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La humanidad en su evolución ha ido regulando su comportamiento a través de diferentes mecanismos que van creciendo y cambiando de acuerdo a su época. Las celebraciones y rituales colectivos han sido inventados y establecidos desde que el Homo Sapiens pensó y necesitó aprender a vivir en comunidad desde la prehistoria. Las fiestas desbordantes con excesos y locura desatada se han ido refinando y varias de ellas se han apegado a los poderes políticos o a la iglesia.

Tal es el caso de los Carnavales.

El origen de estas celebraciones paganas se remonta a más de 5.000 años atrás, como las sumerias y egipcias que luego fueron evolucionando a las Saturnales romanas y a las Dionisias griegas. El objetivo inicial era expulsar con alegría a los malos espíritus y los egipcios las consagraban al dios de la fertilidad: Apis. Festejaban el final del invierno con danzas, música, desenfreno, disfraces y máscaras para conservar el anonimato. Al llegar el cristianismo aceptó las fiestas paganas con excesos y las adaptó a los días antes de la cuaresma.

Se celebran en la misma fecha en casi todos los países con influencia católica. Es el inicio de la Cuaresma, es decir 40 días antes de la muerte de Cristo. Comienzan el primer domingo de noviembre de cada año con la preparación de varias actividades menores para culminar el Miércoles de Ceniza, después de una semana de jolgorio generalizado. El Vaticano ordenaba a sus fieles entrar en un periodo de purificación, austeridad y reflexión para vivir y sufrir la muerte y resurrección del Mesías. El lado pagano del hombre común necesitaba sentirse libre, en el pecado, las orgías y borracheras con música y danzas desenfrenadas para resistir los 40 días de orden y respeto que imponía el dogma de su fe, y la despedida de la carne (carnem levare), que estaba prohibido comer en todo ese periodo. Las Carnestolendas de la antigüedad fueron derivando en los carnavales actuales.




Es una celebración europea que fue muy bien recibida en América, traída por los conquistadores españoles y portugueses tomando otras características al mezclarse con las tradiciones africanas e indígenas. La aparición del Diablo como personaje festivo responde a cierta rebeldía del aborigen conquistado y esclavizado, que lo vio como un aliado al ser el enemigo de sus opresores y evangelizadores que le temían. Desde México hacia el sur, hasta la Patagonia, se trataba de enseñar e imponer la aceptación de la doctrina a través de los Auto Sacramentales, que eran pequeñas obras de teatro o sketchs donde se representaba el bien y el mal. Los indígenas en su mayoría se identificaron con el mal y así surgió la imagen del Diablo, representado en textiles, caretas y trajes de vivos colores, con agrupaciones de danzantes que se atrevían a desafiar el poder y las amenazas de los nuevos amos y patrones. El sincretismo fue la fusión de la religiosidad autóctona y la suplantación de rituales y divinidades originarias, ciclos agrícolas, fenómenos climáticos, etcétera, por dioses, vírgenes y santos llegados desde Europa, para aprovechar las manifestaciones de fe popular.

Carnaval y poder

Los carnavales de mayor relevancia con participación masiva en el mundo son los de Rio de Janeiro en Brasil, Oruro en Bolivia, Venecia en Italia, Dusseldorf y Colonia en Alemania, Dunkerque en Francia, Basilea en Suiza, Tilburg y Limburg en Holanda, Mardi Gras en Nueva Orleans y Seattle, Estados Unidos, entre otros. Sin embargo muchas ciudades y pueblos los han adoptado como un festejo popular en todo el planeta.

Aunque los poderes políticos, gobiernos y la iglesia católica tratan de regular sin conseguirlo la celebración desbordante, imponiendo leyes, restricciones, amenazas de castigos, multas y excomuniones, los excesos van en aumento, como una respuesta de rebeldía íntima y propia de las personas al orden establecido.

Cada año aumentan los interesados en participar en las comparsas, fraternidades y clubes que se preparan con anticipación para organizar el mejor festejo y competir en algunos casos ante un jurado (Verein) que premia a los sobresalientes. Se eligen las reinas, príncipes, princesas y un «rey feo», que ejercen su reinado con múltiples actividades sociales benéficas y de organización por todo un año.

Los carnavales en Europa se desvincularon de la influencia del poder que ejercía la iglesia para volver al paganismo y plantear una respuesta atrevida e inteligente a los excesos y aberraciones cometidas por los poderes políticos y seculares. Los carros alegóricos con gran espectacularidad y los miles de danzantes organizados con máscaras y disfraces representan, a manera de protesta y denuncia, la actualidad contingente. Los temas elegidos varían cada año y giran en torno a la pedofilia en el clero, el comportamiento torpe de Donald Trump o la lista de Epstein. Todo en un clima de alegría desbordante que se contagia a los participantes y espectadores.

