, respondió desde la tribuna calificando de “cobardes morales” a quienes abandonaban la sala. EFE confirmó que representantes de decenas de países, entre ellos Sudán, Túnez, Líbano y Suiza, participaron en la protesta diplomática.

La escena del jueves 24 de septiembre fue más que un incidente protocolar. Expresó visualmente el deterioro de la posición internacional del gobierno israelí después de tres años de guerra en Gaza y de una ampliación del conflicto hacia otros escenarios de Medio Oriente.




Netanyahu llegó a Naciones Unidas dispuesto no tanto a reconciliar posiciones como a confrontar a sus críticos.

Gaza, Irán y un discurso sin concesiones

Durante cerca de 40 minutos defendió las operaciones militares israelíes, reivindicó los ataques contra las instalaciones nucleares iraníes y presentó a Israel como un país que combate simultáneamente en varios frentes.

Sobre Gaza, Netanyahu rechazó categóricamente las acusaciones de genocidio y las calificó como “la mayor mentira del siglo”. Sostuvo que las Fuerzas Armadas israelíes han adoptado medidas para proteger a la población civil y reiteró que el objetivo de la ofensiva es Hamás.

La controversia, sin embargo, ocurre después de una devastación extraordinaria. Reuters contabilizaba antes del discurso más de 73.000 palestinos muertos desde octubre de 2023 según las autoridades sanitarias de Gaza, cuyas estadísticas no distinguen entre combatientes y civiles. Israel rechaza las acusaciones de genocidio y afirma que Hamás opera entre la población civil.

Netanyahu también reivindicó las operaciones contra Irán. Llegó a afirmar que destruir sus instalaciones nucleares había sido una de las decisiones más fáciles de su carrera política porque, según sostuvo, de no haberlo hecho “todos estaríamos muertos”. Presentó además la acción militar israelí-estadounidense como una defensa no solamente de Israel, sino también de países que hoy cuestionan a su gobierno.

El discurso mostró hasta qué punto se ha ensanchado la confrontación diplomática. Netanyahu ya no dirigió sus ataques solamente contra Irán, Hamás o Hezbollah. Desde la propia tribuna de Naciones Unidas cuestionó duramente a Francia y Reino Unido y llamó “tirano” al presidente turco Recep Tayyip Erdoğan.

El deterioro con antiguos aliados

Ese enfrentamiento verbal tiene antecedentes concretos.

El 8 de septiembre, los gobiernos de Canadá, Dinamarca, Finlandia, Francia, Islandia, Irlanda, Noruega, Polonia, Portugal, España, Suecia y Reino Unido emitieron una declaración conjunta denunciando la expansión de los asentamientos israelíes y el aumento de la violencia de colonos en Cisjordania. Los doce países reafirmaron que los asentamientos son ilegales según el derecho internacional y anunciaron o estudiaban restricciones comerciales relacionadas con ellos.

Reino Unido, Francia y Canadá avanzaron particularmente en prohibiciones a la importación de productos provenientes de asentamientos. Israel respondió anunciando el cierre del consulado británico en Jerusalén Este y nuevas restricciones contra ciudadanos británicos. Estados Unidos, en cambio, rechazó sumarse a esas medidas.

No significa que Israel se encuentre sin aliados ni que exista una posición internacional uniforme frente a la guerra. Estados Unidos continúa siendo su principal respaldo estratégico y militar y existen gobiernos europeos y latinoamericanos que mantienen relaciones estrechas con el Estado israelí.

Pero el perímetro diplomático de Netanyahu se ha reducido.

El primer ministro, además, sigue sometido a una orden de arresto de la Corte Penal Internacional. Incluso su vuelo hacia Nueva York volvió a poner el asunto sobre la mesa: Francia debió explicar públicamente por qué permitió que el avión de Netanyahu atravesara su espacio aéreo. París argumentó que el Estatuto de Roma no obliga a detener una aeronave estatal simplemente porque transporte a una persona objeto de una orden de arresto.

La combinación de estos hechos —la protesta en la Asamblea General, las sanciones y restricciones promovidas por gobiernos occidentales, la disputa por Cisjordania y la situación judicial de Netanyahu— permite observar un creciente aislamiento de su gobierno, aunque no un aislamiento total de Israel.

Trump, el aliado indispensable

Netanyahu dedicó parte de su discurso a destacar su relación con Donald Trump y la cooperación militar entre Israel y Estados Unidos. Washington continúa siendo el elemento que impide confundir aislamiento diplomático con abandono estratégico.

