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Bachelet y Matthei frente al machismo político: cuando la edad y el género reemplazan a los argumentos

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Los ataques de Javier Olivares, Johannes Kaiser y Rodolfo Carter contra Michelle Bachelet y Evelyn Matthei han abierto una controversia que trasciende las diferencias partidarias. Las referencias a la edad, la apariencia física, la vida familiar y los supuestos estados emocionales de ambas dirigentes han provocado reacciones incluso dentro de la derecha. La discusión plantea una pregunta sobre la política chilena: por qué la trayectoria de las mujeres continúa siendo cuestionada mediante estereotipos que rara vez se aplican de la misma manera a los hombres.

 

Michelle Bachelet y Evelyn Matthei representan tradiciones políticas diferentes y han mantenido posiciones enfrentadas durante buena parte de sus trayectorias públicas. Sin embargo, en los últimos días ambas han quedado expuestas a una forma de descalificación que tiene poco que ver con sus ideas, sus programas o sus decisiones políticas: los ataques relacionados con su condición de mujeres y con la edad.

La controversia comenzó a adquirir notoriedad después de que el diputado Javier Olivares, del Partido de la Gente, sugiriera que Bachelet debía retirarse de la actividad política para dedicarse a sus nietos y mencionara a Matthei como ejemplo de alguien que podía ocuparse de preparar cazuelas.

Las declaraciones no constituyeron una crítica a la gestión de la expresidenta ni a sus eventuales aspiraciones políticas. Su argumento fue que una mujer de su edad debería abandonar el espacio público y regresar a las actividades domésticas.




La polémica se amplió con declaraciones del presidente del Partido Nacional Libertario, Johannes Kaiser, quien cuestionó las condiciones físicas de Bachelet para una eventual candidatura presidencial en 2029, y del senador Rodolfo Carter, quien recurrió a la edad de Matthei y a supuestos sentimientos personales («rencor» dijo) para descalificar sus críticas al Gobierno.

Los tres episodios tienen protagonistas y circunstancias diferentes, pero comparten un elemento: desplazan la discusión desde los argumentos políticos hacia características personales que no permiten evaluar, por sí mismas, las capacidades de una dirigente.

De la política a la cocina

El diputado Javier Olivares fue particularmente explícito al asociar el retiro político de Michelle Bachelet con el cuidado de sus nietos y las labores domésticas.

Sus declaraciones provocaron el rechazo de parlamentarias y dirigentes de distintos sectores, que cuestionaron el contenido machista de sus afirmaciones.

Tres diputados socialistas anunciaron que llevarían sus dichos ante la Comisión de Ética de la Cámara, mientras Olivares rechazó ofrecer disculpas.

La controversia también alcanzó al propio Partido de la Gente. La diputada Pamela Jiles cuestionó públicamente las declaraciones de su compañero de bancada, evidenciando que el rechazo a este tipo de expresiones no quedó limitado a los adversarios políticos del parlamentario.

La referencia a cocinar o cuidar nietos tiene una particular carga simbólica. Ambas son actividades legítimas y socialmente necesarias, pero utilizadas en este contexto se convierten en una forma de indicar a las mujeres cuál debería ser su lugar y de negarles su derecho a continuar participando en la vida pública.

La descalificación no consiste en mencionar la vida familiar de una dirigente, sino en utilizarla como argumento para exigir su retiro de la política.

Kaiser y las condiciones físicas de Bachelet

El presidente del Partido Nacional Libertario, Johannes Kaiser, también intervino en la discusión sobre el futuro político de Michelle Bachelet.

En sus declaraciones cuestionó las condiciones físicas de la expresidenta para afrontar una eventual candidatura en 2029 y aludió a un supuesto deterioro asociado a su edad.

El problema de ese planteamiento no reside en que la salud o las exigencias físicas de un cargo público sean asuntos irrelevantes. En determinadas circunstancias pueden formar parte de una discusión legítima, siempre que existan antecedentes verificables y criterios aplicados por igual a todos los candidatos.

La dificultad aparece cuando se presume una incapacidad a partir de la edad y se formulan apreciaciones sobre la salud de una persona sin información médica que las sustente.