El consumo excesivo de bebidas alcohólicas y otras sustancias estimulantes permitidas y prohibidas, se ha vuelto común en estos festejos para aumentar la euforia colectiva de quienes se involucran. El erotismo y la sensualidad en las danzas y público en general aflora de manera espontánea y flota en el aire de las fiestas. La vida normal se detiene durante los cuatro o cinco días que dura el evento, para aprovechar al máximo ese espacio de libertad emocional tan esperado por los trabajadores y la gente común cada año.

En Francia se bebe muy buen vino, además del diábolo flamand, un coctel tradicional preparado con alcohol mientras celebran el lanzamiento del arenque, un pescado de gran consumo en el norte del país. Niños y adultos se disfrazan con trajes alegres de fantasía y mascaras para el desfile carnavalero por las calles de Dunkerque.

En Brasil se bebe la cachaza, con la cual se prepara la caipiriña, que es un destilado de la caña de azúcar, también la cerveza, entre otros brebajes. En Rio de Janeiro entran los carros alegóricos ricamente adornados con flores y mucho colorido llevando a la reina del Carnaval por el Sambódromo, donde se instalan gigantescas graderías que albergan a miles de turistas y espectadores, al ritmo de las Escolas da Samba integradas por cientos de músicos interpretando temas con muchos pitos y percusión.

En Estados Unidos preparan los tragos con moonshine, un alcohol de cebada de 90 grados y mucho whisky bourbon que se producen en la zona de New Orleans. El jazz con bandas de bronces integradas mayormente por los músicos afrodescendientes invade la ciudad. En Seattle hay extensos viñedos y se bebe mucho vino blanco y tinto. En la zona de Freemont, hombres y mujeres completamente desnudos hacen una entrada en bicicleta con sus cuerpos pintados con diseños muy coloridos.

En Holanda la cerveza y el ginebra se consumen en grandes cantidades. Los disfraces carnavaleros en Tilburg son todos iguales. Una camisa azul con bufanda roja que recuerda a los antiguos campesinos.
La música compuesta especialmente para la ocasión consiste en canciones con contenido erótico de grueso calibre y generalmente se refieren con burla a la política o a la iglesia. Al sur del país, en Limburg los disfraces son todos diferentes para bailar libres con gran emoción por las calles de la ciudad.

En Colonia, Alemania, se celebra desde el siglo XV. Los juglares, trovadores, malabaristas, payasos y equilibristas invadían las calles y plazas contagiando alegría para invitar a los excesos. Se convirtió en una catarsis colectiva para liberar las tensiones.

La burla y la crítica social con disfraces ricamente elaborados se percibe al avance de los carros alegóricos que van lanzando caramelos, golosinas y regalos al masivo público asistente. Algunos reparten jabones, desodorantes, dentífricos y útiles de aseo. Los hombres que usan corbata son perseguidos y acorralados por grupos de alegres mujeres con tijeras que las cortan para guardarlas como trofeo.

Al sur del país, en Freiburg, Numberg y Basel, usan disfraces con demonios, seres malignos y paganos acompañados de bailes desenfrenados con ritmos de tambores y pitos. Culmina la fiesta con bailes de gala en grandes salones con orquestas y concurrencia masiva donde no faltan la cerveza ni otros destilados acompañados de las tradicionales salchichas.

En Italia se bebe mucho vino, cerveza y bebidas de todo tipo. El carnaval de Venecia es el más grande e importante del país. El desfile oficial hace su entrada por el agua. Por el Canale Grande las góndolas y demás embarcaciones son adornadas con mucho lujo, al igual que los trajes y atuendos de quienes participan, emulando a los antiguos soldados imperiales de la Edad Media con un claro estilo barroco.

La mofa burlesca a la actualidad contingente también está presente en la música, los disfraces y coreografías que se inventan cada año. Las marchas solemnes son la característica de las bandas en los desfiles. Por las noches se organizan bailes y fiestas de gala muy elegantes en los palacios señoriales y salones medievales para el público que puede costear los elevados precios del ingreso.

Carnaval de Oruro

En Bolivia se destila un alcohol potable de caña de azúcar de 96 grados también llamado pusitunga. Se lo utiliza para preparar tragos tradicionales de consumo popular, como el té con té (calientito) y la leche de tigre (sucumbé). También se bebe el chuflay, a base de singani que es un destilado de uva, de gran calidad, y por supuesto mucha cerveza Huari.

El Carnaval de Oruro es el más grande e importante del país y es el único que tiene un carácter devocional en honor a la Virgen del Socavón, patrona de los mineros. El mito precolombino de la Ñusta que salva al pueblo Uru Uru de las cuatro plagas enviadas por el Dios Huari para aniquilarlo, fue suplantado por la Virgen a la llegada de los conquistadores españoles.

