
Un capitalismo fuera de control
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El neoliberalismo ha sido la modalidad económica dominante durante la tercera globalización (1975 en adelante).
La segunda globalización (1945-1970), fue dominada por el pensamiento económico Keynesiano en el capitalismo occidental.
La etapa keynesiano representó el mejor desempeño de la economía occidental, desde la perspectiva del crecimiento, de la estabilidad y la integración de la más grande masa de población al desarrollo.
La concentración de la riqueza en los más ricos del mundo ha sido la característica del modelo de globalización neoliberal.
De hecho, la relación de riqueza entre el 20% de los países más ricos y el 20% de los países más atrasados, paso de 1 a 30 veces, a una relación de 1 a 60 entre mediados de los 60 y mediados de los 80 del siglo XX
Ya para el 2000 esa proporción se había elevado de 1 a 80 veces.
Las tasas de crecimiento de la economía occidental (OCDE Y G7) en el periodo de postguerra, alcanzó una tasa promedio de entre 4,5 y 5.0%, contra una tasa que se reduce a un promedio de 2,5% desde 1980 en adelante.
Con una primera etapa de crecimiento mayor (1975- 1999) de entre 2,5 y 3,0%, impulsado por la apertura global de mercados, para caer en su etapa de madurez a niveles de 1,4-1,8, entre 2000 y 2025.
A largo plazo el peso de la economía occidental sobre el total mundial ha venido descendiendo de manera sistemática. Esto ha ocurrido no solo por su descenso en sus rendimientos, antes apuntados, sino debido fundamentalmente al crecimiento extraordinario de las economías emergentes del mundo asiático.
Entre 1975 y 2025, las economías de la región Asia-pacifico ha experimentado uno de los crecimientos más espectaculares
, con tasas que promedian entre el 5% y el 7%, tasas que duplican y llegan a triplicar a las economías de Occidente. De esta forma se han posicionado como el mayor motor del crecimiento económico mundial, llegando a representar el 35 al 39% del PIB mundial.
¿Cuál ha sido el modelo asiático en economía?
Mucho se ha debatido sobre el modelo asiático. Tanto debate habla que en esa área se ha ensayado algo bastante original y para nada unidimensional.
EL MODELO ASIÁTICO.
En Asia, las estrategias de desarrollo se vienen ordenando sobre un eje compartido, desde la experiencia japonesa de la era Meiji, a finales del siglo XIX.
Esta estrategia consistió en concentrar recursos en manos del Estado para invertir los aceleradamente en industrializar la economía, que eran de soporte fundamentalmente agrícola. Todo ello acompañado por una dura carrera por la capacitación, educación y la innovación.
Se conoció como la astucia de “robarle los huevos al águila “ y posteriormente la estrategia de “ingeniería en reversa”, es decir la de importar las fábricas armadas para luego desmontarlas y copiar todas sus partes, logrando así una total autonomía en el Know How.
El Estado y el sector privado alcanzaron una simbiosis virtuosa que dio a la nación nipona una preeminencia económica que se expresó ya durante las dos guerras mundiales, pero que en los mercados mundiales se afianzó durante la postguerra, llegando a ser el principal financista de los créditos en las transacciones internacionales, gracias a los extraordinarios excedentes de sus cuentas.
Está claro que el forzamiento industrial se inicia en un régimen militarista y su vocación fue la de convertirse en una potencia militar, cosa que derivó en su participación relevante en los grandes conflictos y su deriva imperial, expresadas en sus guerras expansivas con China, Rusia, Corea, etc.
Esa lógica guerrera se termina con la derrota del imperio en la segunda guerra y la caída definitiva del militarismo.
Desde entonces y con la ayuda del Plan Marshall, Japón se lanza a la conquista de las tecnologías civiles, pero orientada a los desarrollos productivos más que a la investigación básica. Los grades invento se forjaban en los centros de investigación de Europa y EE.UU., dónde estudiantes nipones se especializaban y prontamente innovaban en su país para la creación de nuevos productos que vinieron a revolucionar el consumo de artículos en una amplia gama: electrodomésticos, relojes, televisores, sistema de reproducción de imagen y sonido, automóviles, industria médica, etc.