Pero esta vez hubo una circunstancia llamativa: Netanyahu pasó menos de un día en Nueva York y no celebró una bilateral con Trump.

La ausencia no implica por sí misma un deterioro de la alianza. Estados Unidos e Israel mantienen una cooperación política y militar excepcionalmente estrecha. Sin embargo, el contraste resultó visible: Netanyahu convirtió a Trump en una de las referencias centrales de su intervención mientras enfrentaba una sala parcialmente vacía y el rechazo de numerosas delegaciones.

La escena refleja una contradicción de la actual posición israelí: puede conservar el apoyo de la principal potencia occidental y simultáneamente perder terreno político entre una parte creciente de los demás gobiernos.

Milei, uno de sus aliados más cercanos

Es en este contexto donde América Latina adquiere relevancia.

Pocas horas después de su intervención, Netanyahu encontró una recepción completamente diferente en Javier Milei.

El presidente argentino mantuvo una reunión bilateral con el primer ministro israelí en la sede de Naciones Unidas. La Presidencia argentina confirmó oficialmente el encuentro y recordó que Milei acababa de recibir en Nueva York el premio Ohev Yisrael por su respaldo al pueblo judío y su lucha contra el antisemitismo.

La relación entre Milei y Netanyahu ha adquirido un carácter político que excede la diplomacia convencional entre Argentina e Israel. El gobierno israelí agradeció al mandatario argentino su respaldo y ambos discutieron la posibilidad de profundizar la cooperación entre Israel y América Latina mediante los denominados “Acuerdos Isaac”, concebidos para desarrollar vínculos económicos y de seguridad.

Netanyahu buscó ampliar ese círculo.

Durante su estancia en Nueva York se reunió también con los presidentes de Paraguay, Santiago Peña; Panamá, José Raúl Mulino; y Bolivia, Rodrigo Paz. Las conversaciones incluyeron cooperación en seguridad, tecnología, inteligencia artificial, drones y comercio.

Una declaración atribuida a Netanyahu por la Presidencia de Panamá resulta especialmente significativa. El primer ministro señaló que para Israel era importante observar cómo sistemas democráticos “alejados de la izquierda” se estaban posicionando en América Latina, porque ello abría nuevas posibilidades de cooperación con esos gobiernos.

No se trata todavía de un bloque regional ni existen elementos suficientes para atribuir estos movimientos a una estrategia coordinada con Washington. Pero sí aparece una orientación política: frente al deterioro de sus relaciones con una parte de Europa y al creciente cuestionamiento en los organismos multilaterales, Netanyahu intenta consolidar relaciones con gobiernos latinoamericanos particularmente próximos a Israel.

Argentina ocupa un lugar destacado en esa nueva constelación.

Una ONU que Netanyahu decidió desafiar

La Asamblea General dejó así dos fotografías opuestas.

En una, decenas de representantes abandonan el salón cuando Netanyahu comienza a hablar. Afuera de Naciones Unidas continúan las protestas contra la guerra. Gobiernos que durante décadas mantuvieron relaciones estrechas con Israel endurecen sus posiciones ante Gaza y la expansión de los asentamientos en Cisjordania.

En la otra, Milei abraza a Netanyahu y presidentes latinoamericanos conversan con él sobre seguridad, tecnología, inteligencia artificial y nuevas alianzas.

La segunda fotografía no elimina la primera.

Israel sigue siendo una potencia militar regional, mantiene una alianza estratégica con Estados Unidos y conserva relaciones internacionales importantes. Pero el gobierno de Netanyahu enfrenta un escenario diplomático considerablemente más adverso que hace algunos años.

Su discurso ante Naciones Unidas pareció reconocer indirectamente esa realidad. En vez de intentar reconstruir puentes con quienes cuestionan su política, Netanyahu eligió confrontarlos: rechazó las acusaciones sobre Gaza, reivindicó la guerra contra Irán, atacó a gobiernos europeos y desafió a quienes abandonaban el salón.

Quizá por eso la imagen más reveladora de su paso por Nueva York no fue ninguna de las frases pronunciadas desde el podio.

Fue el movimiento silencioso de decenas de diplomáticos levantándose de sus asientos mientras el primer ministro israelí se preparaba para hablar.

 

Fuentes: EFE, Reuters, The Guardian.

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