Como en todo el mundo, comienza el primer domingo de noviembre con el Primer Convite, para dar inicio a las actividades y organización del Carnaval. Es la entrada de todas las fraternidades y conjuntos de danzantes en trajes de ensayo, acompañados de grandes bandas de bronces que recorren las calles de la ciudad hasta llegar al templo y postrarse a los pies de la Virgen del Socavón para renovar su promesa de seguir bailando.

A medida que se acerca la fecha de la semana del carnaval van en aumento la efervescencia y el entusiasmo de toda la ciudad, en especial de los danzantes agrupados en fraternidades y conjuntos folklóricos que intensifican sus ensayos hasta el Ultimo Convite que es como el ensayo general, un domingo antes de la entrada oficial.

La diversidad de danzas participantes representa a las distintas regiones del país, entre las cuales se destacan las morenadas, diabladas, caporales, tobas, pujllays, tinkus, llameradas, cuyaguadas, incas, suris sicuris, potolos, antawaras y más, todos agrupados en la Asociación de Conjuntos del Folklore Oruro (ACFO), organismo civil e independiente pero con fuerte influencia de la iglesia católica.

La intensidad del festejo va creciendo en los días previos, con los festivales de bandas y coreografías donde participan todos los músicos de viento y percusión que integran las numerosas agrupaciones musicales que acompañan a los danzantes.
Desde muy temprano en la mañana del jueves hace su entrada por la misma ruta del carnaval la Anata Andina, con todos los pueblos originarios y comunidades campesinas que llegan del área rural, vestidos con sus trajes típicos, bailando al ritmo de los instrumentos autóctonos que no paran de sonar hasta la noche.

El mismo jueves es de Comadres y lo celebran las mujeres que se organizan para salir bailando por las calles con disfraces libres al ritmo de alguna banda de música o de grupos autóctonos y terminar en una fiesta de gala con orquestas en algún salón o local de fiestas. La semana anterior es el jueves de Compadres y son los hombres quienes hacen lo mismo.

Desde la mañana del viernes se adornan todas las oficinas, negocios, empresas y lugares de trabajo con banderas, globos, serpentinas y mixturas para terminar quemando una ofrenda ritual en agradecimiento por la fuente laboral y sustento. Es la tradicional ch’alla de los trabajos.

La noche del mismo viernes ya es víspera del carnaval y se celebra la verbena. Las graderías están listas para la entrada del día siguiente y a lo largo de todo el recorrido por las calles se instalan puestos de venta, que ofrecen los tragos tradicionales y en algunos casos son animados por grupos de música autóctona, bandas de bronces, otros de jazz y rock que adornan la velada hasta casi el amanecer. Participan libremente miles de turistas y visitantes entusiastas llegados del interior y exterior del país.

El sábado en la mañana se inicia oficialmente la Entrada del Carnaval desde muy temprano, encabezada por las autoridades políticas y eclesiásticas. El obispo con sus monaguillos reparten bendiciones, el alcalde, gobernador y concejales saludan a la gente que se instala en los asientos de las graderías dispuestas en todo el recorrido hasta llegar a los pies de la Virgen del Socavón en el templo, que este año fue declarado Basílica Menor por el Vaticano. Detrás de esta comitiva vienen las agrupaciones de danzantes con sus bandas de música que inauguran la fiesta de acuerdo a un rol de entrada previamente establecido.

Este día fue declarado zona seca por la iglesia y llamado Sábado de Peregrinación para los devotos que deben guardar compostura, respeto y llegar sobrios al final del recorrido. Están prohibidas la venta y el consumo de bebidas alcohólicas durante todo el día, pero son muy pocos los que acatan dicha norma que fomenta el clandestinaje. Algunas fraternidades y grupos de danza han adoptado la Ñufla, que es la aceptación de beber un solo trago de licor puro y al seco en el momento de la partida. Los músicos no cumplen la normativa y algunos beben discretamente. La euforia va en aumento durante el día y entrando la noche el carnaval ya está desatado y no para hasta la amanecida.

El domingo no hay restricciones y dicen que el Diablo anda suelto. En desfile danzantes y músicos se suceden unos tras otros alterando el orden del día anterior. Las graderías están repletas de espectadores mientras los niños con ponchos de nylon en la pista juegan a tirarse espuma artificial enlatada. Antes se jugaba con agua y era común ver en las calles, plazas y escuelas las mojazones entre amigos y compañeros.

Fue prohibido argumentando el desperdicio y la escasez del agua, para reemplazarlo por la espuma sintética que se debe comprar a buen precio provocando escasez en los bolsillos. Los delincuentes y maleantes que nunca faltan, aprovechando las aglomeraciones, fingen alegría carnavalera para cubrir con espuma los ojos y la cara de sus víctimas que mientras están cegados son despojados de sus celulares, billeteras y demás pertenencias a la vista y presencia de todos.