Se constituyeron en la gran factoría mundial de las producciones tecnológicas de punta, desde los años 60 del siglo pasado en adelante.
Japón mantuvo una economía bastante cerrada y protegida hasta los años 80, cuando llega a importunar la Reaganomía neoliberal, financiarista. Japón es obligada por Reagan a abrirse financieramente, endurecen el Yuan, revaluando la moneda y los Japoneses entran en una etapa de alto consumo e inversión inmobiliaria. En toda esa euforia de inversión financiera y de ganancias, los créditos pierden control y rigurosidad, derivando a una burbuja inmobiliaria que reventará en 1991.
Este reventón inaugura un ciclo de estancamiento del crecimiento de la economía nipona con incremento de la deuda fiscal. Ciclo que a pesar de los ESTIMULOS FISCALES, no logra sacar a ese gran país del Estado de postración. Tanto que es degradada del puesto tercero en el ranking de las economías más grandes del mundo, por Alemania en el año 2023.
Si bien la ayuda norteamericana permitió modernizar la industria japonesa de postguerra y agilizar su mercado exportable, la intervención financiarista del neoliberalismo reaganiano (hambriento de locaciones para sus capitales privatizados, que ya iniciaron sus vuelos golondrínicos), vino a constituir un verdadero harakiri para el modelo tradicional de economía simbiótica y de sólidos equilibrios mantenida desde la posguerra. Los norteamericanos exigieron también compartir capitales en la industria de automóviles y de una diversidad de industrias tecnológicas a cambio de seguir permitiendo la expansión de Japón en el mercado norteamericanos. Es decir, ante la perdida de competencia de los productos americanos frente a los japoneses, en su propio mercado, deciden que deben incorporarlos al negocio si quieren seguir operando en su “ zona de influencia”. Creo que con igual lógica operaban las mafias en tiempos de los carteles italianos.
Corea del sur, experimenta una historia semejante: desde la postguerra y el armisticio (1953), se inicia una carrera por el desarrollo, apoyada por EE.UU., que fue el puntal en la guerra de Corea del sur contra la otra Corea comunista.
Regímenes militares tremendamente autoritarios, lideran ese esfuerzo desarrollista conducido desde el Estado y apoyado por la inversión norteamericana.
El corazón de este apoyo occidental sobre Corea del sur, era el evitar la caída en manos del bloque comunista, en una etapa en que se desarrolla con toda su fuerza competitiva y agonal la Guerra Fría.
El desarrollo de Corea del sur fue tan espectacular que supera en 13 veces al de Corea del norte, medido hasta los años 70.
La democracia recién se alcanza en los años 80, luego de grandes luchas estudiantiles y de trabajadores.
La estrategia económica fue similar a la de Japón en la era Meiji: fuerte conducción desde el Estado, inversión en industria, educación de su población y abordamiento de los desafíos tecnológicos modernos.
Corea también sufrió el impacto de la crisis asiática (1998), como la sufrieron todos los países llamados “Tigres asiáticos”, en mayor o menor medida: Corea del sur, Taiwan, Singapur y Honkong, todos los cuales experimentaron un extraordinario crecimiento de sus economías entre los años 60 y los años 90 del siglo XX, siguiendo estrategias similares de alta incorporación tecnológica, educación acelerada de su población.
Comparativamente con América Latina, que sigue una estrategia de crecimiento basada en sus recursos naturales durante ese mismo tiempo, el mundo asiático incorpora un avance tecnológico a sus economías de más del 350%, promedio, mientras que nuestra región latinoamericana no supera el 65% de integración tecnológica a sus economías.