En la política internacional abundan ejemplos de dirigentes hombres que han continuado ejerciendo responsabilidades de primer orden a edades avanzadas. Donald Trump, actualmente presidente de Estados Unidos, es uno de ellos.

La comparación no pretende establecer que la edad carezca de importancia, sino preguntarse si los mismos criterios se aplican a hombres y mujeres cuando se discute su continuidad en la vida pública.

Carter y las críticas de Matthei al Gobierno

En el caso de Evelyn Matthei, la controversia se produjo después de que el senador Rodolfo Carter cuestionara sus críticas al Gobierno de José Antonio Kast.

En lugar de limitarse a responder sus argumentos, Carter atribuyó sus posiciones a un supuesto rencor personal y añadió una referencia despectiva a su edad.

La discusión política entre Carter y Matthei tiene antecedentes y diferencias reales. Ambos representan sectores de la derecha que han competido por liderazgo e influencia, especialmente durante el proceso que llevó a Kast a la Presidencia.

Esas discrepancias pueden examinarse en términos políticos. Pero atribuir las opiniones de una dirigente a su edad o a un estado emocional supuesto constituye una manera de desautorizarla sin discutir el contenido de sus planteamientos.

La referencia a la emocionalidad tiene además una larga historia en los estereotipos utilizados contra las mujeres en cargos de poder, a quienes frecuentemente se les exige demostrar una racionalidad que se presume en sus colegas hombres.

La respuesta de Matthei y la intervención de la ministra de la Mujer

La reacción de Evelyn Matthei fue una de las más significativas porque defendió expresamente el derecho de Michelle Bachelet a continuar participando en política, pese a las diferencias que las separan.

La exalcaldesa de Providencia sostuvo que las mujeres deben ser evaluadas por sus capacidades, ideas y gestión, no por las tareas domésticas. También recordó que ambas dirigentes han construido trayectorias que les permiten decidir autónomamente sobre su futuro.

«En Chile, el tiempo donde mandaban a las mujeres ‘a la cocina’ ya pasó», afirmó Matthei.

La ministra de la Mujer y la Equidad de Género, Judith Marín, también intervino en la controversia y solicitó a Olivares que se disculpara.

Marín hizo una distinción relevante: cocinar, cuidar familiares o dedicarse al hogar no constituye algo negativo. Lo discriminatorio es pretender que esas sean las únicas actividades que una mujer debe desarrollar por su condición de género.

Olivares rechazó las críticas y respondió a la ministra con una advertencia sobre el eventual cierre de su cartera, lo que abrió una nueva controversia.

La discusión mostró que el rechazo a estas expresiones atraviesa distintas posiciones políticas, aunque no todos los dirigentes ni integrantes del Gobierno reaccionaron de la misma manera.

El edadismo y la participación política de las mujeres

La controversia también permite examinar una forma de discriminación menos discutida que el sexismo: el edadismo, entendido como los prejuicios o tratos desfavorables basados en la edad de las personas.

En el caso de las mujeres que han ocupado cargos de poder, ambos fenómenos pueden superponerse. A los cuestionamientos sobre su apariencia, su vida familiar o su comportamiento se agregan dudas sobre su capacidad de seguir ejerciendo responsabilidades públicas.

Esto no significa que Bachelet o Matthei deban quedar al margen de la crítica política. Sus gobiernos, decisiones, alianzas y propuestas pueden ser sometidos al mismo escrutinio que los de cualquier dirigente.

Tampoco implica que una eventual candidatura presidencial deba considerarse conveniente únicamente por tratarse de mujeres con una larga trayectoria.

La cuestión es otra: si los argumentos para cuestionarlas se apoyan en antecedentes políticos verificables o en prejuicios relacionados con su género y edad.

Las declaraciones de esta semana muestran cómo una discusión sobre el futuro de dos figuras públicas puede terminar desplazándose hacia su vida privada, su apariencia física o los papeles familiares que otros consideran apropiados para ellas.

En una democracia, la continuidad o el retiro de una dirigente debe depender de sus propias decisiones, de las reglas institucionales y, cuando corresponda, del pronunciamiento de los electores.

La edad no reemplaza a los argumentos. Tampoco el género.

Y esa distinción, que debería ser elemental en el debate público, ha vuelto a quedar en discusión a propósito de los ataques contra Michelle Bachelet y Evelyn Matthei.

 

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