Entre los conjuntos folklóricos, fraternidades y grupos participantes del domingo, existe uno que no aparece en los roles oficiales de entrada. No está afiliado a la ACFO ni cumple las restricciones que impone la iglesia. Son los rebeldes e insolentes de la fiesta. Es la Diablura Chilena (SOGABE) que desafía todas las normas de compostura en actitud irreverente y grotesca. Este año 2026 cumplió 50 años de ininterrumpida participación en los Carnavales de Oruro. Nació en un barrio alejado del centro, entre las calles Soria Galvarro y Belzu, cercano a la plaza de La Ranchería.

Un grupo de vecinos, amigos y estudiantes universitarios se organizaron para protestar y burlarse de las diabladas chilenas que bailan en la fiesta de La Tirana, un pueblo con santuario en honor a la Virgen del Carmen, situado al interior de Iquique Chile. La música y coreografías que utilizan los diablos chilenos en sus danzas son totalmente diferentes a las bolivianas y se les ve como chistosos. Consideran que es una apropiación indebida de una expresión netamente boliviana, a pesar de que se reconoce el origen orureño de la danza. La crítica burlesca va dirigida principalmente a la iglesia que ejerce un poder desmedido a todos los bailes que participan cada año en La Tirana. Justifican las severas restricciones argumentando que es una fiesta religiosa y no es carnaval. El consumo de alcohol está prohibido durante toda la fiesta y los infractores son detenidos y multados. Los lugares clandestinos de venta y consumo de cerveza, vinos y licores se instalan secretamente en todo el pueblo.

A las bailarinas se les prohíbe el maquillaje, también pintarse los labios, las uñas, masticar chicle, sonreír y bailar con movimientos sensuales. Las polleras cubren un calzón tipo bombacha con varias enaguas y no puede subir a más de 10 centímetros de la rodilla. Una monja con hábito gris se pasea con una regla de madera en la mano y es la encargada de medir y sancionar a las infractoras. Le llaman la Hermana Francisca y habla con acento extranjero. Los castigos son multas y prohibición de bailar.

Las bandas están restringidas a 20 músicos de viento y limitados aun mas para entrar tocando al templo. Hace algunos años llegó un baile de morenada desde Antofagasta, muy bien organizado y con trajes hermosos, con la intención de participar en la fiesta. Se les prohibió bailar y fueron expulsados del pueblo, argumentando que entre sus componentes había prostitutas y homosexuales. El mismo obispo que aplicaba las sanciones años después fue acusado de abusos sexuales y es conocido el escándalo que protagonizó una noche, por las calles aledañas al obispado de Iquique, al perseguir gritando y llorando a su joven y apuesto amante que se escapaba. Se dice que actualmente está recluido en un convento de Lima, Perú protegido por la iglesia, cuando debería estar preso en una cárcel común.

La Inquisición se ha renovado y sigue aún vigente.

La Diablura Chilena es la única agrupación irreverente en el Carnaval de Oruro que se atreve a denunciar de manera directa, insolente y divertida, los hechos aberrantes de la contingencia actual.
Los disfraces bordean lo grotesco y son bastante libres. Algunos hombres se visten de mujer, con pelucas desgreñadas de distintos colores, y el maquillaje exagerado de los labios y ojos es una mofa de lo que ocurre en La Tirana. Las polleras son cortas con las piernas peludas, las tetas prominentes y nalgas abultadas hechas de globos inflados, con miradas sugerentes y movimientos sensuales que cada cual improvisa. Todo en un clima de mucha risa a carcajadas y alegría desatada. Los bailarines más osados se trepan por los pilares metálicos de los toldos en las graderías y hacen el baile erótico del caño. De vez en cuando se levantan la pollera para mostrar literalmente el poto a los espectadores, provocando aplausos y ovaciones generalizadas. Como no hay restricciones, el consumo de alcohol es libre y al llegar a la plaza ya están casi todos borrachos. El público apostado en las graderías también. Y así continúa el jolgorio hasta el amanecer.

A las agrupaciones de danzantes con sus bandas de música que van entrando una tras otra al final del recorrido no se les permite ingresar a la explanada frente a la iglesia el domingo y son desviadas por una calle aledaña para su desconcentración. Es que el Diablo anda suelto y desenfrenado promoviendo el desorden y los excesos.

Dicen que Carnaval sin aventuras no es Carnaval.

Victoruro Sepúlveda
Chusakeri, Bolivia, Febrero 2026

Las opiniones vertidas en esta sección son responsabilidad del autor y no representan necesariamente el pensamiento del diario El Clarín

 



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