La economía de China, a partir de mediados de los años 70 del siglo pasado, viene incorporando a su economía un avance tecnológico del 2000%. Y continúa en esa carrera, logrando elevadas tasas de crecimiento sostenido por verías décadas, hasta convertirse en la segunda economía más grande del planeta.
China ha combinado capitalismo tecnológico con centralismo político autoritario. La misma receta inicial de Japón y los otros “Tigres” del Asia. El Estado está presente en la conducción estratégica de la economía y la integración social se acelera vía educación e industrialización.
Esto que podemos llamar “modelo asiático” de desarrollo, contrasta con el modelo latinoamericano, que permanece resignado en la etapa de globalización a vivir del usufructo de las materias primas.
El resultado es elocuente: el Asia hasta triplica el ritmo de crecimiento del PIB, más que duplica el nivel de inversión productiva y casi sextuplica nuestra capacidad de integración tecnológica.
Si miramos con atención, veremos qué el modelo asiático se asemeja más a la escuela POSTKEYNESIANA que a la escuela neoliberal.
Porque para la escuela POSTKEYNESIANA la tecnología no es una mercancía que se transa en los mercados, es un pilar estratégico de su creatividad competitiva; para esta escuela económica la conducción del Estado es fundamental, no solo en restablecer y sostener los equilibrios de oferta y demanda, sino en planificar las opciones estratégicas de mediano y largo plazo, que incluye no solo al mercado interno, también aborda la competencia en los mercados externos.
El tema de la integración social no se alcanza solo por el gasto público en servicios, sino por la inversión productiva integrada al sector publico.
Es decir, esta escuela poskeynesiana es mucho más exigente e integral que la la primaria teoría keynesiano, basada en el gasto público y las cuentas macroeconómicas, ahora va por el manejo del tema óptimo en la fijación de los salarios mediante la actividad sindical organizada para negociar con el mundo empresarial; también aborda el problema de las crisis propias del desarrollo capitalistas, dónde sostiene firmemente que estás crisis no obedecen en se corrección a los automatismos del mercado, sino que deben abordarse siempre con políticas contra cíclicas.
Estás nuevas lógicas diseñadas por economistas de la talla de Kaleski, Stiglitz, Davidson, Kaldor, Robinson, Sraffa, Robert Skidelsky, Marc Lavoie, Mario Saccareccia y nuestro Gabriel Palma, vienen a competir con las escuelas liberales que han extremado sus posturas de liberalismo mercantil financiero.
La diferencia de los éxitos alcanzado por los principales exponentes del Asia, si se compara a los magros resultados del Occidente, nos autoriza a buscar una referencia correctiva para el desarrollo de América Latina, cuyo modelo resignado, sumiso y cómodo, viene adquiriendo un rostro de frustración doloroso y peligrosamente inestable.
LA INESTABILIDAD COMO SISTEMA.
El modelo neoliberal, dominante en la globalización occidental, ha generado en su casi medio siglo de reinado, alrededor de 45 crisis. Largo sería enumerarlas, pero varias han sido de dimensión planetaria y la mayoría se reparten por diversas regiones y grupo de países. Las características de su desempeño se asemejan en sus causas y trayectorias: creación de burbujas financieras, inmobiliarias, corridas bancarias, fuga de capitales, desequilibrios macroeconómicos, concentración excesivo del ingreso, forzamiento colusivo de oligopolios, tasas de interés elevadas, en fin, derrape especulativo del capital mundial, prescinden te de las consecuencias sociales, ambientales, humanas y de gobernabilidad.
El capitalismo occidental ha soltado sus amarras y como bestia voraz viene asolando a las sociedades, sumiéndolas en la polarización, la violencia, la discriminación y una pobreza y precariedad que ya aflige a más de la mitad de su población.
Cómo ha advertido el equipo del economista Piketty, hemos vuelto a las proporciones de distribución del ingreso previos a la primera guerra mundial, es decir aquella llamada “belle époque”, en que la vida era una permanente fiesta para los más ricos y un infierno para el 80% de la humanidad.
Hugo Latorre Fuenzalida
