Columnistas

El aluvión de Las Condes y la falta de cuadros políticos para gobernar

Tiempo de lectura aprox: 3 minutos, 57 segundos

A propósito del aluvión que afectó a San Carlos de Apoquindo en la tarde del 08 de octubre 2026, en Las Condes, el diario El Mostrador tituló dos días después con una frase que resume bien el momento: “Las contradicciones tras el aluvión: Gobierno aseguró que había mallas que nunca se instalaron” (https://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2026/10/10/las-contradicciones-tras-el-aluvion-gobierno-aseguro-que-habia-mallas-que-nunca-se-instalaron/) con esto se dejaba al descubierto que las medidas para mitigar el efecto de un eventual aluvión no se habían tomado pese a las advertencias y a la ocurrencia de dos fenómenos que se ligan a lo ocurrido, un incendio forestal el 29 de diciembre de 2025, y un primer aluvión ocurrido el 31 de enero de 2026. Se resume todo esto en que las mallas no estaban, las advertencias existían y las presiones del Gobierno chocaron unas con otras.

El barro aún no terminaba de retirarse de Las Condes cuando la comuna volvía a inundarse. Senapred decretaba alerta roja para toda la Región Metropolitana y un alcalde que votó por José Antonio Kast, Sebastián Sichel, emplazaba a La Moneda por la falta de gestión y de recursos. El gobierno “hace agua” ante la evidencia de que el manejo de la emergencia no es su fuerte, desestimó documentos elaborados por el Servicio Nacional de Geología y Minería (SERNAGEOMIN) y lo que la propia Municipalidad de Las Condes ya advertía al momento de iniciar trabajos para la instalación de mallas dinámicas para mitigar las posibles remociones de material que estuvo disponible luego del incendio de la precordillera.

Las contradicciones se hicieron evidentes cuando el biministro de Transporte y Telecomunicaciones, y de Obras Públicas, Louis de Grange señala a algunos medios de que las mallas dinámicas habían sido instaladas, pero que no dieron abasto. Horas después, la alcaldesa de Las Condes, Catalina San Martín, tuvo que aclarar que no estaban instaladas. La Dirección Meteorológica de Chile había advertido del riesgo hacía ocho meses. Todo esto deriva en que la Fiscalía indaga qué se hizo y qué se dejó de hacer en torno a esta catástrofe.

Más allá de la minucia respecto a la instalación de las mallas, lo que estamos viendo es algo que hemos venido planteando en algunas columnas anteriores desde hace ya varios meses: al Partido Republicano le faltan cuadros políticos para gobernar el Estado. Esto no es solo un problema de disponibilidad de técnicos y profesionales que puedan conducir la acción del Estado en los diversos ámbitos de la vida de los ciudadanos, es también un problema que se sustenta en la matriz ideológica del gobierno




El Partido Republicano es heredero directo de dos tradiciones que entran en tensión con la administración del Estado: el antiestatismo de los economistas de Chicago y el gremialismo. Durante décadas se predicó que el Estado era el problema, que había que achicarlo, limitar su intervención y desconfiar de su capacidad técnica. La acción de los privados aparece en este discurso como la expresión misma de las bondades del mercado que administra de la mejor manera los recursos y las capacidades, ante un Estado lento y de un aparataje infinito de procedimientos engorrosos que traban la iniciativa individual. Se formaron economistas brillantes para administrar empresas, pero no necesariamente administradores públicos preparados para gestionar emergencias, enfrentar cuentas quebradas o conducir municipios.

Ese discurso funciona bien en tiempos de campaña electoral y en la tribuna parlamentaria, pero gobernar requiere de otras capacidades que cuesta ver en la acción del actual gobierno. Gestionar las consecuencias de un aluvión no se hace con principios abstractos: se hace con motobombas, conductos despejados, mallas instaladas a tiempo y funcionarios que sepan coordinar a Bomberos, Senapred y el Gobierno Regional.

Las críticas de un referente de la derecha como lo es o quiere ser Sebastían Sichel, apuntan a la orfandad absoluta que viven los gobiernos municipales ante este tipo de catástrofes, en donde deben operar con lo disponible y sin el apoyo operativo que debería desplegarse desde el gobierno central.  Esta situación abre una distancia entre la consigna ideológica y la realidad estatal, pero cuestiona el papel del Estado en el bienestar y protección de los ciudadanos, al parecer menos Estado no es el camino.

El gremialismo histórico, influido por la tradición de Chicago, tendió a mirar con desconfianza la política contingente, considerada excesivamente ideologizada. El resultado es un partido con pocos alcaldes que tengan experiencia en la gestión de desastres, pocos gobernadores y escasos cuadros que hayan pasado por la trinchera del Estado. Cuando se llega a La Moneda, esa carencia se hace evidente y notoria.

Desde el mundo republicano existe una escuela de crítica al Estado que, de pronto, se ve obligada a hacerlo funcionar. Y hoy estamos viendo las consecuencias: un verdadero desastre en la conducción de una emergencia que deja al descubierto el desencuentro entre el discurso y la ideología antiestatal y la necesidad de los ciudadanos por verse protegidos y apoyados desde el Estado. Esta brecha ya se hace más evidente en diversas encuestas que al consultar por el actuar del gobierno en la emergencia muestran desaprobación creciente ante la gestión del gobierno central.

Por eso aparecen estas grietas. No se trata únicamente de un error comunicacional entre un ministro y una alcaldesa, sino de la expresión de un modelo que no creyó en la necesidad de fortalecer lo público. Y eso será un problema para nuestro país de aquí en adelante.

Cuando el agua baja cargada de barro, los vecinos no quieren escuchar explicaciones sobre el tamaño óptimo del Estado. Quieren que la malla esté instalada y que los conductos funcionen. El propio ministro del Interior, Claudio Alvarado, exmilitante de la UDI, ha señalado que todo el aparato estatal está atento. Pero la atención no reemplaza la gestión, y la gestión requiere cuadros preparados, memoria institucional y una valoración del papel del Estado que el discurso republicano ha negado sistemáticamente.

El aluvión ha puesto a prueba al Estado. En definitiva, esta no es solo una emergencia provocada por un fenómeno climático y la acción irresponsable de los seres humanos en torno a la relación con la naturaleza, sino también una prueba de la capacidad del Gobierno para responder ante situaciones de esta índole cuando el propio presidente de la república en su campaña denostaba el actuar “ideologizado” de los ambientalistas dejando como corolario la frase “chao guías ambientales”. Pero esto es particularmente ideológico cuando el propio presidente José Antonio Kast y parte de su gabinete han manifestado escepticismo frente al cambio climático, llegando a negar sistemáticamente su ocurrencia e importancia.

Lo ocurrido en Las Condes expone esa debilidad y, hasta ahora, el Gobierno está perdiendo la prueba. No es casual que José Antonio Kast registre, según las encuestas, un 62% de rechazo. La ciudadanía no evalúa únicamente las ideas de un Gobierno, sino también su capacidad concreta para responder cuando más se necesita.

 

 

Fabián Bustamante Olguín. Académico del Departamento de Teología, Universidad Católica del Norte, Coquimbo.

Javier Romero Ocampo. Profesor de Historia y Geografía, Sociólogo y Psicólogo. Doctor en Estudios Americanos, especialidad Pensamiento y Cultura.

 

Autor



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Proceso en España a los crímenes de la dictadura

 Proceso judicial y antecedentes del caso Pinochet

Historia y litigio por la confiscación de El Clarín

 Entrevistas, escritos y discursos de Salvador Allende

 Fondos recuperados del caso Riggs destinados a víctimas de la dictadura

El Clarín de Chile · Aviso legal Privacidad Política de cookies
Danzai Software